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Enfocando el pensamiento dominicano (XVIII)

Franklin Franco
Escrito por Debate Plural

Izquierda y elecciones nacionales en RD (III)

 

Por: Franklin Franco (12-10-12)

No tengo tiempo para dedicarle el espacio necesario a este penoso capítulo de la historia de los grupos revolucionarios, que originó, incluso, choques violentos entre “maoístas y revisionistas” como llamaban a los prosoviéticos, pero no debo dejar de señalar que en estos menesteres infructuosos gasto la izquierda dominicana más de diez años.

Por esos días, y en el marco de esos debates, apareció una tesis novedosa y apasionante para los neófitos en las teorías de Marx. Fue su autor el ensayista francés, Regis Debray, en aquel momento radicado en Cuba, considerado como el más fiel intérprete de las concepciones teóricas de la revolución cubana. Fue publicada bajo el título de “¿Revolución en la revolución?”

La tesis de Debray, elaborada supuestamente sobre la experiencia revolucionaria cubana era simple, convincente y atractiva, hecha a la medida del fervor y las simpatías que levantaban las cuestiones relacionadas con el triunfo de Fidel Castro y sus barbudos en Cuba. Dicha tesis sostenía, resumiendo en extremo, que era posible la realización de la revolución armada (sin las condiciones subjetivas), mediante la creación de varios focos guerrilleros bien entrenados y bien armados ideológicamente, aún sin el apoyo de un partido fuerte. Como había ocurrido en Cuba.

Acorde con esas ilusorias concepciones, la Agrupación 14 de Junio, pese a que había perdido a sus mejores hombres y a su fundador, el líder de mayor arraigo popular en nuestro país, Manolo Tavárez Justo en el fracasado levantamiento guerrillero de noviembre de 1963, enfrascada en la tarea de convertirse en el verdadero partido del proletariado, envió a sus más valiosos militantes al campo a crear las bases de apoyo para otro levantamiento guerrillero. Según explicaron en un documento, actuaban así porque “en 14 nuestro país existen las condiciones políticas y materiales para desarrollar la guerra del pueblo a nuestros enemigos de dentro y de fuera”

En esa aventura perdió ese agrupamiento otro importante núcleo de valiosos jóvenes, verdaderas promesas que debieron vivir para encauzar sus valiosos esfuerzos por mejores causas, entre los que debo recordar, y en homenaje, a Luis de Peña Pichardo y Orlando Mazara.

Por esos días (1973), imbuido en gran medida por los postulados radicales maoístas y debraistas, también perdió la vida, y la nación una gran esperanza, el coronel Caamaño Deño, poco después de desembarcar por Playa Caracoles con su pequeño grupo guerrillero, compuesto por ocho hombres.

Resulta oportuno destacar aquí, que tanto el Dr. José Francisco Peña Gómez como el Profesor Juan Bosch, realizaron notables esfuerzos para impedir que el Coronel de Abril abandonara sus propósitos guerrilleros y en cambio se participara como candidato en la boleta del Partido Revolucionario Dominicano. En esa misma dirección actuó también el gobierno revolucionario cubano, pero todos esos esfuerzos resultaron inútiles.

Me inclino a pensar que el doloroso fracaso del ensayo guerrillero del coronel Caamaño y la desaparición un año antes (1972) de su pequeño núcleo de apoyo denominado como “Los Palmeros”, que encabezó Amaury Germán Aristy, impactaron de manera profunda en la mente de la mayor parte de los dirigentes de los pequeños grupos de la izquierda dominicana, contribuyendo a modificar sus posiciones extremas y su tradicional rechazo a la participación electoral, o dicho en su lenguaje, al uso de las vías pacíficas.

Mantengo ese punto de vista porque a partir de mediados de la década de los años setenta comenzó a registrarse en la izquierda de nuestro país, la aparición de una visión diferente sobre la cuestión de la participación de esa tendencia política en los procesos electorales nacionales.

Naturalmente este no fue el único factor que influyó en este cambio. Por tanto debemos mencionar otros elementos que influyeron en la política nacional, incluso externos, por ejemplo: En el seno del imperio norteamericano aparecieron signos claros que ponían en evidencia modificaciones importantes en su política internacional a raíz de su fracaso en Vietnam, de la derrota del candidato del Partido Republicano, Gerard Ford en noviembre de 1976 y la llegada a la presidencia de esa nación del activista evangelista, Jimmy Carter.

Respecto a América Latina, los cambios más significativos registrados en la política norteamericana fueron: la revisión del Tratado de Panamá que otorgaba a esa nación su control perpetuo y la firma del nuevo tratado, denominado Torrijo-Carter, mediante el cual la nación panameña recuperaría la propiedad de su canal, y la implantación de una política de vigilancia sobre las violaciones a los derechos humanos.

La llegada de Carter al poder en los Estados Unidos causó estupor dentro del régimen terrorista del Dr. Joaquín Balaguer, quien a partir de entonces, personalmente, en varios de sus discursos, y en declaraciones a la prensa, se presentaba como un sacrosanto defensor de los derechos humanos.

A decir verdad, la represión no se detuvo completamente y en el plano de la violencia gubernamental contra las actividades públicas de la izquierda, amainó. Para mejor decir, se abrió un respiradero.

Tal fue la conjuntura nacional e internacional que permitió a la izquierda dominicana, por primera vez, su participación electoral a nivel nacional.

El primer esfuerzo en esa dirección fue la fundación en octubre de 1977 de un frente de varias organizaciones procedentes de la clandestinidad, encabezado por la Línea Roja del 14 de Junio, dirigido a participar en los comicios de 1978, para la cual fue creada una entidad que llevó el nombre de Unión Patriótica, que tuve la honra de presidir y que después de la recogida 16 de miles de firmas de adherentes de todo el país, alcanzó no sin dificultades, su reconocimiento electoral.

De paso les comento que en ese entonces se hicieron todos los esfuerzos necesarios para tratar de reunir a todas las organizaciones de la izquierda dominicana en ese frente, sin resultado alguno. Al final la Unión Patriótica solo pudo aglutinar a tres, entre las 8 que componían ese sector.

En las elecciones de ese último año también participó el Partido Comunista Dominicano. Pero a diferencia de la Unión Patriótica que tuvo que trabajar durante meses para reunir las firmas necesarias que la ley exigía para obtener su reconocimiento, el PCD, para sorpresa de todo el mundo, fue reconocido como entidad política legal con derechos electorales, mediante decreto del Poder Ejecutivo, cuyo primer considerando puso por las nubes la capacidad y la integridad de los intelectuales que dirigían esa organización.

Debemos aclarar que la Unión Patriótica, consciente de que Balaguer se preparaba para permanecer en el poder mediante la realización, como era su costumbre, de un nuevo fraude, decidió 48 horas antes de las elecciones retirar sus candidatos para apoyar al Partido Revolucionario Dominicano. El fraude sin embargo se puso en práctica, esta vez de manera violenta. La misma noche del 16 de mayo de 1978, fuerzas militares asaltaron la Junta Central Electoral e interrumpieron el conteo de los votos. Más tarde con la complicidad de la Junta Central Electoral, los reformistas le robaron varios diputados y senadores al partido ganador, el PRD, para así obtener una mayoría en el Congreso, y de paso, el control de la justicia, a fin de conseguir la impunidad por los crímenes y los desfalcos cometidos durante aquellos terribles doce años.

Como no pocos de los que están presentes conocen, esa acción delincuencial, típicamente gansteril balaguerista en los comicios de 1978, condujo a la rápida intervención de varios organismos internacionales y la del propio presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter.

Abrigo el criterio que esas intervenciones, ocurridas debido a los temores de que aquí se desatara una guerra civil, evitaron la materialización de las 17 ambiciones desenfrenadas de los reformistas, dirigidas a lograr la permanencia de Balaguer como Presidente de la República.

En el conteo de las boletas de las elecciones de 1978, los candidatos del PCD, encabezados por Narciso Isa Conde, aspirante a la Presidencia de la República, recibieron 9,828 votos, pero más importante que el número de votos alcanzados, es que recordemos, lo siguiente: Esa agrupación política en el mismo escenario del fraude, se mostró partidaria de negar el triunfo alcanzado por el PRD en esos comicios, declarándose inclinada a la conformación de un régimen de supuesta unidad nacional. Tales declaraciones están registradas en la prensa nacional.

En las elecciones nacionales siguientes efectuadas en nuestro país en 1982, la izquierda dominicana registró una mayor amplitud de mira, y ofreció muestras más claras de que venía superando su esquemático rechazo a los procesos electorales, pues cuatro de sus agrupamientos decidieron participar. Sin embargo las diferencias ideológicas existentes impidieron una actuación unitaria.

En esos comicios la izquierda participó dividida en dos boletas, de la manera siguiente: El Partido Comunista Dominicano logró el apoyo para su boleta del Movimiento por el Socialismo, mientras la Unión Patriótica, que mantuvo su reconocimiento electoral, alcanzó un acuerdo con el denominado Bloque Socialista.

El PCD y el Movimiento por el Socialismo lograron reunir 18,481 votos, mientras la Unión Patriótica y el Bloque Socialista, alcanzaron 15,250 votos. En total ambas boletas reunieron 33,731 votos. Con esos resultados ninguno de los dos pudo conseguir siquiera un diputado.

No es mi intención seguir elecciones tras elecciones, ofreciendo cifras sobre los votos alcanzados por los grupos de nuestra izquierda. Solo me limito a expresar lo que ha sido una realidad: En todos los procesos efectuados hasta la fecha a partir de su primera experiencia electoral en 1962, los resultados han sido verdaderamente penosos, muy a pesar de las ufanas declaraciones de mi querido amigo Guillermo Moreno, candidato en los últimos comicios efectuados 18 en nuestro país en mayo de este año por los grupos reunidos en el denominado “Alianza País”, que alcanzó la suma de 62 mil votos. El otro grupo de la izquierda, bajo el nombre de Frente Amplio, que también participó en ese evento, recibió una cantidad cercana a los 6 mil doscientos votos.

Por tanto, me limitaré a concluir mi intervención de este día, aportando solo dos sugerencias, que a nuestro humilde entender, pueden contribuir a superar algunas de las causas que han originado tales resultados.

1ro. La izquierda de nuestro país tiene que efectuar un gran evento, asamblea o congreso con la participación de todos los grupos que la componen sin discriminación alguna, con el propósito de examinar honestamente su experiencia política de los últimos 50 años. La necesidad de este evento, a nuestra manera de ver, se desprende de los propios resultados obtenidos hasta hoy: el fracaso le ha acompañado tanto en sus acciones dirigidas a la lucha armada, como en su participación electoral.

2do. En ese evento o congreso que estoy sugiriendo, los participantes deben contemplar la posibilidad de crear una sola organización que aglutine a todos los grupos y si esto no es posible, al menos establecer las bases programáticas y reglas claras para conseguir una participación unitaria en los próximos comicios.

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