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Una llamada esperanzadora: Trump felicita a Putin

Escrito por Debate Plural

Alfredo Jalife (Sputnik, 22-3-18)

 

La llamada entre Putin y Trump incluyó los contenciosos de Ucrania, Siria y Corea del Norte, además de la carrera armamentista, donde Putin se encontró en el dilema shakesperiano de incrementar el gasto militar al que obliga una estéril carrera armamentista o una mayor inversión económica.

El zar Vlady opta por mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos en Rusia.

Después de su apabullante triunfo con casi el 77% de los votos, el zar Vlady Putin envió un mensaje magnánimo y en forma subliminal a su homólogo Trump al insistir en que no estaba interesado en una «carrera armamentista» y estaba dispuesto a «recortar el gasto militar», 18 días después de desplegar sus «invencibles armas nucleares».

Ante el dilema shakesperiano de un mayor gasto militar al que obliga una estéril carrera armamentista o incrementar la inversión económica, el zar Vlady Putin opta por mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos en Rusia, que ha sufrido asfixiantes sanciones y que —pese a ello— ha podido crecer debido a su complementariedad geoeconómica y militar con China.

Hoy, Alemania, la principal potencia geoeconómica de la Unión Europea ya sin el Reino Unido, se encuentra prácticamente empatada en el sexto lugar con Rusia en el PIB medido por el poder adquisitivo (Power Purchasing Parity), según datos del World Factbook de la CIA.

Con su nueva panoplia de armas nucleares «invencibles», el presidente ruso de 65 años de edad, que descolgó otros seis años en el poder, se puede dar el lujo de cesar la carrera armamentista con EEUU —que en la década de los ochenta llegó a desangrar a Rusia— para enfocarse en «arreglar las diferencias con Occidente por la vía diplomática».

De hecho, el impactante anuncio de las nuevas armas nucleares «invencibles» de Rusia fue la respuesta en un lapso de dos meses tanto a la Seguridad Estratégica Nacional de EEUU de diciembre de 2017 como a la Revisión de la Postura Nuclear del Pentágono, en febrero.

El espectacular anuncio de las armas supersónicas rusas capaces de horadar cualquier tipo de defensa de EEUU en cualquier parte del mundo llevó a las relaciones a niveles no vistos desde la Guerra Fría en medio del tóxico Russiagate y los conflictos de Ucrania y Siria, sumados ahora al montaje británico del envenenamiento del desertor exespía ruso Serguéi Skripal.

De allí que la llamada inesperada del presidente Trump cobre un relieve trascendental. No importa que haya sido con dos días de retraso al triunfo aplastante del presidente Putin.

Tampoco importa que haya sido un día más tarde a las cálidas felicitaciones del mandarín Xi Jinping, ahora reelegido como presidente vitalicio por su Asamblea.

El claro mandato obtenido en las urnas por el presidente Putin, de acuerdo a los analistas chinos, refuerza las «sólidas fundaciones de su relación bilateral».

Es probable que el presidente Trump no haya querido quedarse aislado ante el reforzamiento de las relaciones de China y Rusia, y se haya decidido a congratular al presidente Putin por su reelección.

En referencia a su llamada, Trump comentó que abordaron los contenciosos de Ucrania, Siria y Corea del Norte, además de la carrera armamentista, por lo que es probable que los dos mandatarios se reúnan en «un futuro no lejano», según sus propias palabras.

Lo más relevante es que Trump comentó la magnánima llamada al reelegido Putin después de haber recibido al príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman, al que dijo que «una carrera armamentista no es una gran cosa» ya que EEUU «gasta US$700,000 millones este año en el rubro militar».

Los funcionarios del Pentágono pretenden que EEUU se mantenga delante de Rusia y China, mientras Trump se jacta de que su país «permanecerá como el país más fuerte de lejos del mundo».

El presidente reconoce que «la carrera armamentista se está saliendo de control» y declaró que Rusia y EEUU compartían «esfuerzos para mantener la estabilidad estratégica» —léase: que ninguno de los dos supere al otro en materia geoestratégica—, además de «combatir el terrorismo internacional».

Se trata de una de las mejores noticias para el género humano a inicios del siglo XXI: limitar una nueva carrera armamentista entre las superpotencias.

Fue más que normal que el súper-halcón John McCain, pese a su enfermedad terminal y encontrarse en silla de ruedas, haya arremetido contra la llamada a la esperanza y a favor de la paz que realizó Trump a su homólogo ruso.

Como es su costumbre pugnaz, el desorbitado senador McCain —humillado ya en una elección presidencial por Obama— tildó a Putin de «dictador» y la elección de «impostura». McCain no sabe perder.

El polémico senador McCain —quien en una ocasión se puso a cantar y a bailar en forma grotesca con el tema de ‘Bombardear, bombardear, bombardear Irán’ —, más que adoptar posturas contradictorias, exhibe una patente esquizofrenia política cuando hace 6 años no chistó por la llamada de felicitación de Obama a Putin por su triunfo, que recibió en ese entonces un menor apoyo que ahora.

La mayor parte de los sesgados medios de EEUU, netamente anti-Trump, quedó catatónica ante la llamada esperanzadora al presidente Putin, como es el caso del New York Times que, en lugar de poner en relieve el objetivo de recortar la carrera armamentista y mantener el equilibrio estratégico entre las dos máximas superpotencias nucleares del planeta, se sigue enfocando al Russiagate y a los escándalos eróticos de Trump, ahora sumados a las peregrinas imputaciones del envenenamiento del desertor exespía ruso Serguéi Skripal.

En forma asombrosa, la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, sentenció que la Administración Trump no tenía por qué «dictar cómo los otros países operan» en sus elecciones y se mofó de la investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre los supuestos lazos de la campaña de Trump con Rusia que pudieron haber afectado los resultados en 2016, lo cual se ha vuelto la obsesión cacofónica del Partido Demócrata y de los enemigos de Trump en el seno del Partido Republicano, como el nepotismo dinástico de los Bush.

Los escollos al loable acercamiento de Trump y Putin son numerosos a nivel doméstico —el Deep State compuesto por los Bush, los Clinton, Obama y varios servicios de espionaje como el FBI, contra quien Trump sostiene un pleito feroz, y gran parte de la CIA—. Mientras que a nivel exterior, en particular, se trataría de las maniobras del Reino Unido que no desea quedar aislada después de su Brexit. Esta voluntad se puede ver desde el montaje del Russiagate por el espía británico Christopher Steele hasta los alegatos de la primer ministra Theresa May sobre el supuesto agente neurotóxico ruso que envenenó al desertor exespía Serguéi Skripal.

No solamente se han tensado las relaciones de EEUU y Rusia en los teatros de batalla de Ucrania y Siria, sino que Trump ha llegado al borde de una colisión con Corea del Norte, que ostenta 18 kilómetros de frontera con Rusia, e Irán, en la frontera de Rusia en el mar Caspio, donde la cooperación de las dos superpotencias puede resultar benéfica para la paz mundial.

El mes de mayo será clave para la operatividad de las relaciones entre Trump y Putin cuando el polémico presidente estadunidense deba decidir el 12 de mayo la vigencia del acuerdo nuclear del P5+1 (los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania) en un contexto en el que EEUU sufre poderosas presiones de su mejor aliado, el primer Bibi Netanyahu, para su rechazo.

Asímismo, en el fatídico mes de mayo, quizá a finales, Trump aceptó una invitación para reunirse con el mandatario norcoreano Kim Jong-un en la capital del país, Pyongyang, donde convergieron los esfuerzos diplomáticos de Corea del Sur, China y Rusia.

¿Será capaz Trump de visitar a Putin en el Kremlin?

Por cierto, el presidente Putin será recibido este año en China con todos los honores tras su investidura.

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