Cultura Libros

De costa a costa, el eco del mar

Escrito por Debate Plural

José Rafael Lantigua, ex ministro de cultura República Dominicana (D. Libre 31-12-16)

ENAMORARSE DEL MAR, ORILLAR su rumor, arrastrarse en su vértigo, asombrarse de su desesperada bravura, mirar en el fondo de sus arrecifes dormidos, navegar por sus indefinidos rumbos, sin reposo, surcar su tránsito, su vértigo, su ritmo furioso, es, más que un pasatiempo turístico, una vocación.

Nadie se extasía sobre las orillas del mar a observar sus vaivenes trepadores, los ejes de su insondable escama, su ejercicio de libertad, su corazón arrogante de horizontes, si no lleva en sus adentros la vívida interrogante del eco de su movimiento eterno. Y el eco del mar solo se siente, se escucha, se prueba, cuando uno se consustancia con sus aguas. No niego el sentido poético de esta apreciación, pero la creo como una certeza inviolable que solo los hombres de mar conocen a plenitud.

Y un hombre de mar es Domingo Marte. Como pocos. Hay lobos de mar, seres indómitos que nacieron para enfrentar los desafíos y los riesgos de la mar brava. Y hombres cuyas vidas están emparejadas al mar, como si fueran parte íntima de su esencia y de sus estremecimientos, como Trigarthon, el personaje de la novela Anadel de Julio Vega Batlle. Y están los hombres de mar. Los que ven en sus aguas los que otros tal vez no ven, los que descubren sus mundos, sus luces, su atuendo, su eco. Domingo Marte tuvo una niñez marina y desde entonces desarrolló su pasión por adentrarse en las honduras del mar, en descubrir sus alcances, en explorar y conocer sus recursos. La tarea vino a cumplirla ya con la edad madura. Se lanzó a las aguas para cumplir con ese propósito. Y lo logró con creces.

Trecho a trecho, se fue por las costas del país a descubrir el paisaje marino que es parte intrínseca de la insularidad que habitamos. Durante dos años recorrió, cámara en ristre, el ámbito costero de la República Dominicana. Lo hizo a pie, en bote o en helicóptero. De día o de noche. Con todo su atavío visible –el del fotógrafo que busca las imágenes que oferten el testimonio de su aventura– y el atavío mayor, el de su corazón anhelante de encontrar el tesoro que guardaba desde niño: comprobar que las costas dominicanas conservan esencialidades que marcan y definen no solo un panorama de bellezas sino el resguardo fundamental de nuestra naturaleza viva y palpitante, aquella que debemos conocer mejor para protegerla a conciencia, entre todos. Conocer, como lo define él mismo, “el cuerpo y el aliento de la costa”. El resultado: 227 playas descubiertas o redescubiertas, acantilados, manglares, humedales, dunas, comunidades de pescadores –con los que intercambió experiencias y conocimientos–, puertos, instalaciones turísticas.

Las maravillas de esta travesía marina y costera están plasmadas en un libro esplendoroso –y lo escribo con la emoción sincera del que lo ha disfrutado trecho a trecho, como si hubiese recorrido con don Domingo todo nuestro litoral– que se acompaña de fotografías que muestran la cuantía y la impactante belleza de nuestras playas, pero también, de la narración que el autor hace de ese recorrido donde no solo desea mostrarnos la magia costera sino educarnos en el objetivo de valorar su morfología, su importancia medioambiental, sus alcances sociales y culturales. En fin, saber que esas playas que nos brindan momentos únicos de diversión, descanso y frescura, son también acopios vitales de la naturaleza que debemos apreciar en su más auténtica dimensión.

El itinerario de Domingo Marte de nuestro mar –una obra de pasión y vocación que no tiene antecedentes y que señala y describe un trayecto marino desconocido en su mayor parte– navega desde la desembocadura del río Dajabón en Manzanillo, hasta el arribo al mar del río Pedernales. Se interna en los trechos de Punta Arena, en Sánchez, hasta la playa de Palenque, en Salinas. Y nos lleva a espacios marinos poco publicitados en Sabana de la Mar, Cabo Engaño, La Isabela, Miches, Samaná, Maimón, Cabrera, Azua, Baní, entre otros.

El libro pues es texto y fotografía; un ensayo amplio, de voz autorizada con conocimientos plenos de lo que su travesía contacta, junto a un conjunto de imágenes insuperables que nos permitirá conocer mejor nuestra geografía marina porque tal vez muchos, como ha sido mi caso, descubre playas que nunca ha conocido, vírgenes aún, disfrutadas solamente por los escasos lugareños que moran en sus bordes. El libro pues, aunque tenga un alcance turístico, es un texto didáctico que enseña a conocer nuestros litorales y a cuidarlos como riqueza ambiental inigualable, esperando, como lo desea don Domingo que su “travesía pionera sirva también para inaugurar en el país el senderismo marino costero a gran escala”. Desde ya, yo me apunto.

www.jrlantigua.com

Ecos de la Costa. Travesía por el litoral marino dominicano

Domingo Marte.

Banco Popular, 2016.

Presentación: Manuel Alejandro Grullón

Prólogo: José Alcántara Almánzar.

Edición en español, inglés y francés.

456 págs.

Esta obra se acompaña de un small box con memoria USB que incluye la versión digital del libro, un documental de 20 minutos, un mapa de áreas protegidas alrededor de la línea costera dominicana y otro mapa con la división de los trechos que conforman el libro. Además, todos los interesados pueden descargar la APP “Costa dominicana” en su móvil, disponible para Android y iOS. La información está disponible en Popularenlínea.com/Costa Dominicana. No creo que existan antecedentes de otro libro publicado en República Dominicana con estas facilidades digitales, lo que convierte a Ecos de la Costa en el Libro del Año 2016.

Acerca del autor

Debate Plural

Un medio independiente, libre, plural, sin ataduras con empresas o gobiernos; buscando el desarrollo de una conciencia critica, y la verdad que subyace en el correr de la vida nacional e internacional para el empoderamiento del pueblo dominicano en relación con las luchas y reivindicaciones económicas y sociales fundamentales

Dejar un comentario