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En 2007: hijo del padre del postumismo se sintió humillado por los políticos

Domingo Antonio Moreno
Escrito por Debate Plural

Angela Peña (Hoy, 12-5-07)

Domingo Antonio Moreno (Toño), está enfermo de cuerpo y alma. Las frustraciones por el desprecio de tanta gente que ayer le profesó aprecio y ahora lo desecha le han sumido en una profunda depresión que ha trocado su carácter sociable y jovial en un espíritu abatido, vulnerable, que llora como niño golpeado por los desaires.

Es uno de los hijos del poeta Domingo Moreno Jimenes, el sencillo Padre del Postumismo al que han ofrendado tantos reconocimientos y honores aunque murió en la modesta casita del Barrio de Mejoramiento Social pese a que Joaquín Balaguer le ofreció una vivienda más adecuada a la gloria de sus aportes literarios.

Toño no duerme si no es con sedantes que ya no puede comprar porque la pensión minúscula que recibe por más de 50 años de servicio en la administración pública, cuatro mil pesos, se le va en medicamentos, consultas y tratamientos para una ameba que lo aniquila.

Sufre también osteoporosis, artritis, reumatismo. “Ni me pregunte por las inyecciones para los huesos, que me dicen que cuestan ocho mil cada una”, comunica.

“Perdone que la reciba en esta facha, antes me cambiaba, salía con saco y corbata, pero ya no tengo deseos ni de cambiarme, ponérmelos me cansa, ya se me han quitado las ganas de salir”, exclama a gritos.

Vive en Madre Vieja, San Cristóbal, y cuenta con pocas fuerzas y escaso equilibrio para trasladarse a los despachos donde acudía a hacer sala a los ministros que consideraba sus amigos, para que le ayudaran. “Me han ignorado, los he visitado cogiendo guagua, con el bastón en una mano y la otra agarrándome de las paredes, me ponen a esperar, no me reciben, no sé por qué no me ayudan”, dice llorando desconsolado.

Los recuerdos de su progenitor le entristecen y sus lágrimas incesantes corren al evocarlo. Igual lo sobrecoge la angustia cuando confiesa que  su hermana Lourdes está muy enferma, ingresada en una clínica ubicada frente a la casita donde vive en la calle que honra la memoria del autor de “La hija reintegrada”. “¿Cómo voy a verla? No puedo”, comenta contrariado.

Domingo Antonio, que nació en Santo Domingo el 14 de febrero de 1930, aspira a que lo internen en la Plaza de la Salud, le proporcionen transporte y los medicamentos que requieren sus quebrantos. “No tengo seguro, la pensión es pobre”.

Trabajó 29 años en la Corporación Dominicana de Electricidad como recaudador y oficinista, desde 1956 hasta 1985, gracias a su padrino Jesús María Troncoso Sánchez, el primer gobernador del Banco Central. Luego pasó a Obras Públicas como encargado de transporte y a la Lotería Nacional como inspector, donde le proporcionaban una ayuda de mil pesos que le suspendieron. Fue auxiliar de correos en La Cruz de Palo Verde; taquillita y encargado de despensa del hospital de Santiago Rodríguez. “No he sido un mendigo ni un vago, he sido un hombre de trabajo, pero ahora paso por el peor momento de mi vida”.

La promesa del Presidente

Como Dios lo ayudó, cuenta, pudo ver al Presidente Leonel Fernández en una actividad en Mao, Valverde. “Estaba con Franklin Almeyda y Euclides Gutiérrez, y yo le dije a Euclides: yo le mandaba a tu papá la correspondencia en La Grenada. Y él ordenó: déjenlo pasar, que su papá fue mi maestro. Y hablé con el Presidente: Leonel, yo quiero que usted me ayude, me dijo que sí, que contara con eso”.

Después, agrega, ha visitado a Almeyda y a Gutiérrez Félix y ninguno de los dos lo ha recibido. “Así, con mi bastón, cayéndome, casi sin poder caminar, he ido, pero me han ignorado, mandan a decirme que deje el teléfono para llamarme, y más nunca”.

“El mejor biógrafo de mi padre”

El secretario de Estado de Cultura, afirma, fue entonces su segunda esperanza tras el desplante de los dos funcionarios. “José Rafael Lantigua es el mejor biógrafo de Domingo Moreno Jimenes. Me mandó este libro dedicado”, narra mientras muestra el ejemplar “Domingo Moreno Jimenes: Biografía de un poeta”.

El ministro se lo autografió: “Para Domingo A. Moreno, hijo del poeta mayor, con mi amistad fraterna. 23/11/2006”.

“Al ver eso pensé: me tiene cariño, afecto, me quiere, me distingue, y he acudido a él varias veces solicitándole una entrevista pero no he pasado de la recepción, me piden el nombre y el teléfono, prometen que me llamarán y nada, tampoco”, enfatiza.

Se explaya destacando la relación casi familiar existente entre el reputado escritor y los Moreno Espinal. “Papá lo quería como a su hijo. Aquí en San Cristóbal hay una Casa de la Cultura, la jefa es doña Blanca, pensé que él podría nombrarme asistente, ayudante. Yo vengo desconsolado, concho, tanta que puede ayudarme…”, reacciona entre sollozos.

La casa donde vive don Toño en Madre Vieja es frecuentada por poetas, profesores de literatura, antologistas que preparan trabajos en torno a la obra del postumista que “recorrió el país como un monje peregrino, rodeado de gente humilde de quienes no podía sospecharse que entendieran su poesía”, al decir de Jesús María Troncoso, el amigo y compadre entrañable que le publicó “Obras Poéticas, Del gemido a la fragua”, en 1975.

En un viejo maletín cubierto en las esquinas con cinta adhesiva para cubrir las mordidas de los ratones, el hijo que acompañó al bardo en todas sus caminatas, conserva el testimonio de los tributos recibidos por el ilustre autor de sus días.

Además de una calle, Moreno Jimenes fue declarado Patrimonio Cultura Viviente, se le impuso la Orden de Duarte, Sánchez y Mella en el Grado de Caballero, su biografía aparece en el Diccionario Pequeño Larousse y su producción está incorporada a todos los textos de literatura dominicana y algunos universales.

Fue maestro, director de escuela y mantuvo a sus hijos con la venta de sus libros que llevaba de pueblo en pueblo, relata Toño.

“Mi papá era nieto del Presidente Juan Isidro Jimenes, el primer nieto que fue a ver el Presidente. Mi padre dio toda su materia gris por el parnaso dominicano y tuvo elogios de propios y extraños”, exclama el hijo que agrega a sus penurias la muerte reciente de su compañera Cruz Beatriz Espinal de Moreno, con quien procreó seis hijos: Josefa Antonia, Olga Beatriz, Lourdes del Rosario, María Consuelo, Domingo Antonio y Ramón Darío. Vive junto a María Consuelo en una vivienda sólida y confortable pese a estar localizada en un barrio pobre, que, según refirió, pudo levantar poco a poco, con su trabajo, en la calle Villa Olga.

“Hace tiempo que no salgo, estoy muy débil, no se me quitan las diarreas, se me dificulta caminar, montarme en un vehículo, subir una escalera, y ya me siento tan despreciado que no quiero sufrir tanto rechazo. ¿Por qué, Dios mío, no quieren recibirme? Quisiera que el Presidente me ayudara, que se acuerde de su promesa, allá, en los multifamiliares de Mao. Y que los viejos amigos no me abandonen”.

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