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Sobre el Manifiesto comunista (VI)

Escrito por Debate Plural

Salvador López Arnal (Rebelion.org, 15-3-18)

 

Comentamos en esta nueva aproximación los prólogos (tres de ellos) y la presentación del Manifiesto (MC). Empecemos por esta última. Uso la traducción que publicó El Viejo Topo en 1997, con prólogo de Francisco Fernández Buey.

Marx y Engels abren el MC con palabras que todos recordamos:

Un espectro recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para cazar a ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los policías alemanes.

Las metáforas del fantasma y el espectro han dado mucho juego. Recordemos, por ejemplos, Los espectros de Marx de Jacques Derrida.

Ciertamente, se dirá, no es el fantasma del comunismo el que recorre la Europa actual. Son otros espectros: el neoliberalismo sin bridas, la derecha extrema, la xenofobia, la insolidaridad, la aniquilación de las conquistas obreras y ciudadanas, los nacionalismos excluyentes, la (sin)razón patriarcal, la destrucción de la naturaleza y del medio ambiente… De acuerdo, de acuerdo. Sin embargo, Joaquín Estefanía [JE], en su columna de los lunes en El País en la sección de economía (con referencia explícita a los espectros marxianos: «Espectros de Marx. Se acumulan los balances sobre el pensador alemán en el bicentenario de su nacimiento» [1]), señalaba:

Dos devotos creyentes en el capitalismo libre de mercado, Rupert Younger y Frank Partnoy, se mostraban sorprendidos en el HYPERLINK «https://www.ft.com/content/603b3498-2155-11e8-a895-1ba1f72c2c11»Financial Times de la relevancia que tiene hoy el Manifiesto comunista de Marx y Engels, publicado hace 170 años. A escasas semanas del bicentenario del nacimiento de Karl Marx se multiplican los balances sobre la vida y obra del pensador alemán, máximo teórico de la crítica al capitalismo.

Younger y Partnoy no se hubieran sentido tan sorprendidos, comenta JE, si hubieran revisitado hace una década los textos de Marx -le llama «el barbudo de Tréveris»- cuando comenzó la que él llama la «Gran Recesión».

El Manifiesto comunista tiene probablemente más vigor ahora, en plena oleada globalizadora del siglo XXI, que cuando fue editado, en 1848. Lo dice el director de la película El joven Karl Marxestrenada hace pocas semanas, el haitiano Raoul Peck: «Tomemos, por ejemplo, el Manifiesto comunista, algunos de cuyos párrafos describen con detalle la crisis de 2008. Es casi un libro para niños sobre la historia y la evolución del capitalismo hasta hoy (…). Estamos exactamente en el mismo tipo de capitalismo donde el dinero y la riqueza se concentran cada vez más en manos de unos pocos, mientras que una inmensa mayoría quedará cada vez más pobre. Lo que Marx nos proporcionó fue un instrumento científico para comprender y analizar cada momento de esta sociedad».

Luego sigue y se ubica en otras coordenadas: «Si en vez de analizar el Manifiesto comunista se estudia El capital, la obra magna de Marx, habrá más disenso. El objetivo de ese libro era demostrar «con exactitud matemática» que el régimen de propiedad privada y la libre competencia no podían funcionar y, por tanto, «la revolución debe llegar».

Dejemos esa supuesta «exactitud matemática» a la que hace referencia JE y el tema de El capital. Volvamos a la presentación.

Doy cuenta de algunas esas fuerzas de la vieja Europa a la que hacen referencia Marx y Engels (me apoyo en notas de editores del MC; recordemos que esa expresión, «vieja Europa», fue usada como propaganda política por el Imperio y sus afines para designar a las fuerzas y países europeos opuestos a la intervención usamericana en Iraq en los meses previos a la segunda guerra del Golfo): 1. El Papa IX, elegido en 1846, se consideraba entonces un «liberal» pero era tal enemigo del socialismo como cualquiera de los otros nombres de la reacción. Ya antes de la revolución de 1848 desempeñaba el papel de gendarme europeo. 2. Metternich era canciller del Imperio europeo y jefe reconocido de toda la reacción europea. Entabló contactos con Guizot., historiador y ministro francés, ideólogo de la gran burguesía financiera y enemigo de todo cambio social progresista. Desterró a Marx de París a petición del gobierno prusiano.

La presentación del MC sigue:

¿Qué partido de oposición no ha sido tildado de comunista por sus adversarios en el poder? ¿Qué partido de oposición, a su vez, no ha lanzado, tanto a los representantes de la oposición más avanzados, como a sus enemigos reaccionarios, el epíteto zahiriente de comunista? De este hecho se desprenden dos consecuencias: Que el comunismo está ya reconocido como una fuerza por todas las potencias europeas. Que es ya hora de que los comunistas expongan a la faz del mundo entero sus conceptos, sus objetivos y sus tendencias; que opongan a la leyenda del fantasma del comunismo un Manifiesto de su propio partido.

El uso del término comunista como epíteto zahiriente no fue una moda de aquella década del XIX. Lo hemos vivido, lo seguimos viviendo en carne propia. De las dos consecuencias señaladas por Marx, la primera no es hoy totalmente falsa: cuando se complican las situaciones para los poderes reales, el fantasma del comunismo suelen aparecer de nuevo. La segunda acaso podría ser un llamamiento para nuestra hora, una reformulación del MC del XIX para nuestro siglo XXI. Entre nosotros, Francisco Fernández Buey escribió intentos reformulación del ideario comunista a la altura de nuestra época. Los publicó en mientras tanto y los recogió años después en Discursos para insumisos discretos.

Con este fin, finalizan los jóvenes revolucionarios alemanes internacionalistas su presentación del texto, «comunistas se las más diversas nacionalidades se han reunido en Londres y han redactado el siguiente Manifiesto, que será publicado en inglés, francés, alemán, italiano, flamenco y danés».

Veamos los prólogos a algunas de esas ediciones. Salvo error por mi parte, fueron siete en total. Los dos primeros, los de la edición alemana de 1872 y el de la rusa de 1882, fueron escritos por Marx y Engels; los cinco restantes, muerto ya Marx (los de la edición alemana de 1883, la inglesa de 1888, la alemana de 1890, la polaca de 1892 y la italiana de 1893), solo por Engels.

El primero, el prólogo a la edición alemana de 1872. Está fechado el 24 de junio de 1872, en Londres. Los autores explican las razones de elaboración del MC y las primeras ediciones:

La Liga de los Comunistas, asociación obrera internacional que, naturalmente, dadas las condiciones de la época, no podía existir sino en secreto, encargó a los que suscriben, en el Congreso celebrado en Londres en noviembre de 1847, que redactaran un programa detallado del Partido, a la vez teórico y práctico, destinado a la publicación. Tal es el origen de este Manifiesto, cuyo manuscrito fue enviado a Londres, para ser impreso, algunas semanas antes de la revolución de Febrero. Publicado primero en alemán, se han hecho en este idioma, como mínimum, doce ediciones diferentes en Alemania, Inglaterra y Norteamérica. En inglés apareció primeramente en Londres, en 1850, en el Red Republican, traducido por Miss Helen Macfarlane, y más tarde, en 1871, se han publicado, por lo menos, tres traducciones diferentes en Norteamérica. Apareció en francés por primera vez en París, en vísperas de la insurrección de junio de 1848, y recientemente en Le Socialistes, de Nueva York. En la actualidad, se prepara una nueva traducción. Fue publicada en en Londres una edición en polaco, poco tiempo después de la primera edición alemana. En Ginebra apareció en ruso, en la década del 60. Ha sido traducido también al danés a poco de su publicación original.

 

 

 

 

 

 

 

 

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