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La reificación en Georg Lukács (III)

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Escrito por Debate Plural

Miguel Saez (Filosofia dominicana: pasado y presente, tomo I)

Todo este esquemático recorrido por las obras de Marx era necesario para poder responder a la pregunta clave que nos hicimos al principio de este apartado y a las consecuencias también.

La teoría de la alienación aparece prácticamente en todas las obras de Marx. Es falso que no aparezca en sus grandes obras económicas como Grundrisse, El Capital o la Contribución.

La teoría de la alienación es una teoría histórica y socioeconómica. Antes de los Manuscritos se movía en coordenadas antropológico-filosóficas; en los Manuscritos comienza la variación hacia lo socio-económico y a partir de ahí se va enriqueciendo progresivamente.

Lo anterior no implica que tengamos que hablar de una teoría antropológica o filosófica, una histórica y finalmente una socio-económica de la alienación en Marx. Esa tricotomía se presta a malas interpretaciones de corte fixista o a «rupturas epistemológicas» altamente polémicas.

Finalmente, a una de las preguntas secundarias en torno a si la teoría de la alienación de Marx se limita al modo de producción capitalista, hay que responder claramente que no. En varias obras y especialmente en La ideología alemana, Marx sitúa la alienación desde los finales de la comunidad primitiva. En efecto, como señala Mandel:

Con los lentos progresos de la productividad social del trabajo aparece un excedente económico. Se crean las condiciones materiales del cambio, de la división natural del trabajo y de la producción mercantil. En esta, el individuo está alienado de su producto y de su actividad productora (…)22

Si a lo anterior añadimos la consiguiente división de la sociedad en clases se completa el panorama de la alienación económica con la social, la política (aparición del Estado) y la ideológica. La alienación en toda su complejidad se extiende por todo el modo de producción esclavista y feudal para culminar en el capitalista con unos matices muy peculiares que tendremos que analizar en el próximo apartado.

Lo anterior no significa que la comunidad primitiva fuera una especie de paraíso. Unicamente que el trabajador estaba ligado a su producto, a sus medios de producción y a su acto productivo, todo lo cual no le era ajeno sino propio. En la comunidad primitiva la alienación provenía de:

–El escasísimo desarrollo de las necesidades, lo que obligaba al hombre a ver en la naturaleza un alienum pródigo o amenazante a la vez.23

-El escaso desarrollo de las fuerzas productivas, especialmente los instrumentos, lo que imposibilitaba el dominio de casi nada de la Naturaleza. Esto conllevaba a una visión antropomórfica de la Naturaleza con la consiguiente exteriorización de las potencialidades del hombre en fuerzas extrañas y superiores a él.

Todo esto conllevaba una fuente de alienación con respecto a la Naturaleza con sus manifestaciones ideológicas, religiosas, etcétera.

De manera que la comunidad primitiva no era un paraíso, pero no existía la alienación del hombre por el hombre y de éste por sus productos.

Supuesto este análisis (que ha resultado demasiado largo) del concepto de alienación en Marx, haciendo énfasis en las relaciones de producción, es que podemos entender la reificación como la alienación típica del sistema capitalista, con sus matices propios que no se dan en anteriores modos de producción.

Para profundizar en esa especificidad de la alienación del capitalismo, debemos comenzar analizando las relaciones capitalistas de producción y en concreto lo que Marx llamó «el fetichismo de la mercancía». En efecto, Lukács señala certeramente:

No es en modo alguno casual que dos grandes obras maduras de Marx dedicadas a exponer la totalidad de la sociedad capitalista… empiecen con el análisis de la mercancía. Pues no hay ningún problema (del capitalismo) que no remita, en última instancia, a dicha cuestión y cuya solución no haya de buscarse en el enigma de la estructura de la mercancía (…) El problema de la mercancía aparece (…) como problema estructural central de la sociedad capitalista en todas sus manifestaciones… sólo en este caso puede descubrirse en la estructura de la relación mercantil el prototipo de todas las formas de objetividad, y de todas las correspondientes formas de subjetividad que se dan en la sociedad burguesa.24

Lukács no se propone repetir el análisis que hizo Marx sino que lo presupone y, apoyado en él, se limita a analizar los problemas fundamentales que resultan del carácter fetichista de la mercancía como forma de objetividad y los comportamientos subjetivos correspondientes.25 Lukács lo presupone pero nosotros tenemos que detenernos en ese análisis.

  1. El fetichismo de la mercancía

El análisis que, sobre este punto, realiza Marx en El Capital comienza señalando que no hay que ver la mercancía como algo simple y evidente en sí misma; su naturaleza es muy compleja, «llena de sutilezas metafísicas y de argucias teológicas».26 Si en la mercancía consideramos su valor de uso no hay nada misterioso en ella, ya que sirve para satisfacer determinadas necesidades humanas y sus propiedades son producto del trabajo humano. De manera que «su misterio no proviene de su valor de uso, ni tampoco de los caracteres que determinan su valor».27 Porque, en efecto, su valor viene determinado por la energía física o cerebral invertida; y la cantidad de esa energía es medida, de una u otra forma, por el tiempo necesario para producir la mercancía.

Entonces, cuál es la fuente del carácter enigmático del producto del trabajo tan pronto como reviste la forma de mercancía, se pregunta Marx. Y responde: «Proviene evidentemente de esa misma forma» y, a continuación Marx comienza a detallar la transformación que la forma mercancía opera:

El carácter de igualdad de los trabajos humanos adquiere la forma de los productos del trabajo; la medida de los trabajos individuales según su duración adquiere la forma de la magnitud de valor de los productos del trabajo; finalmente, las relaciones de los productores, en las cuales se afirman caracteres sociales de sus trabajos, adquiere la forma de una relación social de los productos del trabajo.28

Difícilmente encontraremos una forma más clara y precisa de explicar la alienación de los productos, de los productores y de sus relaciones que la expuesta en el texto anterior por Marx. Aquí reside la raíz de la alienación típica del capitalismo, la reificación. Y con razón Lukács insiste, usando la cita anterior del Marx, en que ahí ya está descrita la reificación, aunque no se use el término. Y para que aún quede más explicito, Marx vuelve a formularlo de la siguiente forma:

Difícilmente encontraremos una forma más clara y precisa de explicar la alienación de los productos, de los productores y de sus relaciones que la expuesta en el texto anterior por Marx. Aquí reside la raíz de la alienación típica del capitalismo, la reificación. Y con razón Lukács insiste, usando la cita anterior del Marx, en que ahí ya está descrita la reificación, aunque no se use el término. Y para que aún quede más explicito, Marx vuelve a formularlo de la siguiente forma:

El misterio de la forma mercancía consiste simplemente en que presenta a los hombres los caracteres sociales de su propio trabajo como caracteres objetivos de los productos mismos del trabajo y, por tanto, también la relación social de los productores como una relación entre objetos que existen al margen de ellos. Por obra de este quid pro quo los productos del trabajo se convierten en mercancías (…) Es pura y simplemente una determinada relación social entre los hombres lo que asume entonces para ellos la forma fantástica de una relación entre cosas.29

Para bautizar este fenómeno, Marx busca una analogía en el mundo religioso donde los productos del cerebro humano aparecen como realidades independientes que se levantan contra el hombre: se convierten en fetiches. De una manera análoga, «lo mismo sucede en el mundo de las mercancías con los productos de la mano del hombre» que, una vez que se presentan bajo la forma mercancía, se parecen a los fetiches. Este es el fetichismo de la mercancía, inseparable del modo de producción capitalista.

Este fenómeno de la reificación es algo exclusivo del capitalismo, y se intensifica cuanto más se desarrolla ese modo de producción. En modos de producción anteriores hubo tráfico 28 Ibídem, p. 75. 29 Ibídem. Lusitania Tomo I.indb 86 18/11/2009 10:06:17 a.m. Filosofía dominicana: pasado y presente 87 de mercancías, pero ésta no era la forma predominante de los de los productos del trabajo. Por ejemplo, el mercader precapitalista trafica con mercancías, pero no controla ni a los productores ni el proceso de la producción.

Es en el capitalismo que la forma mercancía llega a su dominio universal. El mismo Marx hace una comparación con la Edad Media, o sea, con el modo de producción feudal, en el cual la dependencia personal caracteriza tanto las relaciones sociales de la producción como las demás esferas de la sociedad a las cuales sirve de fundamento. Y concluye:

Los diversos trabajos y sus productos no tienen necesidad de tomar un aspecto fantástico distinto de su realidad. Se presentan como prestaciones, servicios y pagos en especie. La forma natural del trabajo, su particularidad (…) es también su forma social (…) Por tanto, de cualquier forma que se juzguen las máscaras que llevan los hombres de esta sociedad, las relaciones sociales de las personas en sus trabajos respectivos se revelan claramente como sus propias relaciones personales, en vez de disfrazarse de relaciones sociales de las cosas, de los productos del trabajo.30

Este último texto sirve también para aclarar que en el feudalismo se da alienación, claro está, pero no se da reificación. Y la razón es clara: los productos del trabajo humano no adquieren, de una manera generalizada, la forma de mercancías. Hay diferencia, por tanto, entre alienación y reificación.

Quisiéramos resumir este apartado sintetizando la diferencia que existe entre la alienación y la reificación tal como aparece en los tres textos citados de Marx. Cuando el producto adquiere la forma mercancía se opera un quid pro quo que podemos esquematizar así:

Los caracteres sociales de los trabajos humanos adquieren la forma de los caracteres de los productos de ese trabajo.

Las relaciones sociales entre los productores adquieren la forma de una relación social entre los productos del trabajo.

Los productores adquieren la forma de productos: su fuerza de trabajo se compra como una mercancía, mediante un precio (salario) y con un contrato.

En definitiva, que los productos, el trabajo y el propio productor aparecen ante él bajo la forma fantástica de cosas: es la cosificación o reificación.

Es evidente que para que se opere este quid pro quo alienador se necesita:

Que el producto del trabajo adquiera la forma de mercancía. Al entrar los productos en el intercambio se hacen valores de cambio. Entonces, para poder realizarse como valores de uso deben hacerlo como valores de cambio. El valor de uso queda alienado.

Que la mercancía sea la forma generalizada y universalizada en todo el modo de producción. Y esto es evidente que sólo se da en el capitalismo, aunque en otros modos de producción anteriores hayan existido mercancías. Toda reificación es alienación, pero no al revés.

  1. La racionalidad

Hasta aquí hemos expuesto, en síntesis, la raíz de la reificación en el «fetichismo de la mercancía». Pero debemos analizar algunos elementos de esta síntesis. Para ello vamos a utilizar la categoría de «racionalidad» que Lukács toma de Weber, ya que piensa que el principio que dirige el proceso de reificación capitalista es la «racionalidad»

Con la categoría de racionalidad, Weber pretendía, frente a otras explicaciones sociológicas de principios del siglo pasado (por ejemplo, los aspectos demográficos, mercantiles, éticos, etc.) dar cuenta del carácter específico del capitalismo.

En términos generales, racionalización significa la programación y planificación de la vida humana por medio de sistemas científicamente calculados. De manera que implica la operación de adaptar los comportamientos humanos a las exigencias de sistemas autónomos, previamente calculados. Supone una disposición calculada de medios afines y un control de la conducta por medio de patrones que respondan únicamente a la eficiencia y la seguridad.

En Lukács la racionalización es un resultado de la expansión del capitalismo como sistema económico.

Una manera concreta de ver esta creciente racionalización es –piensa Lukács–31 «estudiando el camino recorrido por el desarrollo del proceso de trabajo desde el artesanado, pasando por la cooperación y la manufactura, hasta la industria maquinista». Esto trae como consecuencia –dice Lukács–32 en primer lugar, que el proceso del trabajo, de la producción es reificado. En efecto, la racionalización sólo se logra mediante una descomposición de las partes que componen el proceso de producción, rompiendo así el proceso unitario que era el acto productivo. Viene la consiguiente especialización creciente. El trabajador no domina ni siquiera conoce el proceso completo de elaboración de un producto sino una parte cuya conexión con el todo ignora y que repite mecánicamente. El proceso de producción le aparece como algo misterioso, fuera de su control y opuesto a él.

En segundo lugar, y como consecuencia de lo anterior, el propio resultado del proceso, el producto, se ha reificado. La unidad del producto en cuanto a mercancía no coincide ya con su unidad como valor de uso. El producto aparece ante el productor como una casualidad de múltiples acciones productivas, no como una objetivación suya. El producto es una realidad extraña para el productor que, incluso, se le enfrenta en la medida que es apropiada por el burgués.

En tercer lugar, el productor queda reificado, como consecuencia de los dos procesos anteriores. En efecto, a consecuencia de la creciente racionalización del trabajo, se observa una progresiva eliminación de las propiedades cualitativas, humanas e individuales del trabajador. Incluso con la descomposición «psicológica» del trabajo (Lukács se refiere al sistema Taylor) la mecanización racional penetra hasta en el psiquismo mismo del trabajador, de forma que sus peculiaridades psicológicas son separadas de su personalidad para objetivarse, con la finalidad de insertarlas en sistemas racionales especializados y reducirlas al cálculo. Quedan no sólo alienadas sino reificadas.

Ni objetivamente ni en su comportamiento con respecto al proceso del trabajo aparece el hombre como sujeto, sino como objeto o cosa que queda insertado, como parte mecánica, en un sistema que se le presenta como completo y que funciona con plena independencia de él y a cuyas leyes tiene que someterse, sin voluntad, en una actitud pasiva y contemplativa. El hombre queda plenamente subordinado a la máquina, es un elemento más, una cosa más del proceso de la producción. Y como la forma de insertarse el trabajador en la producción es aportando su fuerza de trabajo, esta es reificada también en la medida en que, mediante un contrato, es comprada como una mercancía más, por un precio, el salario.

Se podría seguir abundando en esta triple reificación pero creemos que así queda suficientemente esbozada.

Con esto queda analizada la reificación de la estructura económica en el capitalismo.

Esta forma peculiar que la alienación adquiere en el capitalismo, esta forma alienada tan peculiar que adquiere la existencia social tiene, como es evidente, su reflejo peculiar en el resto de la estructura social capitalista. Porque, como señalaba Marx, a título de principio general en La ideología alemana: «La conciencia no puede ser otra cosa que el ser consciente y el ser de los hombres es el proceso de su vida».33 O como dirá en el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política: «El ser social determina la conciencia social». Ese reflejo será una conciencia contemplativa, despersonalizada, de sumisión y aislamiento atomizado, de pasividad e impotencia. En definitiva, una conciencia reificada en sí y reificante.

Pasemos pues a analizar la reificación en la supraestructura.

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