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La memoria y el olvido

La memoria y el olvido
Escrito por Debate Plural
Juan Daniel Balcácer (Listin, 29-11-17)

Fue en el siglo XIX cuando la Historia adquirió categoría de ciencia social, en tanto que discurso narrativo que describe, explica, valora y procura comprender las causas y consecuencias el devenir del hombre en sociedad. En el decurso de esa misma centuria, y tras el surgimiento del Estado-nación, la Historia, como práctica epistémica, fue institucionalizada en diferentes niveles del sistema escolar con el fin de formar ciudadanos orgullosos de las glorias del pasado de su país y que, por tanto, pudieran asimilar una firme identidad nacional. Los historiadores, para reconstruir el pasado, fundamentan sus investigaciones sobre fuentes fiables de diversas índoles. Sin embargo, al momento de reunir la data gracias a la cual podrán reconstruir determinados acontecimientos, no les es dable trabajar con toda la información existente, razón por la cual se verán precisados a seleccionar aquellas huellas o evidencias que más les interese, al tiempo de desestimar otras que les aportarán escasa o ninguna información relevante.

La historia escolar. Es en ese proceso heurístico y hermenéutico de la construcción del discurso histórico en el que se producen los textos de historia patria, por citar un tipo específico de aproximación al pasado, debido a que los libros de historia escolar constituyen la fuente esencial para que un determinado colectivo internalice y recuerde de manera permanente los acontecimientos y personajes más relevantes del pasado. La Historia patria, por tanto, deviene un componente fundamental en la construcción de la memoria social, esto es, la memoria colectiva; y en la misma medida en que el historiador, a través del discurso histórico, contribuye a la configuración de la memoria social, en esa misma proporción también puede generar olvido respecto de trascendentes episodios y personajes sobre los que determinados sectores o grupos, enquistados o no en la maquinaria del Estado, podrían incidir para que no sean conocidos ni recordados por las jóvenes generaciones del presente y del porvenir. La memoria suele ser selectiva y algunos especialistas han identificado dos tipos de olvido, uno constituyente y el otro excluyente. El olvido constituyente es consustancial al recuerdo, algo así como una de sus caras o su anverso; mientras que el olvido excluyente es selectivo en sentido negativo, toda vez que existe una voluntad de excluir, de suprimir aspectos, hechos, personajes que se quiere sumergir en zonas profundas del inconsciente colectivo. El olvido excluyente es, pues, una parte fundamental del ejercicio del poder político, sobre todo en los regímenes autoritarios en los que rige una norma -a veces no escrita- acerca de lo que no puede ni debe hablarse. Recuérdese la célebre frase de George Orwell: “quien controla el presente, controla el pasado.”

Casos de olvidos excluyentes. Un caso típico de olvido excluyente es el que se han propuesto fomentar algunos historiadores alemanes y norteamericanos quienes, bajo la égida de una supuesta corriente histórica revisionista, sostienen que no existió el exterminio de los judíos perpetrado por el nazismo y el fascismo durante la Segunda Guerra Mundial. Es más: hay autores que hasta han puesto en duda que unos 6,000,000 de judíos fueron exterminados en lo que se ha llamado la Shoa, la catástrofe, argumentando que los responsables de los crímenes cometidos en los Lagers o campos de concentración (como los que existieron en Auschwitz, Birkenau, Dachau o Buchenwald), no deben buscarse únicamente en el alto mando del Tercer Reich debido a que, según dicen, también hubo militares científicos nazis quienes de manera particular se excedieron en sus funciones y cometieron barbaridades que luego fueron injustamente atribuidas al Fuhrer. Quienes enarbolan teorías tan descabelladas soslayan, y no de manera inadvertida, que el holocausto de los judíos durante la segunda guerra mundial fue consecuencia de un aberrante sistema político específico, el nazismo-fascismo, con el que se identificaron todos los que condujeron a una conflagración mundial en la que más de 20,000,000 de personas perdieron la vida. El trauma y sus secuelas sintomáticas ocasionados por sistemas totalitarios, como el nazismo en Alemania y el fascismo en Italia y España, y por regímenes dictatoriales como el de Trujillo, en Santo Domingo, la dictadura militar en Argentina o la de Augusto Pinochet, en Chile, tienden a reprimir todo cuanto fue padecimiento y degradación humanos en las lóbregas cámaras de tortura de tan degradantes sistemas políticos para el género humano. Dicen que los verdugos también tienen memoria, que no suelen hablar de sus “especialidades”, pero que, cuando lo hacen, además de esgrimir el argumento de que actuaron cumpliendo órdenes superiores, su principal objetivo es borrar evidencias y desvincularse de toda responsabilidad o culpabilidad en los crímenes que cometieron contra indefensos ciudadanos. Continuaré con el tema de la memoria y el olvido…

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