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Trump y el movimiento sindical, más allá de los daños inmediatos (1)

Escrito por Debate Plural

Dan La Botz  (Sinpermiso, 23-3-18)

 

Los trabajadores vivimos en tiempos sombríos. Cuando la presidencia Trump termine dentro de cuatro años, si lo hace, es posible que no tengamos ya un movimiento sindical organizado. Como uno de mis colegas, Ed Ott, del Instituto Murphy, de la escuela de relaciones laborales de la Universidad de Nueva York, me dijo: “Estamos en el principio del fin en EE UU del movimiento sindical desarrollado en co-gestión con el capital”. Se acaba una época. Los sindicatos y la negociación colectiva van a ser barridos, y con ellos las instituciones que nos han protegido en el lugar de trabajo y nos han proporcionado un mínimo de seguridad en el empleo, salarios dignos, seguros de salud y pensiones.  [ 1 ]

El Presidente Donald Trump y el Congreso republicano, así como los republicanos en las legislaturas estatales y en los tribunales, están planeando un ataque frontal para aniquilar el movimiento sindical estadounidense. Este ataque a los sindicatos, sin embargo, es sólo una parte de un ataque más amplio contra los trabajadores en general. La administración Trump no sólo amenaza a los sindicatos, sino que también está destruyendo la red de seguridad social, restringiendo el derecho de voto, y penalización a gran parte de la población inmigrante. Al mismo tiempo, la retórica racista de Trump anima y exacerba las tensiones raciales y religiosas en la sociedad, fomentando la violencia de la derecha, mientras que su lenguaje misógino degrada a las mujeres y las hace, también, más vulnerables a la discriminación y el maltrato.

La cúpula sindical de Estados Unidos ha demostrado ser incapaz durante las últimas cuatro décadas de resistir este asalto implacable, tanto económica como política, contra los sindicatos, ni ha proporcionado un liderazgo a la clase obrera en su conjunto. Nada ilustra mejor el patético estado de los trabajadores sindicalizados que su incapacidad para solidarizarse, y movilizar en apoyo de los movimientos de los trabajadores y oprimidos como Occupy Wall Street y Las Vidas Negras Importan. Sólo un puñado de sindicatos se han enfrentado a los patrones, los republicanos, y Trump. Y aun menos han sido los que han cuestionado la dirección del Partido Demócrata neoliberal o tenido el valor de intentar crear una nueva alternativa política.

El sol se pone para los sindicatos. El movimiento sindical que hemos conocido está siendo exterminado, mientras que todavía no ha surgido un nuevo movimiento obrero. Vamos a tener que desarrollar nuevas formas de lucha, y sólo sabremos cuales son cuando nos vemos obligados a crearlas. Vamos a tener que hacer salir el sol de nuevo, y no lo conseguiremos solo rezando. Vamos a tener que organizarnos y luchar, aprender de los movimientos sociales y desarrollar nuestra propia dirección política independiente.

¿Dónde nos encontramos en la actualidad?

Para construir un nuevo futuro, debemos entender nuestro pasado reciente y el presente. Vamos a comenzar con la situación objetiva de los sindicatos en la actualidad. La afiliación sindical estadounidense está en su punto más bajo desde la década de 1920, y una serie de proyectos de ley ante el Congreso y las legislaturas estatales, así como de casos en los tribunales, sugieren que en los próximos años los sindicatos se enfrentan a la posibilidad de su extinción virtual. En 2016 los Estados Unidos tenían 14,6 millones de afiliados sindicales, que representaban sólo el 10,7 por ciento de todos los trabajadores en Estados Unidos, mientras que en 1983 había 17,7 millones de trabajadores sindicados, o el 20,1 por ciento de la población activa. A mediados de la década de 1950, el 35 por ciento de los trabajadores pertenecían a los sindicatos. Entre los trabajadores del sector público, en la actualidad el 34,4 por ciento están sindicalizados, en comparación con sólo el 6,4 por ciento en el sector privado.  [ 2 ] La mayoría de los trabajadores nunca han participado en una huelga, no han asistido a una reunión del sindicato, y en las elecciones recientes para la dirección de los Teamsters, sólo el 19 por ciento de los afiliados votaron por correo. Para muchos trabajadores, los sindicatos han dejado de ser relevantes.

A pesar de algunos esfuerzos de organización muy publicitados, por ejemplo entre los trabajadores del automóvil en el Sur, los sindicatos no han sido capaces de cambiar de rumbo. Las campañas de United Auto Workers en Volkswagen y Nissan fracasaron; los organizadores no fueron capaces de construir un sindicato real en los talleres, y los trabajadores nunca tuvieron garantías  de que podían ganar sin arriesgar sus puestos de trabajo.  [ 3 ] Además de los sindicatos habituales, hay docenas de centros de trabajadores en los Estados Unidos que agrupan a los trabajadores inmigrantes, la mayoría de ellos latinos y muchos de ellos indocumentados, en organizaciones para ayudarles a proteger sus derechos laborales y mejorar sus condiciones de trabajo.  [ 4 ] Estas organizaciones tienen miles de miembros y hacen un trabajo muy importante, que no tienen el peso y la fuerza de los sindicatos.

No sólo el número de trabajadores organizados es el menor de los últimos cien años, sino que los sindicatos también convocan muchas menos huelgas. En 2016, hubo sólo 15 grandes paros en los que participaron un total de 99.000 trabajadores. Durante las últimas cuatro décadas los grandes paros se redujeron en aproximadamente un 90 por ciento. El período 2007-2016 fue la década con el menor número de huelgas, con un promedio de aproximadamente 14 grandes paros por año. El año con menos huelgas, cinco, fue 2009.  [ 5 ] Mientras que algunas huelgas importantes han inspirado al movimiento obrero y proporcionado modelos de organización, estrategia y lucha, como la huelga de los maestros de Chicago de 2012 y la huelga de los trabajadores de las comunicaciones de 2016, no ha habido una importante ola de huelgas en los Estados Unidos desde 1970-1971.

En la última década, los sindicatos de Estados Unidos han adoptado algunas nuevas estrategias de organización para los grupos de trabajadores con salarios bajos. La más destacada de estas campañas ha sido la “lucha por los 15$”, respaldada por sindicatos como la Unión Internacional de Empleados de Servicio y los Trabajadores Comerciales y de Alimentos Unidos. Las manifestaciones de protesta, acciones simbólicas locales y las huelgas ocasionales a pequeña escala, combinadas con el cabildeo y las propuestas legislativas han ganado para los trabajadores unos 62 mil millones de dólares en aumentos en la última década, de acuerdo con un informe del National Employment Law Project.  [ 6 ] Lo que está muy bien, aunque los salarios siguen siendo demasiado bajos. Y, lo más importante, la campaña no ha sido capaz de organizar a cientos de miles de trabajadores de bajos ingresos en los sectores de comida rápida, hostelería y el comercio minorista.

Los ataques legales, legislativos y administrativos

El derecho de los trabajadores a organizar sindicatos está bajo ataque en los tribunales, en el Congreso y en las legislaturas estatales.  [ 7 ] La antisindical Fundación Nacional para la Defensa Legal del Derecho al Trabajo pidió al Tribunal Supremo dictaminar en el caso Janus v. AFSCME, lo que podría acabar con capacidad de los sindicatos de recolectar ‘gastos de representación’ a veces llamados ‘honorarios de cuota’. Los conservadores argumentan que los sindicatos obligan a los trabajadores a apoyar financieramente causas políticas con las que no están de acuerdo, por lo que violan sus derechos a la libertad de expresión. En la actualidad, los trabajadores pueden negarse a afiliarse a un sindicato en su lugar de trabajo en el sector público, pero deben pagar una cuota de representación al sindicato. Son las cuotas de los afiliados y los gastos de representación de los no afiliados los que proporcionan a los sindicatos los recursos para comprar o alquilar un local para el sindicato, para contratar personal, y para llevar a cabo sus actividades. Si el Tribunal Supremo confirma el dictamen del caso Janus, muchos sindicatos de empleados públicos no solo perderán los honorarios de los no afiliados, sino también, posiblemente, una desafiliación de sus miembros.  [ 8 ]

Los derechos sindicales tanto en el sector público como el privado también están siendo atacados en el Congreso. Los conservadores en el Congreso han presentado un proyecto nacional de ley sobre el “derecho al trabajo” que “prohibe, a escala nacional, cualquier convenio colectivo  que establezca el pago de cuotas sindicales obligatorias”.  [ 9 ] Según la National Law Review:

“La Ley Nacional de Derecho al Trabajo probablemente tendrá efectos devastadores para los trabajadores organizados, disminuyendo drásticamente los ingresos de los sindicatos y las tasas de sindicación, particularmente en los estados que ya tienen una afiliación sindical baja y menos apoyo histórico a los sindicatos. Los estudios demuestran que existe una correlación directa entre la aprobación de leyes de derecho al trabajo y la caída de la afiliación sindical. Según el Bureau of Labor Statistics, de los 27 estados con la afiliación sindical por debajo de la media nacional en 2016, casi todos son estados con leyes sobre el derecho al trabajo, llegando a la bajísima tasa del 1,6 por ciento en Carolina del Sur”.  [ 10 ]

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