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¿Por qué Vietnam sigue siendo importante? (V)

Escrito por Debate Plural

Matthew Stevenson (Rebelion. org, 14-3-18)

 

En este viaje a Vietnam pasé gran parte de mi tiempo en busca del elusivo personaje de John Paul Vann, el sujeto de la premiada historia de Neil Sheehan A Bright Shining Lie [Una brillante y luminosa mentira]El libro, de alrededor de 800 páginas, se publicó en 1988, y recoge la historia del servicio de Vann en Vietnam, donde empezó a servir en 1962, con el grado de teniente coronel, como asesor de una división vietnamita en el delta del Mekong.

Aunque Vann se retiró del ejército en el verano de 1963, no pudo dejar de lado el país ni la guerra, por lo que volvió allí para trabajar como experto en pacificación civil y otras responsabilidades hasta junio de 1972.

Murió en un accidente de helicóptero justo después de la batalla de Kon Tum, en la que como oficial del servicio exterior de más alto grado había estado al frente de las fuerzas estadounidenses.

Entre una y otra fecha, como se explica en la magistral biografía de Sheehan, Vann se convierte en una metáfora de todas las promesas y decepciones de la intervención estadounidense en Vietnam.

Vann nunca dejó de creer que la guerra podía ganarse, pero estaba en total desacuerdo con tipos como Robert McNamara y el general William Westmorland en que una guerra de desgaste pudiera tener éxito tanto contra el Viet Cong como contra el ejército regular norvietnamita.

La “brillante y luminosa mentira”, dependiendo del capítulo del libro, se refiere a la ilusión de EE. UU. respecto a Vietnam o a la del propio John Paul Vann, quien, a pesar de su apariencia de boy scout y su almidonado uniforme caqui, permite que los quebrantos de la guerra tapen una vida personal depravada (amantes menores de edad, hijos ilegítimos, bigamia, abandono de su familia estadounidense, etc.).

Vann murió varios días después de conseguir una magistral victoria en 1972 sobre el ejército norvietnamita en la batalla de Kon Tum, una de las grandes victorias de la guerra, aunque en cuestión de meses hubo que ceder Kon Tum a cambio de un bocado mediático en las conversaciones de paz de París, para que Nixon y Kissinger pudieran presentarse a la reelección tras haber “puesto fin” a la guerra de Vietnam.

Una visita a Ap Bac en el delta del Mekong

Leí la historia y biografía de Sheehan en el invierno de 1993, cuando viajé a Hanoi por primera vez, pero fue sólo en mis últimos viajes, cuando llegué a Ap Bac, el sitio donde tuvo lugar la batalla de 1963, en el delta del Mekong, cuando pude sentar las bases para comprender gran parte de la amargura de Vann respecto a la guerra.

En esa batalla, las fuerzas vietnamitas a las que Vann asesoraba tuvieron la oportunidad de rodear y aniquilar un batallón de fuerzas del Viet Cong que había decidido hacer una parada cerca de una aldea (a la orilla de un arrozal), fuera de la ciudad de My Tho, en el delta.

[Si tratan de llegar allí, lo que les recomiendo, Ap Bac está a unos 80 kilómetros al suroeste de Ciudad Ho Chi Ming o a 25 kilómetros al noroeste de My Tho, es que vayan por caminos rurales y carreteras sin asfaltar hasta el norte de la autopista QL1A, donde puede dejarles el autobús que va a Vinh Long. En el lugar hay un pequeño museo, aunque su personal no tiene ni idea de la batalla.]

Vann contó, para la batalla y sus soldados survietnamitas, con el respaldo de helicópteros de combate estadounidenses y semiorugas anfibias, que apoyaron el ataque de la infantería a través de un extenso arrozal (véase foto inicial). Pero Vann no pudo librar la batalla por sí solo, y sus soldados survietnamitas convirtieron una potencial victoria en una humillante derrota.

En los combates de Ap Bac se derriban varios helicópteros estadounidenses, se eluden los ataques contra el Viet Cong y se permite que el enemigo escape. Vann está furioso y deja ver su frustración frente a la prensa estadounidense en Saigón, incluido Sheehan, el primer testigo de las acciones posteriores a los combates. Pero ni la postura de Vann ni la de Sheehan respecto a la batalla –el fracaso survietnamita- fue lo que se reprodujo en las informaciones de prensa.

El comandante local estadounidense, el general Paul Harkins, el resto de jefazos militares estadounidenses en Vietnam y la administración Kennedy decidieron todos cerrar filas y proclamar que Ap Bac había sido una gran victoria para el ejército survietnamita. Según cuentan esos relatos de guerra, se confirma la nobleza de la ayuda estadounidense en Vietnam y el coraje de nuestros aliados, aunque muy pocos de ellos se habían enfrentado al enemigo en Ap Bac.

Sin embargo, cuando los periodistas estadounidenses, incluido Sheehan, visitan después el campo de batalla y cuestionan la ausencia de enemigos muertos o la presencia de helicópteros derribados yaciendo de costado sobre la tierra, se les denuncia por ayudar y ser cómplices del enemigo y por no seguir el ritmo de las tonadas de las marchas patrióticas.

En realidad, Ap Bac significó algo más en la guerra de Vietnam que una mera oportunidad perdida para rodear un batallón enemigo vulnerable.

Cuando el ejército y el establishment político de EE. UU. (lejos de los titulares optimistas) evaluaron la actuación del ejército survietnamita, llegaron a la conclusión de que la única vía para ganar la guerra iba a ser la implicación directa de las fuerzas de combate estadounidenses.

Ap Bac –casi más que los encuentros navales de bandera falsa en el Golfo de Tonkin- echó la suerte de las administraciones Kennedy y Johnson al emprender una guerra directa contra Vietnam del Norte y el Viet Cong. Se decidió entonces que la lucha sólo podría ganarse con una implicación directa estadounidense.

En las palabras delirantes del aspirante a político Ronald Reagan, quien en 1965 dijo: “Deberíamos declarar la guerra contra Vietnam del Norte… Podríamos pavimentar todo el país y poner vallas de estacionamiento y estar de vuelta en casa para Navidad”.

John Paul Vann va en busca de los corazones y las mentes

Por desgracia para la historia estadounidense, el modelo de batalla que los comandantes de EE. UU. llevaron a Vietnam se sacó del manual de estrategia que derrotó a los alemanes en los páramos del norte de Europa.

Se requería de un ejército mecanizado para avanzar por un frente amplio, apoyado por la artillería, el poder aéreo y los blindados. Pero a diferencia de Europa, donde el objetivo era liberar ciudades y países, el éxito aquí se mediría por el número de enemigos muertos, como en una de nuestras guerras indias.

Si bien Vann era partidario de una guerra santa contra el comunismo en el sudeste asiático, no estaba ansioso por apuntarse a la forma de hacer la guerra de Westmoreland. Vann era más partidario de lo que ahora se denomina contrainsurgencia, de la idea de que a través de las tácticas con unidades pequeñas, en oposición a los bombardeos en alfombra de las ciudades y el campo, podría ganarse a los invasores. Sheehan escribe:

Una de las máximas más famosas de Vann, citada a menudo a lo largo de los años, procedía de esas primeras lecciones: “Esta es una guerra política y exige discriminar a la hora de matar. La mejor arma para matar sería un cuchillo, pero me temo que no podemos hacerlo de esa manera. La peor es un avión. La siguiente peor es la artillería. Si eliminamos el cuchillo, lo mejor es un rifle, así sabes a quien estás matando.”

Sin embargo, la franqueza de Vann, por no mencionar algunos de los escándalos de su vida personal, le obligó a retirarse del ejército como teniente coronel en el verano de 1963, tras veinte años de servicio.

Una semana antes de que se retirara, tenía programado informar a algunos de los Jefes de Estado Mayor de las estrategias alternativas con las que librar la guerra de Vietnam, pero en el último momento la sesión informativa fue cancelada.

Sólo unos años después, cuando ascendió en las filas civiles de los programas de pacificación en el país, Vann pudo aplicar sus teorías tácticas, aunque por entonces la guerra era ya una causa perdida.

Sheehan describe la reacción de Vann en 1965 ante la llegada de fuerzas de combate estadounidenses a Vietnam:

“El soldado estadounidense está únicamente comprando tiempo”, advertía Vann. “El principal desafío al que EE. UU. se enfrenta ahora en Vietnam” es a utilizar ese tiempo para romper el monopolio comunista sobre la revolución social.

Vann quiere ganar los mismos corazones y mentes que Westmoreland, pero desea hacerlo conduciendo su jeep por las provincias en disputa y construyendo nuevas escuelas.

Pocos estadounidenses pasaron tanto tiempo “dentro del país” como John Paul Vann, que estuvo allí durante muchos períodos entre 1962 y 1972.

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