Cultura Nacionales

Algunas caracteristicas de la ciencia (II)

Frank A. Peña Valdes

Frank Peña Valdés M.A, M.Sc., William J.  Astwood M.A Manuel Rodríguez Karam (Tony).

Escuela de Psicología; Escuela de Orientación y Psicopedagogía UASD

En los códigos de ética de la psicología existen tres tipos de condiciones o imperativos comunes: la competencia-que exige que la persona tenga los conocimientos, las destrezas y las actitudes para prestar un servicio; el servicio al cliente– donde la actividad profesional sólo es buena en el sentido moral si se pone al servicio del cliente; y la solidaridad o las relaciones de respeto y colaboración que se establecen entre sus miembros.

La práctica de la psicología en Republica Dominicana no está ajena a estas realidades. El otorgamiento de licencias para la práctica de la psicología esta condicionada al cumplimiento por parte del psicólogo de los principios del Código de Ética del Colegio Dominicano de Psicólogos, el cual está basado en el Código de Ética. Es el colegio el encargado de vigilar por el cumplimiento de los principios del código y sancionar a aquellos que violenten alguno de éstos principios éticos.

Una premisa  fundamental  que  el Código de Ética del Colegio Dominicano de Psicólogos sostiene, es que los psicólogos, “en el desempeño de su labor aceptan la responsabilidad de poseer la competencia necesaria, aplicar sus destrezas ponderadas y objetivamente y velar por los mejores intereses de sus clientes, colegas, estudiantes, de los participantes en investigaciones y de la sociedad en general.” Antes de decidir intervenir como profesional, el psicólogo debe ser capaz de entender y tomar en consideración el marco de referencia único del cliente y la ecología personal psicosocial del mismo. En otras palabras, queda implícito que el psicólogo tiene el deber de-antes de intervenir con una persona o grupo-familiarizarse con las presiones sociales, culturales y económicas de éstos. Desde esta perspectiva, el que un psicólogo aconseje a clientes de diversos contextos culturales, sociales y económicos sin estar preparado para trabajar con éstos, es considerado como anti-ético. El Código de Ética especifica que los psicólogos deben estar conscientes de las diferencias individuales y que deben evaluar objetivamente todas las alternativas útiles para solucionar un problema.

Un psicólogo debe ser sensitivo a los asuntos personales y a la renuencia de clientes afectados emocionalmente a hacer ciertas preguntas importantes o a discutir ciertas necesidades. Las diferencias étnicas, raciales y de clase demandan del psicólogo una consideración cuidadosa. Los psicólogos tienen que educarse y sensibilizarse frente a los marcos de referencia únicos de cada cliente.

En la psicología coexisten valores personales, sociales y   profesionales. El psicólogo debe estar consciente de éstos y de sus propios prejuicios para minimizarlos y evitar que éstos afecten la relación. Después de todo, son la ética y los valores profesionales los que deben tener la última palabra sobre los valores y la ética social y personal.

Desde la perspectiva de la psicología social de la ciencia existe una tendencia a reproducen los temas, los enfoques y los métodos clásicos de la psicología social. Algunos autores han llamado conservadora a esta concepción que implica una reducción del concepto “social” cuando lo a una simple influencia contextual sobre las acciones de los investigadores (as). Véase (Domenech, Iñiguez, Palli, y Tirado (2000).

Existe una posición contraria a esa concepción de la psicología y consiguientemente de la psicología social de la ciencia, y la aludida“crisis de la psicología social “se ha producido una evolución más sensible a lo social. En particular, desde la  aparición del llamado construccionismo social, no solo en el ámbito de la psicología (Gergen 1973,1985) sino también en el de la en el de la sociología del conocimiento (Blloor,1976,Latour y Woolgar, 1979,Knoorr-Cetina, 1981).

Woogar, 1988) y los planteamientos de los autores desde la perspectiva de la llamada “Psicología Social Critica” (Domenech e Ibañez, 1998, Ibañez e Iñiguez, 1997). Así mismo, hay que señalar que desde la óptica de esta perspectiva de los estudios sociales de la ciencia, están dos temas específicos e importantes: El binomio ciencia e ideología y la ciencia como retórica y practica discursiva   (Marcuse, 1964; Habermans, 1970) y Gergen, 1989).

¿Cómo   entender el Modernismo?

El Modernismo es una tendencia del pensamiento que se desarrolló entre los Siglos XVII y XVIII y que encontró en el racionalismo de Descartes su mayor inspiración y fundamento. A continuación se presentan algunas de sus características más sobresalientes:

  • Creencia en el progreso mediante la búsqueda de una verdad total existente, alcanzable y permanente.
  • Metanarrativas históricas, de identidad nacional y de origen étnico y cultural.
  • Surgimiento de grandes utopías políticas, sociales, industriales, económicas, culturales, tecnológicas y otras.
  • Sentido de unificación, creencia en un “sujeto” centrado (individualismo).
  • Idea de la familia nuclear como el modelo ejemplar y central en el orden social.
  • Separación entre cultura oficial (favorecida) y cultura popular.
  • Sentido de fronteras claras y genéricas (arte, música y literatura).
  • Distinción clara entre lo orgánico / inorgánico, lo humano / la máquina.
  • Sexualidades unificadas, orden fálico de las diferencias sexuales.
  • Retos desde la propuesta de la postmodernidad

La postmodernidad lanza importantes retos y cuestionamientos a lo que hemos denominado la ética de la psicología moderna. El  giro postmoderno ofrece a la psicología nuevas formas para conceptualizarse y a la vez explorar sus potenciales.

El discurso de la modernidad  proclama a un individuo estable, organizado y equilibrado, lo cual le permite sujetarse y adaptarse a los medios de producción, consumo y reglamentación.  De esta noción de la identidad equilibrada y centralizada, es que se asume que una persona que no presente un comportamiento, o una estructura de personalidad “estable, organizada e integrada” está vulnerable a adquirir patologías o pérdida de la identidad. El Individuo al que la psicología moderna se refiere es responsable de los males que le aquejan, es un objeto creado en el que se puede intervenir para manipular, bajo la pretensión de ayudar. Ayudar a sujetar al orden establecido, a que se resista a ser agente de cambio social.

Sin embargo, la propuesta postmoderna reconoce al sujeto como una construcción de estructuras de órdenes institucionales y epistemológicos que organizan de manera altamente contradictoria el espacio simbólico o la cultura. El postmodernismo reta al psicólogo a mirar las formaciones discursivas manipuladas por construcciones de saberes y poderes epistémicos que arropan al sujeto. Al postmodernismo le interesa recuperar al sujeto que no es víctima de las acciones enajenantes y divisorias propias de las formas de poder, saber y sexualidad articuladas por la modernidad.

El compromiso con hacer el bien debe ir más allá del cumplimiento maquiavélico de reglas de inferencia lógica o argumentativa de manera fría, calculadora y estratégica.  Debe ir acompañado del deseo de hacer el bien.  El postmodernismo intenta vincular la categoría de Individuo con otras de sus dimensiones de las que se le separó en su constitución como tal: su deseo, voluntad y pasión. Llama a la ética del psicólogo a volver a vincular al individuo y al sujeto descentrado, a una mirada más holística al compromiso del psicólogo.

Por tal razón, el postmodernismo reta directamente al principio de competencia de la ética de la psicología moderna.  Invita al psicólogo a tener una formación verdaderamente interdisciplinaria, que le sirva no tan sólo para prestar un servicio, sino para involucrarse en los procesos de transformación y re-construcción de la sociedad y de los sujetos.  Su compromiso debe ser con las transformaciones del sujeto, de sí mismo- como sujeto también-pero sobre todo con las relaciones que los atraviesan y a su vez constituyen.  Más que permanecer neutral en todas las cuestiones de valor, invita al psicólogo a unirse a las cuestiones, personales, profesionales y políticas.  El esfuerzo común es dilucidar el mundo dado por sentado para poder darnos a nosotros mismos opciones para la emancipación.  El postmodernismo pide al psicólogo que se una al alboroto de la vida cultural y se vuelva participante activo en la construcción de la cultura.

La objetividad y la neutralidad quedan como proyectos inalcanzables.  La invitación postmoderna no es a aplicar las destrezas y conocimientos a la evaluación objetiva de la problemática del individuo o del grupo, ya que el conocimiento mismo está saturado de perspectivas que provienen del psicólogo y de la sociedad a la que representa. Inalcanzables también quedan las promesas de búsqueda y solución de problemas dentro del individuo, y fuera de su contextualización cultural.  Por el contrario, se invita al psicólogo a reconocer los sesgos que marcan el desempeño de su profesión y el reconocimiento del entorno social y político en el que ejerce su quehacer psicológico.  A la vez, se invita a resaltar en su relación profesional aspectos que hasta ahora quedaron fuera de su compromiso: sus propios valores, prejuicios, deseos, pasiones y voluntades.

Postmodernismo

Existen distintas maneras de entender los conceptos de Postmodernidad y Postmodernismo. Por ejemplo, como algo que vino después del modernismo -que se extiende a lo moderno-, como algo que se contrapone al modernismo-subversivo, resistente, opuesto…- y como “capitalismo tardío”-capitalismo post-industrial, consumista, multi y transnacional-. Así, como ambos términos tienden a ser controversiales y a definirse de distintas maneras, las relaciones entre ambos también varían dependiendo del contexto cultural en que se utilice, como por ejemplo en la industria del arte, la psicología y la literatura. Sin embargo, generalmente, el término postmodernismo se suscribe a  un movimiento intencional artístico, cultural, filosófico y político. Mientras que la postmodernidad se refiere a una condición histórica-social-política-económica que comenzó a hacerse sentir entre mediados de la década de 1970 y finales de la década de 1980. Estos tiempos se caracterizaron por una desilusión con los prospectos de la estrategia política, social y económica de la modernidad. En estos términos, la postmodernidad es entendida como una mirada hacia la modernidad / modernismo y sus preceptos.

¿Cuáles son algunas de las características principales del Postmodernismo?

  • Se aceptan las dificultades del mundo pero no se tiene esperanza de la posibilidad de cambiar la sociedad. Se decide disfrutar del presente con actitud despreocupada.
  • Eclecticismo artístico y de estilo.
  • Se cuestiona la representatividad de las identidades históricas y culturales.
  • Multiculturalismo
  • Se cuestionan y rechazan las meta narrativas y se sostienen las narrativas locales.
  • Escepticismo sobre el progreso.
  • Sentido de fragmentación y descentralización en el sujeto.
  • Identidades múltiples y conflictivas.
  • Grupos de familias alternas al modelo tradicional y nuclear, identidades múltiples para el apareamiento y la crianza de niños (as).
  • Mezcla de la cultura alta (oficial) y la popular, valorización de la cultura pop, formas híbridas de cultura. Se cancela la dicotomía entre cultura alta y popular.
  • Hibridez, géneros promiscuos, intersexualidad.
  • Mezcla de lo orgánico y lo inorgánico, lo humano y la máquina.
  • Androgeneidad, identidades sexuales, querer, sexualidad polimorfa.

En términos generales, la postmodernidad no es una época, sino más bien, representa una mirada distinta y crítica hacia el modernismo: un cambio en las formas que se experimenta y relaciona con el pensamiento moderno, las condiciones modernas y las formas modernas de vida. Desde una perspectiva postmoderna, todo aquello que se considera como real ha desaparecido y convertido en imágenes, en lenguaje. No es más un espejo de la realidad, sino una construcción social determinante de cómo se perciben las cosas. Además, se evidencia una oposición a las jerarquías y visiones unitarias, totalizantes y universalistas. La postmodernidad es el tiempo del “yo antes que el todo” en donde es posible vivir sin ideales. Los grandes principios  éticos y morales de la modernidad no se mantienen con carácter universal y se entra en una ética de la situación “todo depende”. Así,  se valora más el sentimiento que la razón. En la postmodernidad, la postura religiosa también obedece a lógicas múltiples y estructura el mundo metafísico acogiendo ideas desde el judaísmo, el cristianismo y el hinduismo, hasta ideas marxistas y paganas. En fin, desde la postmodernidad, se renuncia a la búsqueda de un sentido único y totalizante para la vida, asumiéndose una postura renuente a las exigencias radicales.

Principales   Precursores

Las personalidades que con sus postulaciones han contribuido al desarrollo del pensamiento posmodernista.  Se incluyen breves descripciones de sus ideas.

Jacques Derrida

(1930-

Filósofo  francés, cuyo  trabajo focalizado  en el lenguaje, origina la escuela del deconstruccionismo (desarmar o  desarticular), una estrategia de análisis que puede aplicarse a la literatura, lingüística, filosofía, leyes, arquitectura y psicología,  entre otros.  Problematiza la idea de que lo real-empírico pueda ser aprehensible por el sujeto. Critica el fono centrismo y el logocentrismo. Presenta una estrategia para deconstruir oposiciones y diferenciaciones.  Para Derrida no hay nada fuera del texto.

Michel Foucault

(1926-1984)

Filósofo, nacido en Francia que se propuso problematizar las nociones modernas del saber, el poder y la sexualidad. Le interesa en el fondo recuperar un sujeto que no sea víctima de las prácticas enajenantes y divisorias inherentes a las formas de saber, poder y sexualidad montadas por la sociedad occidental y moderna. Para Foucault, la razón y el sujeto son construcciones articuladas por procesos históricos y no categorías universales y objetivas.  El alcance de esta visión le permite reconocer el sujeto como una construcción de estructuras y órdenes institucionales y epistemológicos que organizan de manera altamente contradictoria el espacio simbólico-en sentido lacaniano-o la cultura. Entiende que el quehacer ideológico de los humanos debe dirigirse a atacar el poder desde el sitial particular que en un momento se ocupa.

Jean F. Lyotard

(1924-1998)

Filósofo que sostiene que las estructuras no se estructuran a sí mismas, sino que son animadas por relaciones de poder y por fuerzas del deseo. Favoreció la imagen, las formas y el sentir sobre la abstracción y los conceptos. Resaltó la poesía y la ambigüedad en la escritura. Critica los meta-relatos y el fundacionalismo que legitiman los discursos modernos. Aboga por respetar la otredad, la diferencia y la pluralidad de razones. Asocia lo postmoderno con la sociedad post-industrial, donde la tecno-logía y el conocimiento rigen la organización social. No concibe que se trate de una sociedad post-capitalista, el capital sigue siendo

Acerca del autor

Frank A. Peña Valdes

Frank A. Peña Valdes

Profesor adjunto Escuela de Psicología, Facultad de Humanidades y Escuela de Orientación Educativa, Facultad de Ciencias de la Educación Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD. Licenciatura en Psicología, Maestría en Metodología de la Investigación Científica. Especialidad en Psicología del Desarrollo, Maestría en Desarrollo Humano, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Postgrado en Educación Superior, Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Estudios Doctorales en Psicología Social, Universidad Central de Madrid (UCM).

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