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La memoria vacía y el escriba sentado (III)

Escriba sentado
Escrito por Debate Plural

Marcio Veloz Maggiolo (Listin, 3-11-17)

El Estado, manejado por hombres que necesitaron del encomio, desencadenó la “necesidad” del elogio. Pocos se atrevieron a negar al tirano en páginas abiertas. Esos pocos pertenecen a la historia moral de la Patria. En la cultura griega el “ostracismo” fue la medida represiva con la que se consideró al opositor como peligro social por sus ideas y acciones riesgosas  para el Estado, la represión contra lo pensado, de alguna manera, reprimía lo dicho en un verso, en una frase o en un libro.

Ciertamente,  cuando los auto biografiados escriben, piensan en el impacto que producirá este epitafio gramático a deshora entre lectores ávidos de conocer cómo era o es  el fondo real del personaje de carne y hueso que transitaba, o lo hace  aún,  por las calles del mundo, o que ha frecuentado dejando a los relacionados y lectores, una especie de memoria en la cual la tijera psicológica  y culpabilizadora ha hecho estragos, hasta el punto de dejar páginas en blanco convertidas en acertijo, como aquellas que luego serían rellenadas, y reconstruidas por la justicia dominicana y sugeridas por el  ex Presidente Balaguer en relación con el asesinato del periodista Orlando Martínez, cuyo ostracismo comenzó con un balazo en la cabeza  y su epitafio podría haber sido aquella página, memoria vacía.

De la autocensura literaria, que a veces es política, tengo recuerdos imborrables, entre ellos los de algunos poetas cuyos versos nacidos al borde del surrealismo tardío y de la dictadura decadente, eran un suspirante anhelo de decir la realidad dictatorial  o de sugerirla, y  que una vez llegado al estro, se transformaba en un canto irreal cuyo secreto autobiográfico solo el autor  conocía. El poeta Mieses Burgos, declarado enemigo de los versos confusos, llamaba a estos progenitores de la confusión, “los marcianos”. Nadie los entendía, pero el miedo y la autocensura, marcaron su poesía. Su obra era a veces la memoria oculta cubierta de jardinería metaforizada. “Con esto quiero decir que el régimen está podrido” te explicaban,  en interpretación vaporosa, paro una vez  leído el texto miedoso  se asemejaba a una canción de amor para una novia ilusoria de un futuro inalcanzable. Eran textos hechos para la “interpretación”.

Muchos se preguntan por qué luego de la muerte del dictador Trujillo un torrente de obras literarias, de recuerdos compungidos, surge como parte del presente. Los publicadores de páginas fotográficas se “auto biografían” presentándose, gracias a las fotos que estiman  consagrables. Algunos novelistas dominicanos escribimos reparando cadáveres, resucitando verdades que no sabíamos presentes en nuestro interior, creando mentiras galvanizadas, porque la dictadura nos llenó el alma de escombros, de ruinas fragmentarias y creadores de falsas tradiciones.. Por incomprensibles razones meteorológicas el ciclón de San Zenón fue el  inicio de la era trujilloniana, en la que un Instituto con nombre tal estudiaba el pensamiento de Trujillo que otros redactaban  creando una autobiografía a medias  debido que el Jefe tenía otras importantes actividades y no era tan letrado como los que le inventaban la escritura. Se dice que dictó algunos párrafos de una biografía escrita por el militar Vega Pagán.

La bibliografía y las biografías falsificadas se funden en un género poco estudiado.

Las armas para combatir la memoria podrida deben ser las de la memoria sana, contrincante del modelo trujillista o nacida  en cualquier otro ámbito done la moralidad se exprese como parte de la educación.  El pasado puede ser reforzado, fabricado, y hasta concebido como mejor, según la poesía. Solo a los escritores y de manera especial a los poetas, les hemos donado el permiso de crear pasados, y de inventarlos. Las epopeyas son un ejemplo. Pero sucede que las formas negativas del pasado se olvidan, y superviven aquellas que son modelo de gozo de los momentos positivos del mismo. Las contradicciones son  también un complemento para vencer el olvido.  El pensamiento tiene ciertos escondites para lo que conviene callar y preservar.

Así pasa con la memoria, la que es también un producto neuronal de la biología humana. Hay neuronas -simbólicamente hablandoócomprometidas con esa memoria que no se puede presentar “decente en la escena del mundo”, como proclamaba el poeta Gustavo Adolfo Bécquer en el prólogo a sus Rimas, cuando hablaba de los seres que su imaginación había creado y que no encontraban modo de salir al mundo real. “Conmigo van destinados a morir”. Fallecido en 1870, los seres que deberían haber nacido de su memoria, están enterrados en una oscura tumba de la catedral de Sevilla, cerca de  su hermano el pintor romántico Valeriano, donde los admiradores de sus obras  lo proclamamos como el más grande romántico de la lengua española, pidiendo claro está, no olvidar a José de Espronceda.

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