Cine Nacionales

Cinema paradiso

Escrito por Debate Plural
Rienzi Pared Pérez (Listin, 26-10-17)

Definitivamente el cine es el sumo de las artes. Sabe atrapar, posee una magia especial y a todos nos gusta porque nos hace partícipes de la trama. En ocasiones hemos sido héroes, villanos, galanes y todo tipo de personajes a través de la historia de nuestras vidas.

El cine es un hacedor de historias y de encantos. Quizás, posiblemente cuando éramos adolescentes, nuestro primer beso fue en una sala de cine. Por lo tanto, sería un hecho que marcaría por el resto de nuestras vidas en un recuerdo que evocaría a la nostalgia. Todo esto se conjuga para agradecerle a un director italiano por recoger todas y cada una de las manifestaciones emocionales y sentimentales en una película que es un culto al séptimo arte: “Cinema Paradiso” del director Guisseppe Tornatore y estrenada en el año 1988.

La película comienza cuando en una noche regresa a su casa el director de cine, Salvatore Di Vita, y su novia le informa que su madre llamó para decirle que, Alfredo, ha muerto. Al oír ese nombre, inmediatamente vienen los recuerdos y la película hace una retrospectiva para comentar la historia desde el principio cuando Salvatore tenía 6 años de edad en su pueblo natal de Sicilia. Alfredo es el proyeccionista del único cine en la ciudad y nuestro querido Totó (Mote de Salvatore de niño) es amigo de Alfredo que le enseña el oficio y le inculca la pasión por el arte. Además, le enseña sobre el sentido de la vida y del amor.

La película va recogiendo todo el acontecer dentro de una sala de cine, desde el más adulto hasta el más infante. Al parecer las ocurrencias vividas en una sala de cine no son exclusivas de ninguna ciudad en particular, porque la actitud del individuo frente a una sala es universal, y es por ello, que cuando vemos esta película, nos identificamos con ella como parte de nuestro existir. Ver por ejemplo: de una parte, la actitud de los enamorados en una sala, abrazados y cogidos de la mano; por otro lado, los niños correteando, algunos con sus malas mañas; el ir y venir de la persona encargada en llevar un rollo de película de un cine a otro, el que narra la película a otro, en detrimento del que la está viendo por primera vez, es decir, son manifestaciones que hemos vivido desde el punto de vista de una sala premier hasta el de una sala popular.

Cada uno de estos personajes en la película son encantadores, en especial el sacerdote del pueblo, que funge como censor, eliminando las escenas de los besos en la pantalla, que será el epílogo de la película cuando Salvatore observa la fílmica hecha de los trozos eliminados como regalo de Alfredo, antes de morir. Esta escena es culminante desde el punto de vista de la nostalgia, que junto con la banda sonora escrita por Ennio Morricone hace que nos salgan lágrimas de emoción; porque definitivamente amamos el cine por nuestros recuerdos y por nuestros personajes.

Las actuaciones están excelentes desde el niño Totó y el de Alfredo, el proyeccionista, que es magistralmente interpretado por el actor Philip Noiret y cada uno de los extras, pasando hasta por el loco del pueblo, que forma parte de la historia de la ciudad como un personaje icónico. La dirección es única para el que entonces era un joven cineasta, ante su segundo largometraje. La película logra una edición exquisita y una banda sonora que toca las fibras más sensibles del espíritu para enriquecernos el alma.

“Cinema Paradiso” es para verla y callar ante sus escenas majestuosas. Es disfrutarla a plenitud. Es vivirla y sentirla. Es Puro Cine.

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