Libros Nacionales

Trujillo: la utilización del Estado en provecho personal (y III)

Rafael Leonidas Trujillo
Escrito por Debate Plural

Alejandro Paulino Ramos (BAGN 141, 2015)

Cuando era necesario seguir llenando los bolsillos del presidente, los soldados, los presos y los empleados siempre estaban presentes, como lo demuestran numerosos informes de oficiales del Ejército. Cito: «Retornado, informando a Usted (…), que de los 261 presos que hay recluidos en las cárceles de Boca Nigua y en la cárcel de esta, no se puede disponer en la actualidad que trabajen 170 presos en la construcción de la nueva fortaleza, por la razón de que muchos de esos presos se encuentran enfermos e inutilizables para el trabajo, y además que de esos 261 hay 33 presos haciendo trabajos en la Finca del Honorable Señor Presidente».31

Mientras que en otro informe se le requiere a los oficiales impartir órdenes de «lugar a cada uno de los oficiales de sus respectivas dependencia, a fin de que estos den sus contribuciones para un regalo que la oficialidad del Ejército hará al General de Brigada Héctor Bienvenido Trujillo Molina (…) consistente en un par de espolines con cadena, todo de oro de 14 kilates, siendo la contribución fijada en la forma siguiente»: coroneles $14.00, Tenientes coroneles 12, mayores 10, capitanes 8, tenientes primero 6, tenientes segundo 4 pesos. Y aclaraba la orden, que ese dinero debía descontarse del sueldo de abril de 1937.32

En cuanto a los empleados, existen en los fondos del Archivo General de la Nación numerosos documentos que demuestran la forma en que el gobierno los despojaba de sus exiguos salarios, pues «en algunas comunes de la República se obliga a los empleados municipales a pagar un tanto por ciento del sueldo que perciben, en provecho de líderes políticos, o para fines políticos»,33 igual sucedía cuando había la intención de construir algunas obras publicas o para adular al tirano, llegándose a descontarle hasta el 5 % por varios meses consecutivos,34 o simplemente eran designados para trabajar en casa de algunos de los familiares de Trujillo, como sucedió en San José de Ocoa con un empleado que fue nombrado y designando para trabajar en la propiedad de la madre de Trujillo.35

Resulta alarmante la forma en que los Trujillo se apropiaban de las propiedades, encubriendo la acción con el nombre de testaferros. Basta con leer la carta enviada por el Lic. Rafael Alburquerque Zayas Bazán a Trujillo en 1937, denunciando a uno de sus familiares. El padre del ex vicepresidente Rafael Alburquerque denunció como salvaje el atentado de que fue victima de parte de Arismendy Trujillo en su bufete de abogado: «Estaba llevando un caso de revisión de fraude de unas 300 tareas en la común de San Cristóbal en contra de Alejandrina Pérez. Hoy en la mañana, acompañado del señor Rafael Dacosta Gómez (a) Chicha, irrumpió en el apartamento privado de mi oficina, el señor J. Arismendy Trujillo Molina, demandándome imperativamente «si había meditado el asunto al enviar la citación para la audiencia, que recibió» (…). Acto seguido se abalanzó sobre mi, en actitud agresiva, mientras decía «que esa propiedad era de él», viendo que yo retrocedía, sacó la pistola que portaba y me lanzó un maquinazo a la cabeza, golpe que recibí en el brazo izquierdo, al defenderme. Entonces, diciendo palabras groseras e insultantes para mi persona, sobó la pistola, me apuntó, y a no ser por la pronta intervención del amigo Lic. César L. Romero, que se interpuso entre nosotros y a quien agarró por el cuello, no se habría evitado la consumación de sus propósitos. (…). Honorable Señor Presidente de la República, por lo que me dirijo a Ud. no con la intención de que Ud. sancione los hechos cometidos, sino con el propósito de que con su garantía, pueda yo quedar a resguardo de posteriores ataques».36

En cuanto al trabajo de los prisioneros, la modalidad llegaba a la esclavitud, pero dejaba muchos beneficios. El oficial de la cárcel informó al comandante en Jefe del Ejército sobre los presos que trabajaban en diferentes lugares, entre ellos en la propiedad de Pedro V. Trujillo M. 51; en la de Romeo Trujillo M., 4; Arismendy Trujillo, 2; en casa de Nieves L. Trujillo de Castillo, 4 y en la Mansión presidencial, 6.37 En otro informe de 1949 se lee: «Para los fines que esa Superioridad estime de lugar, pongo a su elevado conocimiento que los presos José Nicolás Araujo, Enrique Ferreira, José del Carmen Piña y Aurelio Reyes Acosta trabajan en las casas veraniega de nuestro Ilustre Jefe, Generalísimo Trujillo, de Valle Nuevo, Constanza, por orden verbal de él mismo; el preso Augusto Salazar trabaja en la casa del Tte. General Federico Fiallo, E.N., de Jarabacoa, y los presos Gumersindo Durán y Luis Ortega trabajan, con el Coronel J. Arismendy Trujillo Molina, E.N».38

Un trabajo hecho publicar por Félix W. Bernardino, deja totalmente evidenciado la situación de los prisioneros durante la dictadura: «Por consiguiente, en la cárcel de la Fortaleza Ozama los hombres se clasifican por sus conocimientos, empleando en aquellos que posean conocimientos de tales artes. Los agricultores se envían periódicamente a las distintas colonias agrícolas del Estado, de donde hemos visto salir a muchos hombres, luego de haber cumplido su condena, con la preparación necesaria, y habituados a la agricultura. (…). No existiendo materialmente los trabajos forzados que prescriben nuestros códigos, los presos de la cárcel de la Fortaleza Ozama son utilizados en labores que redundan en un beneficio positivo para la sociedad: la construcción de edificios públicos, cuarteles, militares, campos de aterrizaje, limpieza de cuarteles, colonias agrícolas, etc.»39

Por otro lado, Trujillo tenía la modalidad de alquilar muchas de sus propiedades a cuenta del Estado y a precio «consignado en el presupuesto vigente»40 o utilizaba la modalidad de la permuta como un instrumento fraudulento, de modo que obtenía terrenos de buena calidad y entregaba terrenos que no servían para labores agrícolas. En estas acciones no dejaba de participar el Partido Dominicano, instrumentos utilizados para su enriquecimiento, pues a través de él se apropiaba del 10% de los salarios de los empleados del Estado; pero también de las propiedades de muchos dominicanos, que por miedo a la dictadura aceptaban que se les despojase de sus tierras. En 1959, por ejemplo, el señor Juan Henderson recibió una comunicación del Partido Dominicano en la que le informaba: «este organismo ha resuelto conceder al señor Andrés Aybar la suma de RD$100 (cien pesos), en calidad de compensación, por la permuta que de un solar de su propiedad ha convenido realizar con el honorable Ayuntamiento, con el objeto de que su dicho solar sea donado al Partido Dominicano».41 Además de que vendía sus propiedades al Estado a precios exorbitantes, como sucedió con la Finca San Rafael, la cual fue vendida a la Secretaria de Agricultura para el establecimiento de la escuela provincial de Agricultura.42

Los detalles y modalidades de cómo Trujillo utilizaba el Estado para su enriquecimiento ilícito son variados, por lo que me atrevo a sugerir que algún historiador realice una investigación que permita determinar con propiedad inequívoca, la procedencia y el monto de las riquezas de los Trujillo, para que las nuevas generaciones puedan discernir entre la verdad y la mentira, cuando voces agoreras proclamen las famosas bondades de la dictadura. Si estos delitos son los que reivindican los familiares de Trujillo, entonces debemos sentirnos tranquilos, pues ellos son las pruebas del período de corrupción más profundo y prolongado de la historia dominicana.

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