Cultura Nacionales

Los tropiezos de la lengua

Escrito por Debate Plural

Marcio Veloz Maggiolo (Listin,27-11-15)

 

El futuro del español dominicano parece estar en una encrucijada. En la medida en la que los medios de comunicación han sido invadidos por voces y formas nuevas transformadoras, como es el caso de mucho de los contenidos de internet, las mismas van siendo usadas tal y como se distribuyen en telenovelas y en la publicidad, generando maneras nuevas de expresión, muchas de las cuales intentan ser sustitutas de las formas establecidas. En tal sentido prima el criterio viejo, pero funcional, de que la sustitución no es necesaria si existe ya, de modo estable, una forma gramatical que no tiene por qué ser desechada.

Un torrente de nuevos usos creados a partir de los “internetofilos”, y vigentes en las páginas web, acumulan un potencial deformador del lenguaje, y penetran en los hogares muchas veces al través de infantes y adolescentes que no tienen aún la fijación del idioma que produjeron en muchos de nosotros las lecturas tempranas, tan obligatorias, y las enseñanzas también tempranas de abuelos, vecinos y amigos que fueron los herederos, en el caso dominicano, de aquella lengua que Pedro Henríquez Ureña consideraba en su momento una de las mejor conservadas de América, todavía con arcaísmos que, aunque actualmente desaparecen bajo la influencia de locutores radiales que ahora gritan y reproducen el modelo del “disc jockey” norteamericano considerando normal la violación del gusto con el uso de la llamada “payola” con la que afectan, afectando la libertad del oyente al que tratan de imponer temas obligados, consentidos y propiciados por algunos dueños de medios de comunicación, cercenando el gusto por la sanidad del idioma y abriendo paso a una dictadura de la peor de las fonéticas.

Las juventudes son el mayor productor y a la vez consentidor de elementos basados en voces y usos e inventos de raíz foránea, al utilizar a su modo, una jerga corrupta que nace de los anuncios y de las expresiones que, convertidas en giros populares, generan a la vez una versión oral que roza lo insólito, puesto que muchas expresiones llegadas en los diálogos y formas que ahora se repiten, por ejemplo en el cine latinoamericano y dominicano, así como en anuncios globalizados que todos, indefensos, recibimos como el producto nuevo de una locución que en algunos casos parecería normal, con tendencia permanente y dotada de fuerza para convertirse como tal en un localismo, debido a la transformación que se sustenta desde la matriz de otro idioma .

La isla de Santo Domingo, la primera tierra americana donde se asentó definitivamente el castellano, fue desde el principio un laboratorio lingu¨.stico. Lo fue desde el punto de vista histórico y en su modelo “protectivo”, puesto que ni con las invasiones, las migraciones de varios tipos, ni con los intentos de apropiación se perdió su personalidad lingu¨.stica. Haití, Francia, Norteamérica, de algún modo sintieron el rechazo del dominicano de abandonar la misma. Ya en su temprana conformación local se fundieron palabras indígenas, algunas señaladas por Nebrija, pero también otras de uso cotidiano y no registrado que pasarían sin ser percibidas por los textos y crónicas, las que todavía perviven como formas criollas producto de un mestizaje en el cual África tuvo desde los comienzos del siglo XVI aportes que todos conocemos.

En la isla de Santo Domingo, a partir del segundo viaje de Colon, se aposentaron españoles entre los cuales los dialectos ibéricos tuvieron verdadera importancia; incluso la lengua de Colon, la primera que se conoce ya en las islas, estaba teñida de un portuguesismo suavizado cuando el Padre Las Casas trató de mejorarlo en su resumen del famoso Diario del Almirante, lengua sobre la cual don Marcelino Menéndez y Pidal asume que son fundamentales los casi ocho años vividos por Colon en Portugal, donde tuvo familia y trabajo como navegante, razones intimas que le hicieron preferir, por razones históricas, la lengua española, dejando de lado la genovesa, en aquella época un dialecto carente de la importancia de lenguas que aspiraron luego a ser imperiales.

En el norte de la isla de Santo Domingo Colon fundaría la Villa de La Isabela, y en sus naves se trasladaban no sólo castellanos, sino hablantes de diversas regiones pormenorizados en las listas de pasajeros a las Indias, toman do preeminencia entre ellos la lengua de Castilla. Allí, entre la gente de La Isabela, y entre el habla indígena, comenzó el castellano americano, y con el mismo el florecimiento de un nuevo imaginario servido a los Reyes y poderosos conjuntamente con las creencias de los indios erróneamente llamados “tainos” a partir de la Carta del Médico Álvarez Chanca, uno de los primeros documentadores de un mundo nuevo repartido entre islas con gentes ya dadas a aprender y casi obligadas a convertirse en cristianos cuya manera de hablar en apreciación de Colon, era como la más bella lengua.

Pero de esos 1500 pasajeros a Indias, ahora arrepentidos unos y muertos otros, regresaron a España los inconformes, dando noticias del fracaso: hablaron del mal trato a los naturales, y de ellos, tras el levantamiento de Francisco Roldán, alcalde de La Isabela y de su ocultamiento en el Sur, en tierras de Jaragua, tomando familia indígena, solo trescientos permanecieron luego de que el Adelantado Bartolomé Colón, fundara en la costa sur de la isla y a orillas del Ozama, la villa de Santo Domingo, solo y no de Guzmán, porque así consta en la carta del Almirante, cuando da noticias de la fundación de la villa a sus Majestades en 1498. Dos hechos son fundamentales luego para el asentamiento de la colonia y supervivencia del español castellano como lengua: La sustitución de los Colón con la llegada a la isla del enviado Francisco de Bobadilla, quien investiga a fondo las malas obras del Almirante, y la posterior llegada de Frey Nicolás de Ovado, exitoso líder en la lucha contra los moros. Con Ovando se lleva a cabo el traslado de la villa a la parte occidental del río Ozama donde ya Miguel Díaz, servidor de los Colón, tenía esposa indígena y donde se refunda la villa ahora transformada en ciudad de Santo Domingo, y a partir de donde Ovando crea nuevas comunidades manteniendo nombres indios en muchas, Higu¨ey, Azua Maguana, quedando otros en los que la vieja designación aborigen queda preservada, mientras los demás cronistas siguen nombrando con lengua originaria territorios que aún conservan el lenguaje arahuaco . Ovando “pacifica” a sangre y fuego la isla, iniciando zonas urbanas con importantes modelos de asentamiento, respetando mapas como el tempranero de Antonio Torres, donde se asentaron esas primeras denominaciones) Pero a lo que deseo llegar es a la importancia de los trescientos supervivientes que mantuvieron viva la lengua hasta la llegada de nuevos habitantes. Los primeros fundadores de la villa de Santo Domingo en 1498, al mezclarse con la llegada y permanencia de los españoles llegados con Francisco de Bobadilla, serian la consolidación de la lengua hasta ese momento allí sin otra salida que la mezcla con las hablas del arahuaco. Habría que hacerles en aquel lugar, en donde permanece la Ermita de Nuestra Señora del Rosario, un monumento a esos Trescientos. Fueron la base viva de la nueva lengua que se extendiera luego con los llamados Viajes Menores y aun con los Mayores.

En los primeros repartimientos obra de Bartolomé Colon en la villa que luego Ovando refundaría, los naborías, nacidos al conjuro del viejo orden establecidos en el cacicazgo como “servidores no esclavos”, debieron ser un fuerte contacto entre los hablantes, imponiéndose, desde luego, la lengua del conquistador, aprendida del mismo para poder servirle.

A mi entender, con la fundación de la villa de Santo Domingo, hogar de restablecimiento de muchos hombres y mujeres que enfermos habían llegado desde La Isabela, se puede considerar a salvo el núcleo principal de hablantes de la legua española.

Es una obsesión para la cual puedo aceptar críticas y enmiendas. Mi romanticismo me ha llevado a escribir novelas como La Mosca Soldado, editada por Siruela, creando “realidades imaginarias” cuando no deseo renunciar a mi afán de interpretar y crear aquello que Vladimir Weidlè consideró como “mundos imaginarios” Esta población nueva, viviendo en la costa oriental de la isla en franca relación con indios que producían yuca y casabe y siendo objeto de los primeros repartimientos, no encomiendas, inicia una relación que consolida, creo, el uso de la lengua española. . Soy solo un escritor y utilizo un pragmatismo literario aprendido en la lectura, ya que considero la misma como la mejor fuente de corrección cuando se trata de una formación para tratar de llegar a ser verdadero escritor. Para mí son tan literatos José Ortega y Gasset como Azorín. No importa su temática. Creo que por ejemplo Jean Gionò, en el orden de lo metafórico, aun en lengua francesa, se deja traducir en El Nacimiento de La Odisea, porque las lenguas que vienen del latín poseen una especie de “ello” que las identifica.

Quien lo bueno lee puede acercarse a escribir mejor. Por ello pienso en aquel orgullo de Pedro Henríquez Ureña, del que hablo en este trabajo.

Vuelvo tras este recorrido al inicio de mi temor sobre el deterioro de nuestras expresiones lingu¨.sticas y pienso con miedo en el futuro de la lengua en mi país, hoy Republica Dominicana, en los dislates en los que muchos ignaros someten a la misma; pienso en el esfuerzo conjunto que todos deberemos hacer, en el que está haciendo nuestra Academia Dominicana de la Lengua de la cual entrego a este Instituto Cervantes de Tokio, el más reciente volumen titulado El Español Dominicano, obra de un conjunto de investigadores que encabezados por el Director, el Dr. Bruno Rosario Candelier, aportan un esfuerzo que debería extenderse a la revisión de los programas universitarios, al mejoramiento de las instancias que utilizan nuestro castellano como una fuente viva capaz de renovarse dentro de cánones correctos.

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