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Ricardo Sánchez Lustrino, un precursor olvidado (II)

José Enrique Rodó
Escrito por Debate Plural

Diogenes Cespedes (Filosofia dominicana: pasado y presente, tomo I)

Históricamente estas formas darán lugar a dos tipos de socialismo: el autoritario (en Marx) y el libertario (en Bakunin). El anarquista «invierte el trayecto universalista de Marx» y «ve en el Estado de Marx el Estado alemán, es decir, la continuidad hegeliana, «pero también, culturalmente, en Marx, un alemán». Con esta reflexión, Bakunin.

Pone al descubierto una relación entre la especificidad nacional y el Estado que Marx ahoga por medio de la ciencia de la historia universal. 14

Es el imperio de la fuerza lo que Sánchez Lustrino separa del Estado al separar al tirano de su rol político y considerarlo como el hombre genéricamente aislado de lo social:

Porque los muchos, débiles, impotentes, menesterosos, necesitan unirse para ser fuertes. Contra el Tirano se reúnen para cometer la cobardía de los débiles. Como gorriones y en patrulla atacan los débiles. De aquí que yo aplauda al Tirano cuando el Tirano tiraniza merced a sus bríos y a su responsabilidad de hombre como hombre y no como Tirano. De aquí que yo sublimice al anarquista que vuela al Tirano como Tirano; porque el anarquista, como hombre y como solo que ataca al Tirano, es superior al mismo Tirano cuando es hombre, porque obra como hombre y como solo, atenido únicamente al valor que saca de sí, sin más apoyo que su resolución y su voluntad de libre conciencia.15

Aunque el sujeto sea único y contradictorio, nunca está solo porque guarda una relación indisoluble con lo social, lo colectivo. Es un error hacer la separación que opera Sánchez Lustrino, quien sin embargo, plantea esa relación con lo social cuando se define como sujeto:

Soy complejo porque soy conciencia necesaria e inmanente de los actos de los demás reflejados en mí, del derecho de unión y socialibilidad, del mundo que me rodea: soy importantísimo fruto de mis ideas, de mis determinaciones y de mis innatas tendencias, cuando vense halagadas o zaheridas (…). 16

Y pone por encima de todo el amor a la vida, dentro del complejo optimismo-pesimismo en el cual cree:

Pues yo vivo porque nací y obro porque vivo; sin embargo, voluntad propia poseo (…) Amo el positivismo, el espiritualismo y todas las sectas religiosas o científicas en sus cosas buenas: me pertenezco…Comulgo con mi conciencia ante el altar de mi yo nacido y mi yo formado: tengo criterio (…) No acepto imposiciones que me humillen, soy libre pensador sin afiliación con libres pensadores. 17

Este afianzamiento y reforzamiento de la subjetividad plantea al sujeto radicalmente metido de lleno en la vida, en su sociedad, para la cual concibe una política. De ahí la relación de Sánchez Lustrino con el socialismo libertario y con un comunismo de tipo primitivo que, aunque invoca a Marx, no tiene el mismo ritmo ni la misma estructura que el marxismo

Viniéndole al anarquismo su teoría del Estado de Rousseau y Hegel, al igual que a Marx, vimos que la distinción entre ambas concepciones comienza en el tipo de organización que se dan.

En efecto, tal distinción va a implicar una posición matizada, de apertura, en cuanto a la concepción del sujeto en el anarquismo con respecto al marxismo, pero sobre el lenguaje, el poema y el arte ambas doctrinas coincidirán en su visión instrumentalistas que les viene de la metafísica del signo de Hegel. Una teoría del poder es correlativa a la del lenguaje, la historia, el poema y el sujeto. Para los anarquistas organizar la sociedad a partir de las asociaciones obreras y de las federaciones implica una concepción del poder que va pareja con la del sujeto. Poderes múltiples para debilitar toda forma de Poder único y absoluto. Pero las asociaciones y federaciones organizan la sociedad en virtud de un pacto, lo cual introduce el convencionalismo de Rousseau y el problema del principio de representación: el obrero que accede a posiciones burocráticas de poder no representa a nadie, sino a su pretensión personal de gobernar a los obreros, por lo cual pierde su condición de tal.

Sánchez Lustrino manifiesta su concepción del lenguaje y del Estado bajo la modalidad de la ausencia entre signo y objeto, que es la convención y el antiarbitrario de la metafísica:

Cuando se interpretan las frases por su sentido filológico, perteneciendo ellas a una filosofía, la marcha segura de las cosas sufre torceduras y adulterios: porque el origen de las cosas es tan convencional como todo lo que tenemos aceptado de viejo, siendo esto y lo otro en la filosofía del lenguaje pura fórmula, ficción corriente, signos arbitrarios (,) necesidad.18

Cuando el lenguaje es considerado bajo esta perspectiva no puede ser otra cosa que instrumento incapaz de comunicar o decirlo todo, pero él comunica tanto que le permite a Sánchez Lustrino decir que no comunica. En esta teoría metafísica no hay teoría del sentido ni del discurso, sino una oposición dualista entre lenguaje ordinario y lenguaje poético:

El lenguaje es incapaz de traducir psicológicamente literal, el sentir amplio y libre de nuestro yo (…) Queremos decir una cosa y manifestamos otra. Hoy pensamos esto y mañana estotro (…)19

En esta concepción sólo la poesía es capaz de decirlo todo porque ella no sería lenguaje ni signos, sino algo inefable, expresión de lo íntimo, de lo particular privado: «Hay cosas que sólo se dicen sintiendo.»20

Si el lenguaje es instrumento para Sánchez Lustrino, el arte lo será también. Su concepción del arte es la misma de Tolstoi, es decir la palabra como uno de los instrumentos de unión entre los hombres, y por consiguiente, del progreso (…)21

El arte es visto como un racionalismo. Y éste es universal, por eso Sánchez Lustrino rechaza la teoría del criollismo de F. García Godoy, que éste retoma de Ugarte y Rodó, quienes a su vez lo acogieron de Remy de Gourmont y su sudamericanismo. Sánchez Lustrino, a quien deberían seguir más tarde los postumistas y luego los sorprendidos con su «poesía dominicana con el hombre universal», decía:

al arte no se le debe apreciar circunscritamente, sino con el alma, cantando a las cosas según el estado de ánimo (…)22

Prefería en este sentido a Deligne frente a Byron el del burro:

De aquí que crea y conciba un arte mundial: «Yo» en las cosas y las cosas en «Mí», sin adaptar mis simpatías a una sola cosa, el terruño por ejemplo (…)23

Y concluía así:

El arte es la expresión del alma manifestada por medio de ideas y pensamientos, y ni al alma, ni a las ideas, ni al pensamiento no es permitido obstaculizar en sus arranques íntimos.24

Esta sería una poesía de la subjetividad del yo, no de su transubjetividad. Es decir, como teoría, porque la práctica puede ser otra. Pero una poesía pensada así es la del «impudor del yo», como dice Meschonnic.

Sánchez Lustrino, por derivación de la filosofía nietzscheana, deviene en primer lugar anarquista y en segundo lugar partidario del socialismo, combatiente por esos ideales y se enfrenta a toda una intelectualidad adocenada que venía repitiendo los ataques que ya Báez y Luperón habían lanzado contra esas doctrinas:

Me parece que no hay para qué difamar a los socialistas y anarquistas de crapulosos… Se debe hacer lo bueno hasta el grado de hacer resaltar lo malo, sin estar perdiendo el tiempo en intrigas, sin vivir eternamente rumiando calumnias como ciertos doctores y hombres de leyes (…) Y nada de que los anarquistas sólo asesinan (…) Nada de eso: entre los cristianos existen los suicidas de la vida plena: ermitaños, trapenses, monjas y místicos; entre los anarquistas los hay que cometen contra el capital y los poderes, embriagados por la libertad que aman y predican (…)25

Contra intelectuales y políticos defensores del orden establecido se insurge Sánchez Lustrino, pero sobre todo contra los oportunistas:

Ahora, entre esas medianías hueras que levantan hojarascas con la unión social, he visto a sociólogos, políticos, socialistas, etc., que, fuera del lucro individualista, apartados de lo que no han podido conseguir, el uno predica moralidad, el otro aclama justicia y libertad y el otro igualdad y justicia, mientras el uno viene a formar parte tal vez honorífica de algún centro de recreos pervertidores, el otro a ser diputado o ministro y el otro banquero o industrial; y es porque el bienestar particular ahoga todo bienestar colectivo(…) Ellos dirán como se les reclamen las ideas de bien que venían predicando: «Chico, nada se hizo ni se hará con protestar (…) Pero no por eso hemos claudicado, no! eso nunca! Pero esperamos a que las cosas estén lo suficientemente preparadas. ¡Eterna canción!26

Contra Ramón Emilio Jiménez y el círculo de Santiago escribió la quinta parte de su libro. Para defender su socialismo proudhoniano y cristiano primitivo señala:

Pero el socialismo no es armonía, estimado Jiménez; porque el socialismo, exclama Mermeix es, pues, sinónimo de revolución, y el verdadero socialista tiene que ser revolucionario o no ser socialista, ofreciendo la propaganda una múltiple enseñanza moral: la de hacerle ver a los capitalistas la injusticia atroz que cometen con la explotación a que se dedican; a los proletarios, que la causa verdadera y única de su miseria radica en la propiedad individual; a las inhumanas tiranías y a los gobiernos, la libertad y la igualdad ante una nueva Sociedad, que mejor puede llamarse Asociación; por eso en la Sociedad actual, ¡oh poeta! los individuos buscar la unión por parapetar sus individualismo (…); mientras que en la Asociación obrera los yoístas se unen para hacer el bien de todos (…)27

Y termina su reflexión sobre el socialismo, relacionando la modernidad de su época con el comunismo primitivo:

Y así debe seguir, (la Asociación, DC) sin aceptar en su seno a los curas, que viendo pierden terreno en sus especulaciones, han querido cristianizar las asociaciones obreras; porque si las prácticas socialistas son el principio humano de Jesús, siguiendo esos principios los obreros, con ellos respetan a Cristo y adoran a Dios. Pues si Proudhon dijo que la propiedad era un robo, repitiendo lo que Stirner y Marx, éstos no hicieron más que seguir los apostolados de San Basilio, San Jerónimo, San Clemente y San Ambrosio, que escribió: «¿Qué es la propiedad si no un robo?»28

¿Tiene entonces validez lo que escribió Sánchez Lustrino durante el gobierno de Cáceres-Velásquez?:

El pueblo espera siempre de los que toman el navío patria como piratas un apoyo para su soberanía, la excelsitud en la enajenabilidad del terruño, y el respecto a la justicia, y lo que siempre encuentra en una bancarrota de desastres administrativos: la finanza hecha un lío con marcado personalismo económico; la justicia un mito con tira y afloja por pasiones del Foro y centralización Superior; el sistema policial una hecatombe, una chiquera de delincuentes y cerdos (…)29

A más de 70 años de este escrito, si tiene validez hoy es porque desde allá hasta acá sólo ha habido promesas y Sánchez Lustrino constata por qué:

…para llevar a efecto sus deseos (los políticos, DC) se valen de doctrinas humanitarias y reorganizadoras, de planes filantrópicos y democráticos, de promesas y reconstrucciones sociales o gubernamentales, y el pueblo cree y acepta las proclamas; pero en la espera de lo ofrecido queda (…)30

¿Cuál sería, según nuestro pensador, el resultado?:

El escepticismo será la religión del dominicano, porque el soñar y el esperar causan tedio a la postre.31

Casi a un siglo de distancia, ¿cuál fue el destino de estas ideas socialistas y anarquistas?

Acerca del autor

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