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¡Sorpresa Gloria, al saber que vivías!

Escrito por Debate Plural

Tony Raful (Listin, 30-1-18)

Víctor Alicinio Peña Rivera, esbirro dominicano,  quien fue procesado por su participación en el crimen horrendo de las “hermanitas Mirabal”, como  llaman en un homenaje verbal de ternura, los centroamericanos, a Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, al  conmemorar el 25 de noviembre,   día de su muerte en 1960, como “Día universal  de la No violencia contra la mujer”,  aprobada por la Organización de Naciones Unidas, hizo una serie de confesiones sobre  acciones delictivas de la dictadura de Trujillo, bajo las órdenes de su jefe inmediato, el  coronel Johnny Abbes García.

En su libro, “Historia oculta de un dictador, Trujillo”, Peña Rivera, ofreció  su versión del asesinato de Castillo Armas, en el cual involucra a Abbes,  y dice que Gloria Bolaños, asociada sentimentalmente al presidente Castillo Armas, apareció en Santo Domingo dando declaraciones por la radio dominicana, dirigidas a la República de Guatemala, subrayando que: “en sus declaraciones, ella culpaba  como autores del asesinato de Castillo Armas, no a los comunistas sino a los oponentes de Ydígoras Fuentes en las próximas elecciones. Y esos eran ¡los miembros del propio partido  de Castillo Armas!”.  Me interesa destacar un párrafo de su libro sobre Gloria, que dice así: “El 28 de mayo del año 1958 fue designado Johnny Abbes García, como Director General de Seguridad. El caso Castillo Armas ya estaba siendo olvidado. Gloria Bolaños había perdido su utilidad. Ahora se convertía en una testigo muy comprometedora. Con ella el régimen utilizó el mismo expediente para todos los que le servían en asuntos tan peligrosos y comprometedores. Gloria Bolaños desapareció sin dejar rastrosÖ”

Para Peña Rivera, asistente de Abbes García, Gloria Bolaños había sido  ultimada por la dictadura de Trujillo porque ya no tenía ninguna utilidad, por ello dice: “con ella el régimen utilizó el mismo expediente  para todos los que le servían en asuntos tan peligrosos y comprometedores”.

Otro autor, Nicolás Silfa, legendario luchador anti trujillista en el exilio, en su obra “Guerra, traición y exilio”, publicada en 1981, en Barcelona, Tomo 3, dice que Gloria apareció misteriosamente en Santo Domingo, y que: “ya en territorio dominicano, aquella mujer se dio a hablar por los codos. Acusaba a los comunistas de la muerte de  su amante  y al Canciller  de su país, Dr. Jorge Skinner Klee, de haber sido uno de los principales instigadores del crimen. Las serias inculpaciones, por orden de Trujillo, que hiciera la Bolaños, saltaron al aire por los micrófonos de “La Voz Dominicana”, en un  programa informativo, específicamente dirigido al pueblo de Guatemala, el 19 de noviembre de 1957. Un cable de la Agencia noticiosa, Internacional News Service, de la misma fecha, fue reproducido por todos los órganos de información del continente. El periódico  “El Imparcial”, de Puerto Rico, en su edición del 20 de noviembre, recogía la inflamable noticia, y decía que la Bolaños, después de identificarse como amiga íntima del presidente asesinado, aseguraba que los detalles íntimos de la trama internacional  estaban en poder de la República Dominicana, que le había salvado la vida, pero,   poco tiempo después, desparecería de la faz de la tierra. Luego se supo que la policía represiva del tirano, le había aplicado el “se desapareció”. Sabía demasiado aquella mujer y hablaba también demasiado“.

Como se puede apreciar hay un dato errado y una contradicción entre Peña Rivera y Silfa. Mientras Peña Rivera dice que la Bolaños acusó a los miembros del propio partido de Castillo Armas de haberlo asesinado, Silfa dice, que ella dijo que habían sido los comunistas, aunque acusaba al Canciller guatemalteco, quien era del partido de  Castillo Armas.

Grande, muy grande  fue mi sorpresa, cuando un amigo querido, me preguntó hace algunos años, que si yo conocía a Gloria Bolaños. Rápidamente le dije que no pude haberla conocido, porque Trujillo la había desaparecido. Mi amigo se rió a carcajadas y me dijo, que estaba viva. Le riposté que era mentira, y le cité los dos libros, el de Peña Rivera y el de Silfa, también el de Robert Crassweller,  “Trujillo, la trágica aventura del poder personal”. A partir de ahí conocí a doña Gloria Bolaños Pons, la he visitado varias veces, le agradezco el trato que me ha dado y confieso, que he sentido y siento por ella una admiración y afectos personales, por su recia personalidad y sus convicciones anticomunistas de larga data.

Aunque no estoy de acuerdo con ella  en  relación con la trama internacional que le puso fin a la vida de Castillo Armas, porque estoy convencido y lo demuestro, de la participación de Trujillo, a través del binomio Abbes García y coronel Enrique Trinidad Oliva, creo que ella amó y ama  a Castillo Armas con devoción perenne. Ella es un misterio, una mujer intensa, con grandes vínculos internacionales y posición social respetada. Su “desaparición” en “Ciudad Trujillo”, que hizo pensar a muchos, que había sido liquidada, es casi un guión cinematográfico que suscita inevitablemente, morbo y expectación.

En mis investigaciones sobre el magnicidio, llegué a la conclusión de que Trujillo, cuyo ego enorme no admitía ingratitudes, orquestó aquella trama monstruosa, aprovechando las fisuras y contradicciones que tenía Castillo Armas en su propio Gobierno y en los sectores militares. Hay innumerables precedentes que lo comprometen y acusan. Pero quiero decir que respeto la opinión de doña Gloria Bolaños, personaje de una historia controversial, sobreviviente  de tantas escaramuzas históricas, coherente a sus años,  deslumbrante en su castillo de dama exquisita y apreciada.

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