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Trump y el movimiento sindical, más allá de los daños inmediatos (3)

Donald Trump
Escrito por Debate Plural

Dan La Botz  (Sinpermiso, 23-3-18) 

 

La estrategia laboral de Trump

La estrategia laboral de Trump es astuta. Ha presentado un programa para ganar el apoyo de un sector de trabajadores altamente cualificados, en su mayoría blancos, al mismo tiempo que ataca a los sindicatos que representan a muchos más trabajadores negros, latinos y mujeres. Es una estrategia destinada a consolidar su base, dividir y debilitar el movimiento obrero. La reunión de Trump con representantes de los trabajadores de la construcción en su primer día en el cargo fue un golpe publicitario. Les contó a los dirigentes sindicales sus planes de grandes proyectos de infraestructura: carreteras, puentes, y, por supuesto, el muro fronterizo.

Los líderes sindicales elogiaron a Trump. Sean McGarvey, presidente de los Sindicatos de la construcción de América del Norte, sonaba como Trump al afirmar que había sido “una reunión increíble”, la mejor que “nunca habían tenido en Washington.” “Tenemos un vínculo común con el presidente”, dijo Garvey. “Venimos de la misma industria. Trump entiende el valor de impulsar el desarrollo, de incorporar a la gente a la clase media”. El Presidente de los Teamsters, James P. Hoffa, cuyo sindicato respaldó a Hillary Clinton, también ha alabado a Trump. Muchos camioneros trabajan en la construcción, conduciendo camiones volquete, camiones de cemento, o entregando vigas de acero a los lugares de trabajo. Los Teamsters han elogiado a Trump por lo que ellos llaman su “objetivo común” de proyectos de infraestructura.

Hoffa también alabó a Trump por sacar a Estados Unidos del acuerdo comercial de la Asociación Trans-Pacífico: “Con esta decisión, el presidente ha dado el primer paso para corregir treinta años de malas políticas comerciales que han costado a los estadounidenses que trabajan millones de empleos bien remunerados”. Hoffa declaró a Fox News, “Hemos hablado de modificar el TLC, y nadie lo hacía. Se puede hacer, y aplaudo al presidente por ser tan audaz como para decir que sólo tenemos que denunciarlo y negociar uno nuevo. No hay precedentes. Pero es lo que realmente hay que hacer”. Los camioneros también quieren que Trump modifique la cláusula del TLC que permite a los camioneros mexicanos cruzar la frontera con Estados Unidos.

Curiosamente, a pesar de que Hoffa y los camioneros han elogiado a Trump, permanecen activos en el Partido Demócrata, donde han endosado a Keith Ellison de Minnesota, candidato del “ala Bernie Sanders” del Partido Demócrata, para la presidencia del Comité Nacional Demócrata. Las posturas contradictorias de los Teamsters sobre estos temas son compartidas por muchos otros sindicatos.

Aunque Trump prometió a los dirigentes de los sindicatos de la construcción  lo que querían escuchar, puede que los defraude. La plataforma del Partido Republicano de 2016 incluía la derogación de la Ley Davis-Bacon de 1931, que requiere que los proyectos de obras públicas paguen los salarios locales predominantes (en general fijados en los convenios colectivos sindicales), una ley que ha sido clave para mantener los ingresos de los trabajadores de la construcción. Cuando McGarvey preguntó a Trump sobre la Ley Davis-Bacon, el presidente se negó a comprometerse en su defensa. Si la Ley Davis-Bacon fuese revocada, el impacto en los trabajadores de la construcción sería desastroso. Sólo unos días después de la reunión con Trump, el senador Jeff Flake de Arizona presentó un proyecto de ley para suspender la aplicación de la Ley Davis-Bacon en los proyectos de carretera federales.

Trump también afirma que es un amigo de la industria del carbón y de los mineros del carbón. Una vez elegido prometió eliminar las restricciones a la producción de carbón. Hablando el 9 de octubre en el este de Kentucky, en la región del carbón, Scott Pruitt, director de la Agencia de Protección Ambiental, anunció con aplausos de los ejecutivos de las compañías de carbón que “la guerra contra el carbón ha terminado” y que su agencia pondría fin al Plan de Energía Limpia de Obama, adoptado para proteger el medio ambiente y la salud humana.  [ 19 ] Pero Trump y Pruitt pueden no cumplir sus promesas de más puestos de trabajo en el carbón: muchas empresas ya han cambiado a las energías eólica, solar o el gas natural. Aún así, las plantas energéticas, ya sean de combustión de carbón o gas, siguen contribuyendo al cambio climático, perjudicando la salud de los niños, y empeorando problemas de salud como el asma. Y la producción de carbón que apoyan es peligrosa para el planeta y todos sus habitantes, no sólo por el calentamiento global, sino también por provocar un clima más extremo. El anuncio de Pruitt llegó justo después de los huracanes Harvey, Irma, Maria, y Nate en Texas, Louisiana, Florida y Puerto Rico, en una temporada de tormentas sin precedentes que algunos científicos creen que esta causada por el cambio climático. Pero aunque no se creen muchos puestos de trabajo en el carbón, a corto plazo la promesa de Trump de recuperar puestos de trabajo en el carbón es un problema para el presidente de la AFL-CIO, Richard Trumka en su propio sindicato, los Trabajadores de Mina Unidos.

Trumka, que apoyó a Hillary Clinton y se opuso a Trump por su programa intolerante, racista, sexista y anti-sindical, cambió de parecer inmediatamente después de la elección de Trump. En un comunicado enviado por correo electrónico a la prensa, Trumka dijo que la AFL-CIO aceptaba el resultado de las elecciones y ofrecía a Trump “nuestras felicitaciones”. La estrategia de cortejar a los sindicatos de la construcción de Trump parece haber neutralizado efectivamente a la AFL-CIO, la mayor y más importante organización sindical del país. Trumka parece no atreverse a desafiar a Trump directamente por temor a perder el apoyo de sindicatos y afiliados, una buena parte de los cuales votaron por Trump.

Trumka dijo a los medios que la elección fue un referéndum “sobre el comercio, sobre la recuperación de la industria manufacturera, sobre nuestras comunidades”. Y añadió: “Vamos a trabajar para hacer realidad muchas de esas promesas. Si Trump está dispuesto a trabajar con nosotros, en consonancia con nuestros valores, nosotros estaremos dispuestos a trabajar con él.”No es sorprendente que Trumka visitase al presidente pocos días después de las elecciones y afirmase que había tenido una ‘conversación productiva’. La incapacidad del dirigente de la mayor organización sindical del país de criticar a Trump desde el principio fue muy decepcionante para muchos en el movimiento obrero, a pesar de que se opondría a algunos de los nombramientos de Trump.

Trumka, por ejemplo, trabajó contra la designación de Andrew Puzder, el ex director general de una franquicia de comida rápida, como ministro de Trabajo, diciendo: “Está en contra de aumentar el salario mínimo. … Se opone a la reforma de la ley de tiempo del presidente Obama. Desprecia los problemas de discriminación laboral. [Puzder] parece cómodo reforzando estereotipos negativos sobre las mujeres, y podría seguir…”

Habilmente, Trump nombró a Trumka miembro de su Consejo de Negocios, lleno de ejecutivos multimillonarios y billonarios empresariales. El líder de la AFL-CIO aceptó el puesto y lo ejerció durante meses. Trumka sólo dimitió del Consejo después de que varios dirigentes empresariales renunciasen tras la negativa de Trump a condenar la manifestación de la extrema derecha, el Klu Klux Klan, y los grupos nazis en Charlottesville. Trumka escribió en un artículo de opinión en el New York Times

“Por desgracia, cada día que pasa, se ha hecho evidente que el presidente Trump no tiene intención de cumplir sus compromisos con los trabajadores. Más preocupante aun, sus acciones y retórica pueden dejar unos EE UU peores y más divididos. Por estas razones, ayer dimití del Consejo del presidente, que el presidente ha disuelto hoy tras una serie de renuncias”.  [ 20 ]

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