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¿Por qué Vietnam sigue siendo importante? (IV)

Escrito por Debate Plural

Matthew Stevenson (Rebelion. org, 27-2-18)

 

Kennedy cambia de tono

Sin embargo, a mediados de la década de 1950, Kennedy empezó a cambiar de tono, sobre todo con la llegada al poder, en Vietnam del Sur, de Ngo Dinh Diem, en lo que podría llamarse un resurgimiento católico.

El presidente Diem, un socio de la Guerra Fría, contaba con el apoyo de muchos aliados de la familia Kennedy, incluido el editor de Time, Henry Luce, el cardenal Francis Spellman, de Nueva York, y el senador Mike Mansfield.

Como a JFK le interesaba más postularse para vicepresidente y presidente, sus posiciones favorables a Diem, el anticomunismo y el “Vietnam libre” pesaron más que las conclusiones anteriores, mucho más críticas, a que había llegado en el curso de sus viajes.

Justo antes de la convención nacional demócrata de 1956, en la cual confiaba salir nominado para un cargo superior, describió Vietnam del Sur como “la piedra angular del mundo libre en el sudeste asiático… Son nuestros hijos, no podemos abandonarlos, no podemos ignorar sus necesidades”.

Como presidente, Kennedy sólo podía contemplar Vietnam y Diem a través del prisma de la Guerra Fría. Estoy seguro de que en algún lugar de su fría mente analítica comprendía que una guerra terrestre en Vietnam iba a ser un desastre. Después de todo, había viajado bastante por el país para entender que era un paraíso para la guerrilla, un paisaje brumoso de arrozales, montañas neblinosas, junglas, canales y ríos serpenteantes. Pero después de que Nikita Khrushchev se divirtiera con la resolución de Jack durante la cumbre de 1961 en Viena, Kennedy respondió enviando asesores militares a Vietnam (en total, alrededor de 16.000 en 1963), como parte del Gran Juego.

Por último, fueron los hombres de la presidencia de Kennedy -McNamara, Rusk, Maxwell Taylor y el general Paul Harkins- quienes crearon el mito de la invencibilidad estadounidense en torno a Vietnam.

Lyndon B. Johnson pudo haber aprobado las órdenes para aumentar las tropas estadounidenses a medio millón de hombres y bombardear Vietnam del Norte en la Operación Rolling Thunder , pero estaba cantando el libro de himnos de Kennedy junto a su coro.

¿Habría retirado Kennedy a las tropas estadounidenses?

Otra de las razones por las que dudo de que JFK hubiera descubierto una vía para salir de la ciénaga vietnamita es que la administración Kennedy dejó sus huellas por todo el asesinato de Diem, también en noviembre de 1963.

Diem se había convertido en una carga para el esfuerzo bélico, cuando no en un juguete roto en el escaparate de la democracia que supuestamente era Vietnam del Sur. Diem y su cuñada, Madame Nhu, se habían burlado en público de los monjes que se quemaron a lo bonzo en Saigón, y Diem había encarcelado a muchos miembros de la oposición. Tampoco sus generales levantaron un dedo contra el Viet Cong. Vietnam tenía toda la apariencia de una causa perdida.

A finales del verano de 1963, dos funcionarios del Departamento de Estado, W. Averell Harrison y Roger Hilsman, redactaron un memorándum fatídico, describiendo los planes para derrocar a Diem. En él, escriben lo siguiente al embajador de EE. UU. en Saigón, Henry Cabot Lodge:

“Si Diem, a pesar de todos sus esfuerzos, sigue empecinado y se niega, debemos considerar la posibilidad de no poder preservarle…” [ Sugieren que Lodge] “debería examinar urgentemente todos los posibles líderes alternativos y hacer planes detallados para sustituir a Diem si fuera necesario”.

El memorando recibió las bendiciones del presidente –en el sentido de que no hizo ningún cambio en el documento-, aunque no lo firmó.

En mi opinión, tras el posterior golpe que mató a Diem y a su hermano, los estadounidenses tomaron posesión de todas las debacles que iban a producirse en Vietnam. Kennedy tampoco pudo percatarse de que tres semanas después sería la víctima de un golpe de Estado similar, también desde las sombras.

La simetría en las muertes de Diem y Kennedy es el tema de una novela de suspense, Tears of Autumn ambientada en Saigón y Washington. En ella, el novelista Charles McCarry escribe:

Paul Christopher [agente de la CIA, que cree que los vietnamitas mataron a Kennedy en venganza por la muerte de Diem] había visto morir a muchos hombres a causa de la política, y sabía que esta era apenas la excusa que sus asesinos utilizaron. Los hombres no mataban por una idea sino porque no podían vivir con una herida personal. Y hacía una sencilla conexión entre la herida y la muerte violenta del presidente. Comprendía perfectamente los motivos. Se preguntaba si los asesinos habían previsto que la muerte de Kennedy expulsaría la memoria misma de su existencia de la conciencia del mundo.”

¿Fue JFK una víctima de Vietnam?

¿Fue Kennedy una primera víctima de la guerra de Vietnam? Para mí, la evidencia apunta en otra dirección, ya que no hubo muchos sicarios vietnamitas que traspasaran el 522 de Camp Street, en Nueva Orleans, ni estaban a nómina de la mafia de Chicago.

Al mismo tiempo, desde la Bahía de Cochinos y la Crisis de los Misiles en Cuba hasta los 16.000 asesores militares en Vietnam, Kennedy estuvo repartiendo muchas cartas de póker con grandes apuestas, un juego en el que era difícil tener todas las barajas marcadas.

En Indochina consiguió neutralizar el conflicto en Laos, pero en Vietnam no pudo separar nunca la Guerra Fría ni las lecciones de Munich de la política regional o local, lo que a mi entender fue un fracaso de la amplia imaginación de Kennedy y de la lectura que hacía de la historia.

Dicho esto, David Talbot sugiere en Brothers una biografía de los dos Kennedy y una descripción del último paseo de Jack por Dallas, que al presidente le asesinaron porque se había resistido al militarismo invasor de la CIA en Cuba y del Pentágono en Vietnam y porque tenía dudas respecto a la premisa de la Guerra Fría.

Su experiencia (prescindible) como joven oficial naval en la guerra del Pacífico le había enseñado a desconfiar de los mandos militares, y los fallos en la Bahía de Cochinos reforzaron su impresión de que, a pesar de ser presidente, era como si todavía estuviera en su lancha torpedera PT-109 en las islas Salomón y que le pedían que emprendiera algo equivalente a una misión suicida.

JFK dijo de los altos oficiales del ejército: “Siempre te cuentan esa estupidez de la reacción instantánea y la sincronización al segundo, que nunca funciona. No es de extrañar que sea tan difícil ganar una guerra”. Pero si se negaba a enviar fuerzas a Vietnam –incluso los llamados asesores-, temía ser después el único al que acusarían de haber “perdido Vietnam” ante el comunismo, de la misma forma que, en anteriores elecciones, los republicanos -incluido Richard Nixon- habían sabido sacar tajada de la pregunta “¿Quién perdió China?”.

Soy consciente de que rindo homenaje a su legado al decir que JFK habría retirado a los 16.000 asesores estadounidenses; no obstante, en lo que a Vietnam se refiere, Kennedy traicionó sus mejores instintos.

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