Cultura Nacionales

Tiempo de Mambo

Escrito por Debate Plural

Jose del Castillo (D. Libre, 19-11-16)

DÁMASO PÉREZ PRADO –su estructurador orquestal y difusor por excelencia– lo describe así: “Es sincopado. Los saxofones llevan la síncopa en todos los motivos, las trompetas llevan la melodía, y el bajo el acompañamiento, combinado con tumbadoras y bongoes. De esa combinación de música y ritmo sale el mambo”. Un género que desde la plataforma de México -con estudios de cine, industria del disco, potentes plantas de radio y TV, intensa vida nocturna-, este innovador pianista cubano convirtió en un fenómeno sociológico que enloqueció el mundo en los años 50. New York, Hollywood, París, Londres, Madrid, soltaron sus amodorrados pies en los salones de baile espoleados por este nuevo ritmo pegajoso que convocaba al desenfreno modulado: “Mambo, qué rico el mambo”.

Era como una forma de liberar tensiones tras la terrible II Guerra Mundial con su saldo destructivo y los inicios de la Guerra Fría con la amenaza nuclear. De entrar a la modernidad y sus estilos de vida hedonistas, con el creciente consumo de bienes a que la publicidad incitaba. Y a la exhibición alegre de los símbolos de estatus de moda.

Historiadores de la música cubana como Helio Orovio sitúan la raíz de este género en la pieza Mambo de Orestes López. Un danzón interpretado por Arcaño y sus Maravillas en 1938 con cambios en la pauta rítmica, asimilando trozos de jazz y figuras del son. Los hermanos de Orestes, Israel “Cachao” y Coralia, aportaron a este “ritmo nuevo” junto a Enrique Jorrín, reputado creador del chachachá en 1953.

Igual, en esta fase precursora, el tresero invidente Arsenio Rodríguez, quien se estableció en New York en los 40. Los pianistas René Hernández –asociado a la orquesta de Machito y sus Afro Cubans- y Bebo Valdés, con arreglos para la jazz band Casino de la Playa, y Julio Cuevas en la Riverside.

Para Cristóbal Díaz Ayala el mambo de Pérez Prado distaba mucho del de sus antecesores. “Hay diferencias en ambos mambos, empezando por la orquestación de Arcaño, que consiste en violines y flautas, y los instrumentos de metal que usaba Prado… el de Arcaño es sutil, mientras que el de Prado es agitado y rápido”. La banda de “Cara de Foca”, de hombros caídos y ropa de tallas grandes, tenía una primera línea de 4 saxos, otra de 5 trompetas, más un trombón. Tres tumbadoras, bongó ocasional, batería y bajo. Con esta formación filmó entre 1949 y 1953 –cuando fue extrañado de México por 10 años- unas 22 películas taquilleras.

Grabó mambos emblemáticos replicados en todos los confines por las mejores orquestas. Los denominados Número 5 con su vibrante relinche de metales y Número 8, “Si, si, si/ yo quiero mambo”. Rico mambo: “Mambo, que rico mambo/ Mambo, que rico es”, que Resortes y la vedette Amalia Aguilar bailan en el cine. Lupita, “¿Qué le pasa a Lupita?/Qué es lo que quiere?”. Y Lupita lo que quiere es bailar mambo. La niña Popof, que sirve a Tongolele y Tintán para lucirse. Pachuco bailarín, “marca el paso”. El Politécnico: “A la cachi, cachi porra, porra”, refiere al Instituto Politécnico. El ruletero, Mambo en SaxCerezo Rosa, Patricia, Tequila, hace un giño al rock. Pachito E’Ché.

Con Benny Moré cantante, Pérez Prado grabó Locas por el mambo que figura en el film Al son del mambo: “¿Quién inventó el mambo que me provoca?/¿Quién inventó el mambo que a las mujeres las vuelve locas?”. El Bárbaro responde: “Un chaparrito con cara de foca”. María CristinaMamboletasMangolele (alude a las vedettes, “Tongolele me gusta más”), BabarabatiriA romper el coco (“Es un coco lo que tengo contigo”), Anabacoa, El Suave.

La orquesta del catalán Xavier Cugat –prodigio del violín criado en Cuba alentado por Enrico Caruso a probar suerte en Estados Unidos- promovió los aires latinos entre el público americano, tanto en New York en los salones del Waldorf Astoria, como en Hollywood. Con cantantes como el súper popular Miguelito Valdés (Mr. Babalú), Alfredito Valdés, Machito, Tito Rodríguez, Vitín Avilés, Abe Lane (una de sus cinco esposas), el carismático músico marcó su dominio estilizando los ritmos latinos, entre ellos rumbas, congas, guarachas, mambos y chachachás. Para la Feria de la Paz del 55 grabó un LP promocional de merengues cantados por Avilés.

Otra orquesta que realizó similar tarea fue la del percusionista y cantante cubano Desi Arnaz, con radio de actuación en las costas Este y Oeste de EEUU. Casado con la actriz Lucille Ball, su aparición como el director de orquesta cubano Ricky Ricardo en el show de TV de CBS I Love Lucy, con 194 episodios entre 1951-57, catapultó su popularidad. Cabalgando siempre sobre la ola del mambo y el chachachá.

Con un amarre más auténtico en los ritmos afroantillanos, tres orquestas destacarían en los clubes, teatros y salones de baile de New York a partir de los 40: la del pianista cubano José Curbello, la del virtuoso del teclado puertorriqueño Noro Morales y los Afro Cubans del cantante Machito Grillo. Cuyo director musical lo era el talentoso trompetista Mario Bauzá, ligado a Chick Webb, Duke Ellington, Dizzy Gillespie, Ella Fitgerald, promotor del fabuloso percusionista cubano Chano Pozo. Estas agrupaciones protagonizaron memorables combates musicales en el Savoy y el Palladium, que en los 50 se convertiría en el hogar del mambo, atestado de un público anglo y latino.

Dos boricuas dinamita, ambos timbaleros y vibrafonistas. Uno nacido en el Harlem hispano, Tito Puente, y otro en la isla, Tito Rodríguez, cantante. Encabezarían a finales de los años 40 sendas bandas que rivalizarían en la Era del Mambo de los 50. Los dos trabajaron desde jóvenes con diferentes orquestas (Curbello, Cugat, Machito, Noro). Puente grabaría más de 100 álbumes, afincándose en el Latin Jazz. En su única y tardía presentación en el país, en el Anfiteatro Altos de Chavón, se quejó de ello, pese a contar en su banda con el excelente saxofonista Mario Rivera y la cantante Yolanda Duke. Michael Camilo tocó el piano con él en los inicios de su carrera en EEUU. Rodríguez, de un carisma especial, culminaría como consagrado bolerista.

Oye cómo va es una de las composiciones de Puente que Santana catapultó con su sonido electrizante, seña de su talento autoral. Vicentico Valdés, Gilberto Monroig, La Lupe, Laserie, Celia Cruz, entre otros, cantaron con Puente.

Otro difusor meritorio de la música latina, la rumba, el mambo y el chachachá fue Edmundo Ros, nacido en Trinidad, criado en parte en Venezuela y establecido en Londres, donde reinó en los mejores clubes y en la BBC. En 1964 actuó como anfitrión en el show de TV Broadway GoesLatin que yo veía en la TV local. Falleció en España en 2011 a los 101 años. Mención merecen como pioneros los Lecuona Cuban Boys dirigidos por el pianista Armando Oréfiche, en la difusión entre los 30 y los 50 en América y Europa. El alemán Eddie Warner et Sa Musique Tropicale, radicado en París, se montó en la ola del mambo en el cabaret Moulin Rouge y en el disco.

Fuera del cine mexicano, La dolce vita de Fellini sonorizó con Patricia de Pérez Prado. Bernstein incluyó su composición Mambo en West Side Story, musical de Broadway llevado al celuloide. The Mambo Kings, film del 92 basado en la novela de Oscar Hijuelos, captó la Era del Palladium.

La San José grabó los mambos Con él completo, de Papa, y El robo del siglo de Héctor de León. Sánchez Acosta –ligado a Noro, Machito, Bauzá, los dos Tito- produjo con Marco Rizzo, pianista de Desi Arnaz, un LP, “de los mejores discos de la historia”, con Mississippi Mambo. Grabado también por Noro y Bebo.

“Oye como va/ mi ritmo/Bueno pa’ gozá /mulata.”

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