Libros Nacionales

Historia de la nación dominicana, de Leonardo Conde (2)

Escrito por Debate Plural

Diogenes Cespedes (Hoy, 23-9-17)

 

  • 1. El primer punto de vista falso del libro del Dr. Leonardo Conde es el título: Historia de la nación dominicana. El 99 % de nuestros historiadores titulan sus obras con el sintagma “historia de”, en lugar de “historia sobre o acerca de”. Viejos llenos de camándulas, como el verso del Martín Fierro, no atinan a concienciarse de que no es lo mismo “historia de” que “historia sobre o acerca de”.

¿Dónde reside la diferencia semántica? Radica en que “historia de” implica totalidad y verdad e “historia sobre o acerca de” implica “perspectivas, puntos de vista”, pluralidad o incertidumbre. La totalidad es metafísica y nadie puede escribir la totalidad de ninguna disciplina; siempre solamente un punto de vista o perspectiva sobre una parte de un tema determinado. Un autor tan metafísico como Gérard Mairet les advierte a los historiadores que lo que escriben es solo un discurso sobre o acerca de. Lo recuerda Henri Meschonnic al reconocerle este aporte: «Gérard Mairet demuestra que el rechazo de la teoría permite que se instale en el historiador ‘una filosofía espontánea del científico’, es decir, el ‘pensamiento de la época’. (“El marxismo excluido del lenguaje I”. “Cuadernos de Poética” 7 (1985: 21).

En los lingüistas este rechazo a teorizar la lingüística como discurso instaló la ideología de la espontaneidad científica con Michel Pêcheux en “Les verités de La Palice” al seguir a Louis Althusser; y en Lucien Febvre, cuando inscribió «… la jerarquía de lo lógico y lo pre lógico» que se encuentra en la “antropología de Lévy-Bruhl.”

  • 2. Lo lógico y lo pre lógico instalan en el historiador la noción de la historia agustiniana como tendencia conducente a un fin (teleología) y por aquí mismo el historiador se coloca en el racionalismo positivista que concibe las acciones de los sujetos como un progreso o atraso de la humanidad cuando lo que buscan los sujetos en la historia es únicamente que sus proyectos triunfen y aplasten a los demás, pero la mayoría de las veces tales proyectos fracasan. Por eso se recomienda a los que se inician en la disciplina de la historia que lean “La guerra del Peloponeso”, de Tucídides, para que se entrenen en la escritura de lo que es un discurso histórico sin teleología y sin la ideología del sentido o marcha de la historia vista como progreso o atraso, sin ideología espontánea cientificista. Meschonnic reivindica únicamente en esta parte a Mairet: «Mairet denuncia en los historiadores el olvido de que su discurso histórico es un discurso: ‘… lo que ha “sido silenciado” es el discurso mismo’. Olvido que mantiene la confusión, ese efecto de objetividad, entre lo real que hablaría por sí mismo, y lo que en él se dice: ‘El discurso de la historia se ofrece en y por el discurso sobre la historia’ y ‘el discurso sobre la historia vive de la ilusión de ser el discurso de la historia’» (Cuadernos de Poética, 22-23). De esta ilusión vive el discurso del Dr. Conde y el de los demás historiadores dominicanos, sin excepciones.
  • 3. El ejemplo palmario de la inscripción de la ideología de la historia agustiniana y el racionalismo positivista en el discurso del Dr. Conde se encuentra en la afirmación siguiente: «Para mí, la nación dominicana (que, aunque adoptó formas republicanas, nunca fue en realidad una república), constituye un ejemplo por excelencia de la enunciada concepción. Su historia ha estado condicionada por dos fuerzas fundamentales: 1º) su atraso socioeconómico con(sic) relación a los Estados y las tres grandes potencias europeas que se inmiscuían en los asuntos del Caribe (España, Francia, e Inglaterra; y 2º) la influencia externa proveniente de los Estados Unidos y las mencionadas tres potencias europeas sobre la misma.» (Prólogo, 16-17).

Con esta cita, se instala en el discurso del Dr. Conde ese racionalismo positivista que no le soltará jamás en el análisis que operará sobre los documentos históricos que avalan esta ideología espontánea del historiador como científico, lo que es pura ilusión, como ya se vio, y esa ideología le llevará a otro fantasma racionalista: el de la teoría de la dependencia o la excusa perfecta para el desconocimiento de las especificidades : «El relativo atraso socioeconómico de la nación dominicana, en particular, se puso(sic) de manifiesto en un fenómeno sociopolítico que, en América Latina, ha sido una de las expresiones más características del atraso socioeconómico: las pugnas de los grupos o claques encabezados por los llamados ‘caudillos’ para adquirir y mantener el dominio del aparato estatal y apropiarse de los empleos y otros beneficios derivados del mismo.» (p. 17)

Incluidos, sin mencionarlos, figuran el discurso de la teoría de la dependencia de André Gunder Frank y sus secuaces y el instrumentalismo de Louis Althusser y sus A.E.I (aparatos ideológicos del Estado), esa siglería ideológica que tan alto costo tuvo para Occidente. A más de 30 años de haber sido eliminado el marxismo vulgar que reinó durante 70 años en la ex Unión Soviética y sus países y partidos satélites, sigue funcionando en el inconsciente de los historiadores racionalistas.

El discurso del Dr. Conde oculta los rasgos que especifican a una república verdadera. No son otros que los de una nación fundada por el pueblo y para el pueblo, con su Estado verdadero: el anti clientelismo, el anti patrimonialismo; el funcionamiento del Estado de derecho o igualdad de todos ante la ley; el control territorial absoluto, símbolo de la soberanía de un Estado nacional; la conciencia política y la conciencia nacional de sus sujetos, empoderados de su ciudadanía; la redistribución de las riquezas entre todos los que la producen y el reconocimiento de cada sujeto como sujeto de derechos y deberes; la separación entre Estado e Iglesias y entre Poder Ejecutivo, Legislativo, Judicial,  Poder Electoral, Poder Municipal y diez o doce atributos más que no mencionaré y que son constitutivos de un Estado nacional verdadero, no de la caricatura de Estados clientelistas y patrimonialistas que existen en América Latina gracias a las oligarquías que los fundaron y los gobiernan hasta hoy y que el Dr. Conde identifica como ‘caudillos’, para no analizarlos como oligarcas clientelistas y patrimonialistas que impidieron en el pasado, e impiden hoy día, la construcción de ese Estado nacional verdadero del que carecemos.

  • 4. La segunda hipótesis del Dr. Conde remacha su velada teoría de la dependencia: «La influencia externa sobre la nación dominicana se expresó en la continua rivalidad de los Estados Unidos y de las referidas potencias europeas por enmarcarla dentro de sus respectivas esferas de influencia. Esta influencia externa fue tanto más acentuada porque, durante la mayor parte de la historia dominicana, los caudillos y personajes más representativos de los grupos o claques que vivían una lucha permanente por adquirir y mantener el dominio del aparato estatal no tuvieron fe en la capacidad de la nación dominicana para subsistir sin la protección de algunas de esas potencias.» (Ibíd., p. 17).

En la próxima entrega se verá que la búsqueda de protectorado de una potencia extranjera comenzó con el grupo de Buenaventura Báez, elaborador del plan Levasseur, cuyo objetivo era independizarse de Haití a fin de adelantarse al proyecto de los trinitarios, pero todavía el 1 de junio de 1844 se reitera a Francia la idea del protectorado y Duarte es uno de los firmantes de semejante petición.

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