Cultura Internacionales

El boomerang de la destrucción

Escrito por Debate Plural
Marcio Veloz Maggiolo 8Listin, 13-3-15)

En una de mis visitas a La India pude comprobar, con  sorpresa,  las características sociales de un país donde musulmanes, cristianos e hinduistas “viven” sus religiones con una clara concepción de que los dioses no son indiscutibles. Cada grupo respeta las creencias ajenas. La historia está consolidada en monumentos,  textos, y palacios que hablan  del pasado, y del respeto de la población por  lo que fuera parte de su historia.

Allí se integra el recuerdo de las  culturas básicas de un país excepcional, con decenas de lenguas y dioses, que vence su miedo meditando y que no concibe una lucha feroz, sino un ascetismo capaz de revolucionar el espíritu. Buena parte de La India es mahometana, y en su territorio  están  las huellas de una población bajo cuyo dominio crecieron las ciencias y las artes, lo mismo que en  su momento ocurriría  en el sur de España debido a  pueblos mahometanos  que venían  del desierto y vieron en el agua la abundancia de un sueño que se transformó en la jardinería más impresionante de la Edad Media. Mahoma era concebido como un profeta de la creación, y jamás concibió el fanatismo que hoy esgrimen algunos de los grupos en los que el mahometismo encuentra en el odio militante una forma de  intentar borrar la historia, es decir de borrar al hombre mismo.

Cuando en la provincia de Nínive, en  el actual Iraq, por solo poner un ejemplo, el yidahismo arremete contra la historia monumental llevándose de encuentro todo aquello que significa  una especie de “error histórico”, como ha acontecido con la bíblica urbe de Dur  Sharrukin, en Jorsabad, uno se pregunta si las excavadoras mecánicas, al levantar las viejas formas monumentales intentan  borrar las culturas que no son sino parte de una tradición que vive, de alguna forma, en los pobladores de un territorio pleno de tradiciones. El yidahismo destruyó el palacio de Senaquaerib, el hijo de Sargón II,  y muchos de los monumentos de la actual Nínive. La arremetida contra aquello que se considera aun tan lejos como el siglo VII antes de Cristo como pasado negativo, está marcada por la odiosa idea de que el ayer sigue siendo una parte de la guerra ideológica. El pretérito es un “peligroso” ejemplo. Estamos en un momento en el que los viejos monumentos de lugares fundadores de muchas de las bases históricas del presente, algunos ya deteriorados por los pasados ataques de los Estados Unidos, conforman  una voz legible que los grupos radicales tratan de acallar. Ellos escuchan esas voces a su modo. El Profeta Mahoma, enmarcando su voz en la Biblia, puede ser interpretado de manera radical puesto que el mismo siguió la máxima que sentencia la negación de los ídolos: “no tendrás dioses ajenos delante de mí”. Aunque esos dioses y creencias son hoy parte de la historia del hombre y del Islam, el radicalismo va contra ellos. Tenemos la suerte de que las culturas asirias, babilónicas, fenicias, están estudiadas por numerosos especialistas y por arqueólogos que han  dejado textos,  planos e interpretación magistral de este periodo histórico que no es del gusto de los militantes del odio. El destino de Nínive parece estar escrito en la propia Biblia  cuando Jehová, como castigo a su descreimiento  decide que debe desaparecer, y Jasón convence a los habitantes de la urbe de asentar sus creencias en la evidencia del Jehová, ahora  enemistado,  dada su posición contra todo aquello que fuera contrario a los designios de su pueblo “elegido”.

En el marco bíblico el llamado “dios de los ejércitos” apuntaba a la desaparición de sus propias creaciones.  Recordemos a Sodoma y Gomorra, donde para muchos el machismo de  Jehová se expresa claramente considerando pecado las acciones de los libertarios de la sexualidad, hombres y mujeres que eran su creación.  Metido de lleno  en la vida cotidiana, Jehová quiere también borrar la historia que emerge su propia creación.

El modelo yihadista  intenta igualmente borrar aquello que para su concepto de la tradición es malsano, se esgrime una moral, para juzgar hoy, un  pasado que vive en la memoria de la humanidad y que  no puede eliminarse atacando los símbolos con ataques a la memoria y a los hechos que forman parte de una realidad sin posible cambio .

Jorsabad es el cuarto sitio arqueológico destrozado, a la vez que saqueado por las milicias que forman parte de una la militancia extremista que desearía borrar la memoria.  No existe para este grupo el rio Leteo de los griegos donde un simple baño eliminaba la misma, pero no la realidad de ella.  La destrucción alcanza los vestigios  de Hatra, Nimrud, y varios museos.

Sin embargo de  esa zona del mundo, nacen, precisamente las leyendas que la Biblia recoge y transforma al modo de pensar hebreo: el diluvio, el arca de Noé, los dos primeros habitantes de la tierra convertidos en  Adán y Eva. Son muchas las coincidencias bíblicas con los textos y La tradición asirio-babilónica dio a los episodios bíblicos seres que se consideraron parte de la creación. El ataque ignorante a estas raíces es, al fin y al cabo, como un boomerang que persigue al pensamiento del Profeta Mahoma, porque en esas raíces está la Biblia en la que el Profeta cifró gran  parte de sus principios.

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