Nacionales Politica

República Dominicana, ¿un paritorio de Haití? (2)

Escrito por Debate Plural

Carlos R. Altuna Tezanos (Listin, 11-1-18)

Mientras que el informe sobre “Tendencias Globales de Desplazamiento Forzado y Apatridia” del Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), nos ubica como el quinto país del mundo con mayor número de personas en condiciones de apatridia (sin nacionalidad). De acuerdo a ese informe, nuestro país tiene 210 mil ciudadanos en la categoría “Personas bajo el mandato de apatridia de ACNUR”, sólo superada por Myanmar (810 mil), Costa de Marfil (700 mil), Letonia (263 mil) y Tailandia (506 mil).

Sin embargo, unos seis meses antes de la “declaración-alerta” del titular de la JCE de ser un paritorio de Haití, trasciende como arte de magia que el día 23 de mayo pasado, el pleno de este organismo aprobó la resolución 03-2017, que dispone: “La creación de un glosario alfabético de apellidos para ser sorteados y asignados administrativamente a los niños, niñas y adolescentes declarados en estado de abandono por el tribunal competente, en su registro de nacimiento y su cédula de identidad y electoral”.

Resolución que motivó todo tipo de conjeturas en el país y generando el debate entre los especialistas de la materia sobre su legalidad y pertinencia. Eso sucede mientras el país tiene, como una especie de “Espada de Damocles”, que aceptar la parición desenfrenada de miles de mujeres extranjeras, especialmente haitianas en nuestros hospitales, caso que fue denunciado por el presidente de la JCE, con la consiguiente exigencia al gobierno de detenerla.

Sobre ese tenor, y de acuerdo con los registros del Servicio Nacional de Salud (SNS), en hospitales de República Dominicana se registran cada año nacimientos que van de entre 27 y 80% de madres haitianas, cuya asistencia se ofrece de manera gratuita y sin tomar en cuenta su condición migratoria.

Según el SNS, en la Maternidad Nuestra Señora de la Altagracia y en el Materno Infantil San Lorenzo de Los Mina, los porcentajes de nacimientos son de 27 y 25% respectivamente; en hospitales de Santiago es de 30 y 35%, y se incrementa a entre 70 y 80% en los centros hospitalarios fronterizos.

Ese mismo informe señala que el 55% de los nacimientos registrados durante el 2017 en las dos principales maternidades de la capital, fueron productos de madres adolescentes y extranjeras, de las cuales 99% fueron haitianas y cerca de 1% de otras nacionalidades.

En este sentido, y ante la resolución adoptada por la JCE para concederles apellidos a personas declaradas en estado de abandono, de hecho y de derecho también se les estaría otorgando la nacionalidad dominicana, lo que representa una situación sumamente atrayente para los ciudadanos del país vecino, que con una población empobrecida e indocumentada en su propio territorio, fácilmente dejarían a sus hijos abandonados -como de hecho lo hacen tras parir aquí- con el fin de que adquirieran un apellido y sus consecuentes derechos como dominicanos.

Esa misma concesión también podría ser aprovechada por los ciudadanos haitianos que no han podido completar los documentos exigidos en el proceso del Plan de Regularización de Extranjeros, porque carecen de documentos de su país. Trampolín, que vendría como “anillo al dedo” y podría ser usado por aquellos que abogan para que les sea concedida la nacionalidad dominicana a miles de haitianos.

Nuestras autoridades, genuflexas por demás frente al vecino Haití, sobre todo cuando surgen presiones para que renuncie a su responsabilidad de hacer cumplir las leyes migratorias, y hasta de modificar su marco jurídico para solucionar la presión de una demografía que no resiste ni aguanta un país pobre como Haití, están obligadas a dar una respuesta a esta nueva situación de amenaza.

Esto ocurre mientras la mayoría de los estados del mundo cumplen y endurecen sus leyes migratorias, sin importarle, y obviando las presiones de organismos y grupos locales para impedirlo. Vemos como ciertos países sudamericanos y del Caribe aplican sus leyes migratorias sin contemplación y de manera rigurosa.

Parece una imitación del reino animal, donde el miedo se olfatea y la indecisión puede significar su propia existencia, por lo que aún no logro entender por qué nuestras autoridades no asumen la impostergable determinación de hacer cumplir sus leyes migratorias. Por el contrario, el Estado, como fiera salvaje se le percibe temeroso, inseguro e indeciso para tomar una decisión que nos augura un futuro incierto, que podría significar el ocaso de nuestra Nación.

Ante este panorama, entiendo que no podemos continuar actuando genuflexamente. La paciencia y tolerancia de los dominicanos tiene su límite, evitemos un empoderamiento de la población que lo conlleve a una reacción inusual de un pueblo amante de la paz y solidario por de más. Tampoco ponderamos si la resolución es buena o mala, pero sí debemos tomarla en consideración por sus implicaciones inmediatas y futuras, y no seguir siendo el paritorio de Haití por la salud y bienestar de la patria.

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