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Epistolario íntimo… Tiempos de crisis económica y familiar (63)

Odalís G. Pérez
Escrito por Odalís G. Pérez

La sinusitis ataca a Pedro Henríquez Ureña (PHU) junto a los problemas económicos y estrecheces de vida. Pero a esto se une la mala política y los desaciertos administrativos del gobierno argentino que en un ambiente de limitaciones y guerra mundial paga muy caro su derroche.  De ahí el conflicto que se expresa mediante huelgas y levantamientos que parecen revoluciones, pero no lo son.

En la carta del 18 de septiembre del año 1930, enviada desde Buenos Aires, se hace observable el malestar de Pedro Henríquez Ureña y de su preocupación por la mala salud que amenaza sus facultades físicas y mentales, pero además  desequilibra sus movimientos previamente planificados.  La soledad, en este momento, lo abruma:

“Hace mucho que no me escribes. En mi última carta me quejaba, tal vez injustamente, de que me hacías poco caso, a propósito de las ediciones de Pedro Sáinz. Tal vez quieres contestarme largamente. Mejor no lo hagas.  He pasado meses terribles: desde que llegamos a Buenos Aires no ha pasado una semana sin algún enfermo en casa, y a veces hemos estado enfermos todos. Ya ves: ahora quiero escribirte y tengo la cabeza tan pesada, que no puedo seguir”. (Carta de Pedro Henríquez Ureña a Alfonso Reyes, citada, p. 413)

La carta del 18-9-1930 fue momentáneamente interrumpida debido a la agresiva sinusitis que influye en todo el organismo, propiciando a su vez el mareo, el dolor de cabeza y el dolor nasal interno.   Pero de nuevo retoma la carta al otro día 19 de septiembre para, en unos pocos minutos de la mañana, tocarle el tema de la situación política, almorzar y prepararse para tomar el tren y dirigirse a La Plata a impartir clase.  Le queda el tiempo de un mes y veinte días para terminar las clases y luego descansar, lograr mejoría de salud y embarcarse de nuevo en sus proyectos literarios y culturales.

“Te quería escribir una carta larga sobre la revolución y no he podido.  La vimos pasar –con niños y todo- por la esquina de Ayacucho y Córdoba.  Los niños, menos Nuchi, regresaron a la casa minutos antes del tiroteo que se produjo precisamente allá: tiraron desde el edificio de Aguas Corrientes (obras sanitarias) en el momento mismo en que tiraban desde el Congreso, la Confitería del Molino (que fue destruida después por la multitud), y edificios de Callao, esquina de Mitre, Cangallo y Córdoba.  Sólo Isabel se quedó en casa, diciendo que no le interesaba”. (Ibídem.)

El panorama político argentino se complicó debido a la falta de respuestas a las demandas gremiales, políticas y económicas. Según PHU:

“El gobierno provisional es de lo más “aristocrático”: la impresión mía inmediata, de que el Barrio Norte le había escamoteado la revolución al pueblo, es ahora general.  Pero todo el mundo lo prefiere así, al trueque de salir del irigoyenismo.  Se espera que las elecciones lo arreglen todo. La desaparición del radicalismo, que no era nada, deja frente a frente a conservadores y socialistas”.  (Ibídem.)

El panorama no es, sin embargo, muy alentador.  Pero entre unas y otras PHU le informa a AR que:

“Habías visto que Bioy está de subsec. De Relaciones. Valenzuela quedó como subsec. de cultos. Eduardito Baldrich, subsec. Del Interior; anteayer se le muró la esposa.  El joven Larreta que murió sí era hijo de Enrique, así que le enseñé tu carta”.  (Vid. p. 413)

El mismo estado permanece presente en la salud y los compromisos de PHU. Pues su horizonte de expectativas sigue siendo el mismo: el viaje de Isabel y las niñas a Río de Janeiro y la urgencia de que se vayan a Brasil por lo menos dos meses para él poderse nivelar económicamente:

“Hemos esperado inútilmente tu aviso telegráfico para que Isabel y las nenas puedan salir.  Como ustedes habían insistido tanto, creí que podrían salir en cualquier momento.  A mí me urgía que salieran, porque sólo una ausencia de siquiera dos meses me permitirá economizar para el viaje largo.  Naturalmente mientras estén allá con ustedes, no quiero que Isabel y las nenas pesen totalmente sobre la economía de la casa; deseo que les resarzan de alguna parte de la carga que representan.  No te escribo más porque quiero que ésta viaje por correo aéreo y ya tengo que almorzar para irme a La Plata, a pesar de que me siento muy enfermo”. (Carta de Pedro Henríquez Ureña a Alfonso Reyes, Buenos Aires, 24 de septiembre, 1930, p. 414)

La respuesta a las cartas anteriores de parte de AR llegó, aunque tardía:

“Me conoces muy bien. En efecto, ha retardado mi carta el deseo de contestarte “en serio”.  Pero también ha habido otra causa exterior y, por decirlo así, indiferente.  Ambos, tú y yo, creemos en la realidad jeroglífica, y pocas veces aceptamos los hechos sin significación. Gran parte de mi retardo se debe a cosas indiferentes; el mes de septiembre ha sido tremendo de actividad social, aquí más continua, dura poco tiempo”. (Véase pp. 414-415)

AR le expresa las razones por las que ha estado ocupado y cómo los tantos encuentros, cenas, comidas y recepciones lo han llevado a la ruina:

“Yo, desde luego, he ofrecido una cena a Lima e Silva y Sra. Embajadores brasileños que regresan a México, -24 cubiertos, en casa.  Además el día 16 ofrecí una recepción baile, que ha sido la más grandiosa que he ofrecido en mi vida, en todos sentidos.  Me he quedado arruinado, pero yo necesitaba corresponder al éxito social que me rodea aquí.  Nunca lo tuve igual, aun cuando sin duda en Buenos Aires mis relaciones eran más profundas, e íntimas.  Aquí no me dan tiempo ni para hacer amistades: todo el día paso de unas manos a otras.”(Ibídem. Loc. cit.)

Reyes ha tenido actividades diplomáticas normales y pomposas como parte de una práctica diplomática habitual. Según hemos visto, a todo lo largo de su carrera (Ver Obra Diplomática) AR ha creado un arte de la prosa y de la crítica institucional, donde alcanzó valores de la escritura en la comparatística y documental.  De ahí que la historia de las relaciones entre España y México, Francia-México, Argentina-México, Brasil-México han dado lugar a una escritura de las relaciones internacionales justificada en el orden literario y cultural.

En su carta (citada) del 25 de septiembre, vemos cómo AR narra los aspectos de una vida diplomática que por ser asumida profesionalmente le ha robado tiempo a su quehacer literario y poético: 

“Bueno: yo quería darte el secreto de mis “frivolidades” o instantes de descuido mental: en mí, en parte por oficio, en parte por temperamento (aunque yo lo disimulo esto celosamente, para que no me mezclen en política) hay sus ribetes de hombre en acción: no sé si te has dado cuenta nunca.  Y el secreto de hombre en acción es el ahorro de esfuerzo muchas veces, en muchas cosas, procedo pronto y mal, y llevo las manías de la acción a algunas cosas del pensamiento.  Eso es todo. No es bueno, pero es explicable, y tienes que perdonarme sobre todo si piensas que todo esto se desenvuelve sobre un fondo de surmenage, de fatiga ya encontrada, de es que tú y yo conocemos bien, como que somos tal vez la gente que más ha trabajado en América  de toda nuestra generación”. (Ibídem.)

PHU está quebrandato de salud.  Gripe. Sinutisis. Problemas de surmenage. Fatigas que luchan contran su organismo. No obstante, su situación y fuerza intelectual no lo hacen claudicar. Su sacrificio por la educación y por el pensamiento están presentes, potenciales y se hacen manifiestas.

AR le escribe a su amigo admitiendo que tiene respuestas pendientes a cartas que, como veremos más adelante, se harán visibles desde sus contenidos y pormenores:

“Sólo escribo para tu tranquilidad a este respecto. No tengo tiempo ahora de ocuparme de la lista de autores americanos.  Hasta la semana entrante, soy hombre de agua.  Pero te ofrezco hacerlo en serio.  Tu carta del 23 de agosto queda, pues, sin contestar todavía.  Que Isabel tampoco se angustie si aún no telegrafío diciendo que puede venir: ha habido tropiezos materiales, sin significación alguna.  Cosa de un momento a otro. Tengo la complicación del próximo viaje de mi hijo a Bs. Aires también.  Por favor, no vayan a hacerse mala sangre con esto, tengo ya pavor de hacer sufrir a quien quiero”. (Ibídem. Pp. 415-416)

Acerca del autor

Odalís G. Pérez

Odalís G. Pérez

Profesor Investigador de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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