Cultura Nacionales

Vecindarios y barrios (VII)

Escrito por Debate Plural

Marcio Veloz Maggiolo (Listin, 5-1-18)

La moderna barrialidad bulle, se ha alimentado siempre de hechos que generan cierto orgullo localista. Ya no son los barrios coloniales, marcados por los oficios, las misas y las “patronalidades”. Ahora, en el siglo XX y en el XXI la modernidad obliga a otro tipo de identidad y fuerza hacia una nueva religión o una religión moderna, modificada. Nuevos Lutero, nuevos Erasmus se hacen necesarios. Hoy se sabe que la idea de Servet sobre el flujo sanguíneo, por la que se le declaró hereje y fue quemado vivo, pone los pelos de punta a la cardiología universal. La identidad nunca habrá de florecer dentro de un turismo sin base histórica o atado a la mentira productiva. Los primeros turistas, señalados en la obra de Bernardo Vega, vieron el verdadero rostro de la barrialidad. Hoy verán el carnavalesco antifaz producto de la voluntad de varios, pero no de todo el pueblo. Artistas que triunfan y enorgullecen a las gentes del barrio, personajes de leyenda que el barrio respeta por sus hechos, héroes y heroínas que conformaron el mito barrial mediante su hombría o su “mujeridad” cuando se trataba de defender la concreción de la identidad o de reforzarla con su arte, con sus hechos admirables, con su modelo, se van hundiendo en el olvido progresista y progresivo. Mamá Tingó, con su paño “tercíao” es una imagen más del folklorismo. Hoy la actual barrialidad es un proceso moderno que se asienta en valores y anti valores muchos de ellos artificiales. Los valores inventados crecen. Se trata de convertirlos en mitos para darles una permanencia interesada. El orgullo que nos hace ser barrialistas debe depender y depende de nuestra propia escala de valores originales, y podemos llegar al orgullo barrial por disímiles vías y hechos, pero coincidiendo con que el barrio es un territorio de nuestra identidad y significa la unidad de valores nada condicionados. Nadie puede cambiar ni le debe inventar un rostro nuevo para fines ulteriores.

Hoy la nueva barrialidad dice un réquiem que se anida en una historia disolvente. Los edifi cios de apartamentos son eso, un modelo que “aparta”, un modelo que fragmenta y donde un mundo interior se mueve huyéndole a la vida de fuera. Vecinos irreconocibles nos saludan sin saber quiénes somos. Sin desear comprometerse con la asimilación del otro. Ni hablemos de las altas torres donde nadie se conoce y donde el saludo personal ha desaparecido. El cascarón vital de estas edifi caciones se llama dudosamente “barrio”. Edifi cios de concreto rodeados de cubículos llenos de tiendas, son ahora llamados “plazas”, y el viejo valor comunitario de las plazas donde el fi n fundamental era el recreo, la junta, el intercambio de valores y conocimientos, se sustituye por el saludo al vendedor, que no tiene el carácter de parroquiano, sino de vendedor. Creemos que también a veces los ensanches, con modelos tan numerosos, pueden llegar a tener cierta conciencia una barrialidad en cierne o que se esfuma y que es ajena a los viejos cánones. Nacen barrios a medias y mueren barrios completos. Mueren calles completas y nacen calles, completadas, pero sin sentido histórico. Esto ocurre según la visión política de unos fusiona con la mentalidad ahistórica de otros.

Gascue, uno de nuestros más signifi cativos barrios de clase media, no ha merecido su permanencia, sus viejas casas son modifi cadas, sus antiguos dueños, idos hace tiempo no pueden ya aferrarse al recuerdo, muchos de los descendientes de los pobladores que con orgullo vieron la vida desde lo que vendría a ser el corazón más coherente de Santo Domingo, cedieron por razones válidas o no, al proceso del urbanismo que apoyado en la plusvalía dio más importancia el precio de la tierra que al de su contenido emocional. Ahora, calles sin vecinos originaros o de originaria descendencia, no tienen sufrientes. Las Academias, los Ministerios, los que estudiaron para la salvaguarda del futuro, son dueños de un magro silencio con ataduras.

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