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2018: Rusia enfrentará viejos y nuevos desafíos

Vladimir Putin
Escrito por Debate Plural

Vicky Peláez (Sputnik, 3-1-18)

Las promesas electorales de Donald Trump de normalizar las relaciones con Rusia se evaporaron en 2017 al igual que las tenues esperanzas de los líderes rusos de lograr con Washington un ‘pragmático entendimiento’.

“Necesitamos construir nuestra casa bien fuerte y protegida frente a lo que está pasando en el mundo.

El camarada ‘lobo’ sabe a quién se tiene que comer y no pregunta a nadie si puede comérselo”.  (Vladímir Putin, 2006)

La firma que estampó el presidente norteamericano en diciembre pasado en vísperas del Año Nuevo en el documento titulado “La Estrategia de la Seguridad Nacional de EEUU”, declarando que “Rusia representa el más significativo peligro existencial para EEUU”, puso todos ‘los puntos sobre las íes’. Es decir, la ‘Nueva Guerra Fría’ seguirá su curso.

En el Programa de 67 páginas de la Seguridad Nacional se le acusa a Rusia de “usar modernas tácticas para interferir en las relaciones domésticas en todos los países del mundo”. Resulta para la Casa Blanca que “la combinación de las ambiciones de Rusia y su creciente capacidad militar están desestabilizando la frontera en Euroasia donde el riesgo de conflicto se está incrementando debido a los cálculos erróneos rusos” (página 25). Por supuesto, que Washington que se autoproclama de ser el ‘único poseedor de la verdad’, no sabe explicar de qué ‘errores en el cálculo’ de Moscú está hablando. Lo que en realidad está sucediendo es el retroceso paulatino de la influencia estadounidense de Euroasia debido al creciente poderío tanto de Rusia como China.

De allí viene la otra acusación de la Casa Blanca, esta vez contra Rusia y China que, según los “estrategas” norteamericanos, ambos países “comenzaron a reforzar su influencia regional y global. Ahora están creando capacidades militares designadas a negar acceso a EEUU en tiempos de crisis a las zonas comerciales críticas y así hacer limitar nuestra capacidad de intervención y de paso realizar cambios en el orden global a su beneficio” (p.27). En el documento de la ‘Estrategia de Seguridad Nacional’, Donald Trump con su firma prácticamente justificó la existencia de la ‘Nueva Guerra Fría’ anunciando que “a pesar de que el comunismo soviético desapareció, aparecieron nuevos peligros. Rusia está usando medidas subversivas para debilitar credibilidad en Europa en el compromiso norteamericano corroyendo la unidad transatlántica…intimidando a sus vecinos con sus armas nucleares y sus capacidades ofensivas militares” (p.47).

Este documento firmado por Donald Trump, está expresando la frustración del gobierno por el hecho de que “el mundo ya no tiene sus ojos puestos en América”. Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen, que sufrieron asesinatos, saqueo, violación, explotación y cuyos Estados fueron destruidos en nombre de la democracia, mostraron la cara opuesta de la democracia a la ‘americana’. Sucedió que el mundo dejó de creer en el mito de la democracia que se convirtió en un simple ‘falso positivo’. La política exterior norteamericana basada tradicionalmente en la idea de una supuesta democracia prácticamente se desintegró y nadie sabe en realidad qué hacer. Las amenazas del presidente estadounidense que antes producían estremecimientos en el mundo entero y gestaban golpes de Estado, ahora no conmueven a nadie.

El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, frente a las amenazas de Trump sobre “las nubes de tempestad” en la Península de Corea, o la declaración de una “inevitable guerra” por el general Robert Neller reforzada por el anuncio del secretario de Defensa, James Mattis que “la guerra está en marcha”, respondió serenamente indicando que “podemos afrontar cualquier amenaza nuclear de EEUU y tenemos una disuasión fuerte para impedir que Washington juegue con fuego. El botón nuclear siempre está en mi mesa, no es chantaje sino la realidad”.

​También por primera vez en la historia, EEUU sufrió un aislamiento diplomático durante la votación en la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas después de reconocer Trump a Jerusalén como la capital de Israel. El presidente de EEUU prometió recortar la ayuda a los países que votaron contra EEUU. En China, caracterizaron esta actitud del inquilino de Washington como la de un ‘Tigre de Papel’.

Frente a la caída de la influencia de Washington en el mundo, Moscú, después de resolver el problema de Crimea sin derramar sangre y ayudar al Gobierno legítimo de Siria de liberar al país del Estado Islámico, Frente al-Nusra, al-Qaeda y sus múltiples ramificaciones, se proyectó como un aliado confiable en Oriente Medio de los gobiernos que luchan contra el terrorismo islámico creado por EEUU para apoderarse de los abundantes recursos económicos en la región. Hasta el ‘resbaloso’ e impredecible presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan que se movía permanentemente entre EEUU y Rusia ha tenido que arrimarse más por el momento a Moscú sin perder, por supuesto, cada gesto y cada declaración de Washington. No quedó lejos el aliado tradicional de EEUU, el rey de Arabia Saudí, Salmán bin Abdulaziz que vino a Moscú para mejorar por si acaso relaciones tensas entre los dos países.

Todos estos cambios irritan, tanto al ‘Gobierno Profundo’ o ‘Invisible’ de EEUU como al entorno de Donald Trump. La meta estadounidense con Trump o con cualquier gobernante de turno es poner de ‘rodillas’ a Rusia. Se sabe que las sanciones no han dado los resultados esperados. Rusia sigue adelante y actualmente es el único país que podría contestar adecuadamente a EEUU en el caso de un conflicto militar. Esto se vio en Siria cuando el 3 de septiembre de 2013 dos misiles estadounidenses lanzados contra Siria cayeron inesperadamente en el Mediterráneo. El ministro de Defensa ruso Serguéi Shoigú contó en 2016 que los militares rusos lograron inutilizar 624 misiles de la OTAN preparados para atacar la capital de Siria, Damasco. Se cree también que posibles misiles estadounidenses lanzados contra Corea del Norte nunca llegarían a sus blancos porque serían derribados por instalaciones rusas S-400 o S-500. Los militares estadounidenses lo saben perfectamente.

Entonces, lo que queda a Washington es recurrir al terrorismo para tratar de crear caos en Rusia. Todo esto explica la evacuación de los cuadros terroristas del Estado Islámico de Siria, especialmente procedentes de Turkmenistán, Tayikistán y Uzbekistán que hablan ruso, para su traslado a Afganistán. De allí, según los estrategas de la CIA y del Pentágono, los terroristas irán infiltrándose en Asia Central, principalmente en sus países, trasladándose después al sur de Rusia, Irán y la parte occidental de China. El mismo expresidente de Afganistán, Hamid Karzai declaró en octubre de 2017 que los helicópteros estadounidenses trasladaban a los combatientes de Daesh (Estado Islámico) a Afganistán en grandes cantidades, donde se planifica recrear un nuevo califato islámico después de destruir a los talibanes o hacer una alianza con ellos.

El recorte sorpresivo de la ayuda militar de 225 millones de dólares a Pakistán anunciado por Donald Trump se debió al rechazo del Gobierno del país de participar en este proyecto. Como respuesta a esta negativa, además de recortar la ayuda, EEUU empezó también a fomentar un movimiento de independencia en la provincia de Pakistán, Baluchistán, donde está ubicado el puerto de Gwadar que es vital para el proyecto chino ‘Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda’. Pero no solamente se trata de la lucha por contener a Rusia y China, Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí, según Times of Israel (28-12-17), firmaron un pacto secreto para prevenir el desarrollo nuclear, neutralizar el programa de misiles y actividades amenazantes de Irán.

El secretario del Consejo Superior de Seguridad Nacional de Irán, Alí Shamjaní ya denunció a EEUU, Arabia Saudita y al Reino Unido por promover las protestas callejeras en Irán con miras a una ‘primavera persa’. Sin embargo, EEUU ya no tiene recursos económicos para promover y sostener sus ‘revoluciones de color’ o ‘primaveras árabes’ en Venezuela, Irán, Rusia, mantener su Estado Islámico en Siria, Irak, Yemen, Libia, Afganistán, Pakistán.

Primero, Washington debe restaurar su decaído poderío económico,  su infraestructura en ruinas y su tejido social en descomposición para que otros países le tengan confianza.  Recién después podría empezar a pensar en lo prácticamente  imposible ya, que consiste en cómo restaurar el sistema mundial unipolar impuesto desde la desintegración de la Unión Soviética y que actualmente está cediendo su lugar al sistema multipolar.

Estados Unidos y sus gobernantes de turno  tienen que acostumbrarse  y admitir que los tiempos de Alexander Hamilton cuando el mundo tenía puestos sus ojos en América ya han pasado y los países están mirando otros horizontes para asegurar su seguridad, soberanía y prosperidad.

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