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¿Por qué Vietnam sigue siendo importante? (III)

Escrito por Debate Plural

Matthew Stevenson (Rebelion. org, 27-2-18)

 

En mi viaje más reciente a Vietnam, como quería visitar Kontum, Pleiku y las tierras altas centrales, decidí viajar con mi bici. Sabía que empaquetarla y llevarla de forma segura a Hanoi iba a resultar un dolor de cabeza, pero razoné que una vez estuviera en el país ya no estaría a merced de taxistas o guías, y que podría llegar adonde fuera cargándola en trenes, aviones y autobuses. Había viajado antes con la bici por Europa (donde vivo) y por Estados Unidos, y me había servido bien.

En Tennessee y Arkansas, por ejemplo, la había utilizado mucho para desplazarme por el perímetro de varios campos de batalla de la Guerra Civil –sobre todo Franklin, Shiloh y Pea Ridge-, donde hacer el recorrido en coche es como viajar encerrado en una burbuja.

En Francia, me había desplazado en bici desde Metz a Sedan, y gracias a eso había grabado en mi cerebro el paisaje de la guerra franco-prusiana, que tan elusivo me había resultado antes. ¿Podría, quizá, resolver parte de mi confusión sobre aquella guerra el hecho de llevar mi bici conmigo en Vietnam?

En esta ocasión, mi plan era aterrizar en Haiphong, la ciudad portuaria de Hanoi, y desde allí intentar llegar en tren hasta el sur. Para las excursiones locales, dispondría de la bici, especialmente en las ciudades. Temía el tráfico de lugares como Hanoi y Hue, pero pensé que si me desplazaba fuera de las horas punta, podría llegar a algunos de los campos de batalla de aquella trágica guerra.

Estoy encantado de decir que disponer de la bicicleta en Vietnam resultó un éxito rotundo, aunque tuviera que esforzarme mucho para conseguirlo. Lamentablemente, Vietnam ya no es una nación de ciclistas y jaulas de bambú para pájaros, sino uno de los países asiáticos en desarrollo que está ahogándose con los escapes de sus motocicletas Honda y sus todoterrenos.

En algún lugar, aunque sólo sea en mis recuerdos, pueden verse imágenes fugaces de la arquitectura colonial francesa, como en Haiphong, Hanoi y Hue, pero la mayor parte del paisaje urbano vietnamita se ha convertido en una especie de río interminable de tráfico con los deltas del Mekong y el río Rojo haciéndole la competencia a Flatbush Avenue [Brooklyn].

Solía utilizar la bici por la mañana temprano y después de la cena, y en varias ocasiones me la llevé en autobús o tren y la sacaba en las zonas rurales, donde el tráfico era menos feroz. Pero, especialmente en Hanoi y Saigón, iba cabalgando al borde de un torrente que no importa qué hora fuera me hacía desesperarme por el futuro del país.

Ho Chi Minh y sus cuadros vencieron a franceses y estadounidenses en sucesivas guerras coloniales, pero dudo que pudieran derrotar al nuevo imperio de aire contaminado y tráfico letal que se ha apoderado del país.

JFK visita Vietnam

En este viaje no iba tanto buscando lugares específicos –antes ya había visto muchos- sino respuestas a las preguntas que me había ido planteando en el curso de mis lecturas sobre Vietnam. En muchos de mis viajes me volvía especialmente a la mente la especulación tantas veces escuchada de que el presidente John F. Kennedy, en el momento en que le mataron en 1960, sentía cada vez más dudas sobre la guerra y habría retirado a los asesores estadounidenses si hubiera ganado la reelección en 1964. Me gustaría honrar al presidente asesinado y creer que era capaz de tal milagro político, pero respecto a Vietnam, no le acompañaron mucho los aspectos más benévolos de su personalidad.

Pedaleando por Vietnam, especialmente en Saigón, más allá de los extensos terrenos de la antigua embajada estadounidense (que ahora es un consulado excesivo, haciendo quién sabe qué), pensé en la larga asociación de Kennedy con Vietnam y en las dos guerras, la francesa y la estadounidense.

JKF fue capaz de captar y comprender los problemas de la descolonización francesa pero fracasó después como presidente, a la hora de enfrentar esa comprensión anterior con las políticas bélicas de su administración. ¿Por qué?

Como joven congresista (ganó las elecciones al Congreso en 1946), Kennedy llegó a Saigón en 1951, junto con su hermana Pat y su hermano menor Bobby. Fue una especie de viaje de investigación que el joven Kennedy culminó bien. Como hijo de un exembajador de EE. UU. ante la corte de St. James (Londres), Jack tenía acceso a los puestos diplomáticos de avanzada por todo el mundo y utilizó esas conexiones para explorar el mundo a su manera.

Leyó mucho en sus viajes y escribió extensas cartas a su padre y amigos con sus impresiones políticas. No le asustaba correr riesgos.

Tanto antes como después de la II Guerra Mundial, Jack Kennedy viajó extensamente por Europa, los Estados bálticos y Oriente Medio. En 1939, se desplazó por toda Palestina en un viejo automóvil, igual que anteriormente había investigado el corredor polaco y las tierras en disputa de Europa (De Danzig escribe: “Polonia no renunciará a Danzig y… no le concederá derechos de extraterritorialidad a Alemania para carreteras en el corredor. Ofrecerá compromisos pero nunca renunciará”.)

En el verano de 1945, pasó varias semanas en Berlín. En el viaje de 1951, se desplazó alrededor del mundo pero efectuó la mayor parte de las paradas sobre el terreno entre Irán y el Lejano Oriente. (En Berlín, cita a Averell Harriman –presente más adelante en su administración-, “que el mayor delito de Hitler fue que sus acciones acabaron abriendo las puertas de Europa del Este a Asia”.)

En Saigón, en 1951, JFK estuvo presente en las habituales reuniones informativas diplomáticas de los funcionarios de la embajada de EE. UU. y en una del general francés Jean de Lattre de Tassigny. (En Hanoi, los franceses prepararon un desfile para los Kennedy, probablemente el último que se organizó allí para un político estadounidense.) Pero Jack se saltó también la burocracia para irse de copas con los periodistas locales y oficiales militares de poco rango en el terreno, quienes le dijeron que los franceses nunca podrían ganar su guerra colonial contra el Viet Minh de Ho.

En The Best and the Brightest David Halberstam describe los viajes de Kennedy a Vietnam (con su escritura apasionada):

Fue, aunque parezca mentira, John F. Kennedy. Había estado dos veces en Indochina, en 1951 y 1953, una vez como congresista y otra como senador: en la primera ocasión, se encontró en el aeropuerto con la mitad del ejército francés dispuesto a informarle para convencerle de la victoria, para presentarle a unos cuantos oficiales vietnamitas reventando en sus uniformes de paracaidistas a fin de demostrar lo comprometidos que estaban los nativos con un tipo francés de libertad. Asistió a las reuniones informativas oficiales pero también se saltó las normas, consiguió los nombres de los mejores reporteros en la ciudad y se presentó sin avisar en sus apartamentos, pareciendo tan joven e inocente que les costó creer que fuera realmente miembro del Congreso de los EE. UU. Allí les hizo sus propias preguntas, consiguiendo información diferente de la oficial: el pesimismo era considerable, los Viet Minh iban ganando la guerra, y los franceses no estaban ofreciendo ninguna forma real de independencia a los vietnamitas (irónicamente, doce años después, exactamente en la misma situación, sobre el mismo suelo, Kennedy indignaría a los periodistas por su pesimismo, al mismo tiempo que le confiaba ocasionalmente a Schlesinger que había aprendido más por sus artículos que por los despachos de sus generales y embajadores.

De regreso de su viaje, Jack acertó cuando dijo que el gobierno de Bao Dai era “un gobierno-títere, manejado frecuentemente por los titiriteros que en otro tiempo se sometieron a los japoneses y que ahora se sometían a los franceses”.

Tampoco se equivocaba cuando dijo, más formalmente, en el Congreso:

No podemos aliarnos con sueños imperiales. Somos aliados de nuestros amigos de Europa Occidental y les ayudaremos en la defensa de sus propios países. Sin embargo, apoyar y defender sus aspiraciones coloniales es otra cosa. Ese es un problema suyo, no el nuestro.

En 1954, después de su segundo viaje, dijo también en una entrevista que el pueblo vietnamita necesitaba que le garantizaran su independencia de los franceses y añadió: “Cualquier intervención por parte de EE. UU. está destinada al fracaso”.

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