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Caamaño, ¡paradigma y héroe!

Caamaño
Escrito por Debate Plural
Tony Raful (Listin, 20-2-18)

 

“El  presente es la viviente suma total del pasado” (Emerson)

 

Mientras Thomas Carlyle  aseguraba que la historia del mundo  son las biografías de los grandes hombres, Ralph Emerson destacaba los héroes como ejemplos espléndidos de las posibilidades que hay en todos los hombres. El entonces marxista, Jorge Plejánov en su trabajo “El papel del individuo en la historia”, escrito en 1898, señaló: “Los individuos pueden influir en los destinos de la sociedad. A veces, su influencia llega a ser muy considerable, pero tanto la posibilidad misma de esta influencia como sus proporciones son determinadas por la organización de la sociedad, por la correlación de las fuerzas que en ella actúan. El carácter del individuo constituye un factor del desarrollo social solo allí, solo entonces y exclusivamente en el grado en que lo permiten las relaciones sociales, un gran hombre lo es, no porque sus particularidades individuales impriman una fisonomía individual a los grandes acontecimientos históricos, sino porque está dotado de particularidades que le convierten en el individuo más capaz de servir a las grandes necesidades sociales de su época”.

Al juzgar la figura histórica del coronel Francisco Caamaño, hay que resaltar más allá del rol de la personalidad, la voluntad política y la encarnación de esa voluntad como liderazgo en la coyuntura de abril de 1965. Representando un reclamo reivindicativo, una exigencia de reposición del orden constitucional, valorando los  atributos sociales progresistas de la reforma constitucional del 29 de abril de 1963, Caamaño  emerge como líder de todo un pueblo en el momento en que  se resquebraja la autoridad repuesta el 25 de abril por el movimiento cívico militar que derrocó al Triunvirato. Ante el desconcierto, la deserción de militares y civiles constitucionalistas  ante los crueles bombardeos del grupo golpista de San Isidro, ante las presiones de la misión militar norteamericana, y asilamiento del presidente José Rafael Molina Ureña y prácticamente todo el liderazgo civil constitucionalista y del Partido Revolucionario Dominicano, salvo   excepciones memorables, se efectuó la batalla del puente Duarte, la tarde del 27 de abril de 1965, cuando la tropa élite del Centro de Enseñanza de las Fuerzas Armadas se enfrentó a  menos de un centenar de soldados constitucionalistas y a miles de hombres del pueblo que saliendo de callejones y callejuelas, bajo la dirección de Caamaño y de Montes Arache, propinaron una humillante derrota militar al bando golpista. Luego, ante la errática y  grosera intervención militar norteamericana del 28 de abril de 1965, acción  violatoria de todos los tratados internacionales, Caamaño se erigió en líder de la resistencia patriótica dominicana ocupando un lugar especial, digno de Duarte, Luperón y de los héroes de la Restauración de la Republica.

¿Cómo un hombre de formación  autoritaria ajeno a las luchas democráticas y revolucionarias, que había ejercido el papel represivo de las luchas sociales se convierte al calor de los acontecimientos, en la figura señera de todo un pueblo, en el símbolo más alto de la dignidad nacional? Lo que parece un misterio no lo es. Es el momento histórico y son las fuerzas sociales  las que empujan  la conversión ideológica del patriotismo. Cuando se habla de las gestas patrióticas dominicanas, hay que hablar de la Independencia Nacional del 27 de febrero de 1844, de la Guerra de la Restauración de 1861-65 y de la Revolución constitucionalista y patriótica de abril de 1965. Esa es la tríada democrática troncal de la República. Creo con Carlyle, que en cierta medida, la historia del mundo son las biografías de los grandes hombres, pero añadiendo que esas biografías son el punto culminante de un amasijo  social humano de millones de seres identificados por ideales y objetivos sociales, que en un momento dado engendran a sus líderes y conductores. Coincido con Emerson en esa hermosa definición de los  héroes, como “ejemplos espléndidos de las posibilidades que hay en todos los hombres”.  Caamaño proyectó  esas posibilidades que había en todos los hombres en el momento culminante de defensa de la soberanía nacional. Es insuficiente explicar los hechos sin el componente del azar, como categoría histórica. Se trata del factor  concurrente  aleatorio que interviene en los sucesos. No es el catalizador absoluto del episodio coyuntural, pero aparece interviniendo de la manera más sorpresiva y desconcertante. Caamaño puso condiciones al coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez, ideólogo y líder de la conspiración constitucionalista, cuando éste lo invitó a formar parte del movimiento, y dos de ellas, eran su rechazo a cualquier coincidencia con los “comunistas” y la otra su renuencia a luchar por el retorno  al poder, del profesor Juan Bosch. La vida lo puso a luchar denodadamente por el regreso de Bosch y la constitución del 63, y lo llevó a coincidir con sectores revolucionarios de izquierda, hasta el grado de que su inmolación  en las montañas, años más tarde se produjo en  una asunción radical de ideas libertarias de izquierda.

Para que Caamaño se convirtiera en el héroe inmortal de abril del 65, independientemente de las razones sociales y la correlación de fuerzas, tuvo que darse el hecho imprevisible, de que el coronel  Miguel Hernando Ramírez, líder de la revuelta en ausencia del coronel Fernández Domínguez, se enfermara  y transfiriera el mando militar a Caamaño, y que además se produjera la fatal entrevista en la Embajada norteamericana del mismo 27 de abril, donde el presidente Molina y todo el Gobierno constitucionalista, concurrió para pedir una mediación con el bando de San Isidro y llegar a una acuerdo que evitara mayores derramamientos de  sangre. La reacción de Caamaño ante la respuesta del embajador, de que se rindieran, marcó un destino diferente y cubrió de gloria al coronel de abril.

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