Nacionales Sociedad

A propósito del debate sobre el Código Penal y el aborto

Escrito por Debate Plural
Miguel Núñez (Listin, 24-8-16)

Desde sus inicios, la legalización del aborto ha estado manejada por múltiples intereses e intenciones viciadas. Las encuestas usadas para aprobar el aborto fueron manipuladas, como confesó el Dr. Bernard Nathanson, ex-abortista y conocido originalmente como el rey del aborto. Este afamado gineco-obstetra abandonó esta práctica después de haber sido responsable de unos 75,000 abortos realizados en la clínica que dirigía en la ciudad de Nueva York. El Dr. Nathanson menciona cómo se diseñó toda una estrategia para convencer a la población en favor del aborto, incluyendo: 1) el convencer a la prensa de que el aborto era una idea sofisticada y liberal; 2) el encontrar personas que dijeran que estaban a favor del aborto, aún siendo católicas y 3) el suprimir toda verdad científica de que la vida comienza en la concepción (Nathanson, Bernard. “Confessions of an Ex-Abortionist” In The Hand of God: A Journey from Death to Life by the Abortion Doctor Who Changed His Mind, Life Cycle Books, Ltd. 1996.)

Con relación a la mortalidad materna mucho se ha hablado de la necesidad de legalizar el aborto para poder reducir este índice en nuestro país y en los países en vías de desarrollo. Sin embargo, estudios realizados, en más de una ocasión, reflejan que la no mortalidad materna nacional depende en gran manera del mejoramiento de la calidad de los servicios prestados. A continuación citamos dos estudios diferentes realizados en el año 1999 y el siguiente, aún mas reciente, en el año 2007.

En el año 1999, por la Organización Mundial de la Salud, la UNFPA, UNICEF y el Banco Mundial, publicaron resultados de un estudio que claramente revela que el aborto no es la causa primaria de la mortalidad materna en República Dominicana y en naciones como la nuestra. Sin embargo, el aborto se sigue citando como una de las causas principales, sin considerar otros factores de suma importancia. En este estudio los investigadores hacen las siguientes observaciones sobre las causas principales que contribuyen a la mortalidad materna:

1) Deficiencia en la calidad de los servicios. Solamente un 53% de las mujeres en los países en desarrollo reciben asistencia por parte de un personal médico entrenado durante el parto. (Nota: enfermeras graduadas o médicos con exequátur no califican necesariamente como personal entrenado para efectuar partos. 2) La mala nutrición, que contribuye a que muchas mujeres no alcancen la estatura adecuada durante su desarrollo. Esta baja estatura la predispone al riesgo de una labor obstructiva al momento del embarazo. 3) Anemia, la cual es muy común en países como el nuestro. 4) Deficiencia severa de Vitamina A; 5) deficiencia de yodo; 6) deficiencia (documentada) de calcio, que aparentemente aumenta el riesgo de desarrollar eclampsia y pre-eclampsia.

Las recomendaciones de este estudio citado más arriba -y de muchos otros estudios- hablan de que para reducir la mortalidad materna se hace necesario:

a) Aumentar el nivel de educación de las comunidades donde muchas de las mujeres embarazadas se encuentran viviendo; b) mejorar el sistema de referimiento de salud; c) mejorar los recursos humanos disponibles para la atención de estas mujeres embarazadas; incluyendo el entrenamiento de parteras a un nivel mucho más elevado; d) una mejor educación del personal médico que atiende a estas mujeres al llegar a los hospitales públicos; e) el desarrollo de protocolos para manejar las emergencias obstétricas, y f) el análisis de los casos de muertes de embarazadas para su futura revisión y corrección.

Un estudio más reciente realizado en el año 2007 en nuestro país por el Dr. Eddy Pérez, M.P.H., M.S.P.H., Ph.D., como investigador principal, concluyó que existe en la actualidad “una situación crítica en lo que respecta a la calidad de la atención de las embarazadas y de los niños menores de un año en centros de atención primaria de la República Dominicana. Resulta preocupante, el hecho de que sólo un 8% de los proveedores de salud cumplió con lo estipulado en las guías nacionales del primer nivel de atención sobre los procedimientos a seguir en las embarazadas que acuden a centros de atención primaria, y que ninguno de los médicos reunió los criterios para considerar una adecuada calidad de atención en los niños menores de un año, sobre todo porque la atención primaria se considera como uno de los pilares en la reducción de la mortalidad materno-infantil”, (Dr. Eddy Pérez Then, Director del Centro Nacional de Investigaciones en Salud Materno Infantil (CENISMI), la Dra. Ana Gómez, investigadora asociada al CENISMI; Calidad de atención a la embarazada y al niño sano en centros de primer nivel de atención de las regiones de salud de III, IV, V y VI de la República Dominicana, abril 2008).

El estudio realizado por la OMS, la UNFPA, UNICEF y el Banco Mundial mencionado más arriba,  comenta acerca de una disminución significativa de la mortalidad materna en Suecia en los años de 1800, simplemente con la introducción de una partera con cierto entrenamiento; esto mismo ocurrió en Dinamarca, Japón, Noruega y Holanda.

Cuando revisamos la historia de lo que ocurrió en el Reino Unido nos damos cuenta que la mortalidad materna para el año 1840 era de 400 muertes por cada 100 mil embarazos. Para 1920, poco menos de 100 años después, se introdujo el cuidado pre-natal, lo cual redujo la mortalidad materna significativamente. Y para los años 1950 y 1960, antes de la legalización del aborto, con la introducción de antibióticos, transfusiones de sangre y de procedimientos quirúrgicos se pudo reducir la mortalidad por debajo de 50 muertes por cada 100 mil embarazos en el Reino Unido, cifra tres veces menor que la mortalidad materna de muchos de los países del Tercer Mundo, sin ni siquiera mencionar la palabra aborto. La mortalidad materna de República Dominicana se estima por encima de 100 muertes de madres embarazadas por cada 100 mil embarazos. De nuevo, en 1960 el Reino Unido había reducido esta mortalidad a menos de la mitad de este número sin recurrir al aborto.

En Chile, donde el aborto no es legal, la mortalidad materna sigue estando por debajo de 20 muertes de madres embarazadas por cada 100,000 embarazos, cifra comparable a la de Estados Unidos. En algunos años la inmortalidad materna de Chile ha estado por debajo de la de Estados Unidos sin la aprobación del aborto. NO PODEMOS CONTINUAR MINTIENDO A LA POBLACION: es posible disminuir la mortalidad materna significativamente sin legalizar el aborto.

Algunos han argumentado que los abortos debieran legalizarse porque de cualquier manera estos se han venido realizando. Si usamos esa lógica, entonces debiéramos legalizar las drogas, las violaciones, los robos y todo tipo de crimen que se vienen realizando en la sociedad de hoy. Esta lógica es inconsistente y altamente peligrosa.

Por otro lado, se ha hablado de la necesidad de aprobar abortos en algunos casos extremos, como sería el caso de las violaciones; sin embargo las estadísticas mundiales de las mejores fuentes revelan que el porcentaje de abortos que ocurren como causa de violaciones representa menos de un 1%. Se estima que mundialmente se abortan aproximadamente 56 millones de fetos al año (2014); el 1% de esta cantidad representa 560 mil fetos abortados. ¿Estamos diciendo que estamos dispuestos a quitarle la vida a más de 55 millones de seres humanos, debido a la ocurrencia de menos de un 1% de embarazos debido a violaciones? El caso es todavía peor, porque sabemos que en muchos de estos casos de violaciones la madre tampoco está dispuesta a llevar a cabo un aborto, de manera que el número se reduce aún más.

El hecho de que un ser humano sea concebido producto de una relación incestuosa o de violación sexual no degrada dicho ser humano a una categoría inferior. En ese sentido, permitir el aborto bajo ciertas circunstancias es una clara discriminación contra un ser humano, en función de la condición en la cual fue concebido y esto es inmoral. De hecho, todo ser humano es creado a imagen y semejanza de Dios y tiene valor por ese hecho, independientemente de la forma en que fue concebido.

Si bien un incesto o violación sexual, que lamentamos profundamente que ocurran, son acciones que deben ser penalizadas, sería una injusticia hacer que un ser que no es responsable de dicha acción termine pagando por ello. Resulta una ironía cruel que en nuestro ordenamiento jurídico los violadores e incestuosos no reciban la pena de muerte por sus crímenes y que, sin embargo, se pretenda condenar a los hijos concebidos mediante dichos actos a la pena capital.

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