Nacionales Sociedad

La Universidad de Santo Domingo y la era de Trujillo

Escrito por Debate Plural

Francisco Berroa ( El Universitario, 29-10-14)

El dictador, general Rafael Leónidas Trujillo Molina, gobernó el país con mano férrea durante 31 años (1930-1961), du­rante los cuales ejerció pleno control so­bre todos los aspectos de la vida econó­mica, social, política y cultural de la Re­pública Dominicana.

El generalísimo Trujillo no tan sólo controlaba la vida cultural del país, sino también a los hacedores de cultura en el plano superior: artistas, escritores, histo­riadores, catedráticos, profesionales, cien­tíficos e intelectuales en sentido general, la mayoría de los cuales donaron su talen­to y espíritu creativo a la tiranía.

En el terreno cultural, uno de los feu­dos preferidos por Trujillo fue la Uni­versidad de Santo Domingo (USD), cu­yos funcionarios eran designados perso­nalmente por él y quien prefería para el cargo de rector a profesionales con bue­na preparación académica y comprobada competencia profesional, casi siempre au­tores de obras de renombre.

Durante la “Era de Trujillo” fueron designados como rectores de la Univer­sidad de Santo Domingo los distingui­dos profesionales: Doctor Ramón de Lara (1929-1930); Dr. Federico Henrí­quez y Carvajal (1930-1933); Dr. Eduar­do R. Soler (Interino: 1933); Lic. Juan Tomás Mejía (1933-1934); Dr. Eduar­do R. Soler (interino: 1934); Lic. Juan Tomás Mejía (1934-1935); Lic. Manuel de Jesús Troncoso de la Concha (1935- 1936); Dr. Manuel E. Perdono (Interino: 1936); Lic. Manuel de Jesús Troncoso de la Concha (1936); Dr. Manuel E. Perdo­mo (Interino: 1936-1937); Lic. Manuel de Jesús Troncoso de la Concha (1937); Dr. Manuel E. Perdomo (Interino: 1937- 1938); Lic. Manuel de Jesús Troncoso de la Concha (1938); Lic. Julio Ortega Frier (1938-1940; 1940-47); Doctor Julio Ve­ga Batlle (1947-1949); Dr. Pedro Tron­coso Sánchez (1949-1953; 1953-56); Dr. Carlos Sánchez y Sánchez; Dr. Rafael Fi­liberto Bonelly; Dr. Virgilio Díaz Ordó­ñez (1956-1958); Dr. José Turul Ricart (1958); Dr. Manuel María Guerrero; Dr. Emilio Rodríguez Demorizi; Dr. Arturo Despradel (1958-1960); Dr. José Anto­nio Caro Álvarez (1960-1961); Dr. José Manuel Machado; Dr. Ambrosio Álvarez Aybar; Dr. José A. Paniagua (1961-1962).

Muchos de los rectores aprovecha­ron su designación para darle a Trujillo los más inmerecidos reconocimientos y, uno de ellos, inclusive, llegó a otorgarle al Dictador todos los títulos concedidos por la academia en sus distintas faculta­des. Y para evitar el “celo académico” en la familia Trujillo, fueron dados títulos universitarios a sus familiares, parientes o amigos, sin cumplir con ningún requi­sito académico.

Reelecto en la presidencia en 1934, Trujillo comenzó a promover el culto a su personalidad. El dictador se declaró Jefe Supremo, Fundador y Director Úni­co del Partido Dominicano, Benefactor de la Patria con rango, títulos, honores y preeminencia por encima del Presidente Peynado, Padre de la Patria Nueva, El Ge­neralísimo de todos los ejércitos de tierra, mar y aire, Protector de la Iglesia, Restau­rador de la independencia financiera de la República (1940), Gran Protector de la Universidad de Santo Domingo, y, Doc­tor Honoris Causa de la Universidad de Santo Domingo (17 de octubre de 1934).

Se sabe que Rafael Trujillo manejó la educación pública en todos los niveles como un medio de propaganda política, para hacer lavado de cerebros y para fo­mentar las lealtades primordiales entre los estudiantes. Asimismo, las facilidades educativas fueron usadas también como centros de encuadramiento militar. Por ejemplo, en la Universidad de Santo Do­mingo (USD) fue creada la Guardia Uni­versitaria, cuyos miembros estaban obli­gados a realizar entrenamiento militar y recorrían el campus realizando marchas y contramarchas con inusitado frenesí al ritmo marcial del redoblante.

La Universidad de Santo Domin­go y los inmigrantes. Se conoce muy bien que el general Rafael Trujillo ofreció ciertas facilidades para el ingreso al país de unos 5,000 exiliados políticos españoles a partir de 1939, quienes eran perseguidos políticos del general Francisco Franco, de los cuales quedaron finalmente muy po­cos residiendo en el país, unos 100 refu­giados hispanos en 1949.

Se ha dicho que con la inmigración de los españoles resultaron beneficiados Ra­fael César Tolentino, Moisés García Me­lla, Plinio Pina Chevalier, y de manera es­pecial Virgilio Trujillo, quienes cobraban a los hispanos una suerte de “peaje” con­sular para darles el visado dominicano. Se sabe que Trujillo recibía del Servicio de Emigración de Refugiados Españoles (SERE) la suma de US$50.00 por refu­giado cada mes.

De acuerdo con el testimonio de Jesús de Galíndez, uno de los refugiados hispa­nos que prestó sus servicios al Generalí­simo, vinieron al país de 4,000 a 5,000 refugiados “disfrazados de agricultores”, quienes eran realmente generales regu­lares del ejército, catedráticos universi­tarios, mecánicos, pescadores, y artistas, filósofos y profesionales, por ello, según él, “las colonias agrícolas fueron un fra­caso y poco a poco la mayoría se disper­só hacia otros rumbos”.

Bernardo Vega sostiene, con relación a los refugiados hispanos, que los emigra­dos de ese país fueron: 288 que vinieron en el buque “Flandres” en 7 de noviem­bre de 1939, y que luego, hasta junio de 1940 habían ingresado unos 3,150 emi­grados españoles. De estos, salieron del país unos 500 refugiados en mayo de 1940, y en mayo de 1941, Vega sostiene que tan solo quedaban unos 1500 espa­ñoles. Que desde febrero de 1944 a octu­bre de 1945 salieron hacia México y Ve­nezuela 1,180 refugiados.

De los españoles que se instalaron en la República Dominicana algunos fue­ron íntimos colaboradores del dictador, entre ellos: Javier Malagón Barceló, Jesús de Galíndez, José Almoina, José Vela Za­netti, López Mezquita, Manolo Pascual, Pedro González Blanco, Ramón Fernán­dez Mato, Vicente Llorens, entre otros.

Entre los más distinguidos refugiados españoles se encontraban los profesores de la Universidad de Santo Domingo: Los juristas Constancio Bernardo de Quiroz y Luis Jiménez de Asúa; los geógrafos Alfre­do Lagunilla, Honorato de Castro y Ra­món Martorell –fundador del Instituto Geográfico Universitario con el Tenien­te coronel Aurelio Matilla-; los catedráti­cos Luis Alaminos (de sicología), Vicente Herrero, José María Ots Capdequí, Giner, Fernando de los Ríos, Luis Florens, An­tonio Román (de Medicina), Amos Sa­brás (Matemático), Fernando Sainz Ruiz, Malaquías Gil, etc. Destacados músicos como: Enrique Casals Chapí y Alfredo Matilla; actores y dramaturgos de la ta­lla de Antonio Blanco, Freddy Del Mu­ral y Carmen Rull; escultores: Antonio Prats Ventós y Manolo Pascual: poetas: Roque Nieto y Padro Salinas; dibujante: José Alloza; artistas del pincel: Eugenio Fernández Granell, José Gausachs, Fran­cisco Díaz Vásquez, José Vela Zanetti, Al­fonso Jiménez de Asúa (a) Shum, Ramón Prats Ventós, Juan Junyer, etc.

Los inmigrantes hispanos tenían distin­tas profesiones y oficios e hicieron apor­tes significativos en todas las áreas de la vida productiva y cultural. Los españo­les contribuyeron notablemente con el desarrollo de la cultura, de la educación y de las ciencias.

Durante la estadía de estos La Universidad de Santo Domin­go (USD) reorganiza su Facultad de Fi­losofía –que había sido restablecida por medio de la Ley General de Estudios del 5 de diciembre de 1932-, y además fue­ron promovidas las bellas artes –pintu­ra, escultura, dibujo-, el Teatro, la danza y el ballet, la música clásica e instrumen­tal con la fundación de la Orquesta Sin­fónica Nacional, la impresión, la serigra­fía, la fotografía, etc.

Cambios en la Universidad con Trujillo. En el aspecto curricular, duran­te la Era de Trujillo fue restaurada la en­señanza expositiva de las cátedras magis­trales, introduciéndose el sistema de es­tudiantes libres; y a los estudiantes deno­minados “autorizados” les dieron un pla­zo de 10 años para obtener sus diplomas.

Asimismo, la Facultad de Filosofía fue restablecida por medio de la Ley Ge­neral de Estudios de fecha 5 de diciem­bre de 1932.

Una nueva Ley de Organización Univer­sitaria fue promulgada en fecha 21 de octu­bre de 1937, la cual puso fin a los “estudian­tes libres”, reconociendo solamente los es­tudios oficiales; dicha ley dispone de un ré­gimen de vacaciones, y procura la metodi­zación de los estudios y de la docencia uni­versitaria. Asimismo, prohibió los cursos si­multáneos, y crea las siguientes facultades:

a) Derecho con estudios de Notariado, Hacienda Pública y Economía;

b) Medicina, con estudios de Obste­tricia, Enfermería, Higiene y sanidad;

c) Farmacia, con estudios de Quími­ca azucarera;

d) Filosofía, Letras e Historia, es de­cir, los estudios humanísticos.

Para la facultad de Filosofía la Ley de 1937 establecía un mínimum de 13 ma­terias, que podían ser desdobladas en un número mayor de asignaturas: 1) Historia de la Filosofía; 2) Historia Moderna Uni­versal; 3) Historia de América; 4) Histo­ria de la Literatura Española; 5) Historia de la literatura extranjera; 6) Literatura; 7) Literatura Griega; 8) Psicología; 9) Fi­lología; 10) Introducción a la Filosofía; 11) Sociología; 12) Filosofía Moral; 13) Literatura Latina.

Los estudios filosóficos durante la Era de Trujillo. Posteriormente, en 1939, se reorganizó la Facultad y los es­tudios de filosofía se extendieron un mí­nimo de 133 asignaturas, reformado di­cho plan de estudios en 1954.

Otro importante cambio se produ­ce con la puesta en vigor de la Ley Núm. 177, de fecha 14 de noviembre de 1939, con la cual se reorganiza la Facultad de Fi­losofía, Letras e Historia, denominándo­la Facultad de Filosofía, con el propósi­to de: “Realizar la misión de la Universi­dad, que no es otra que contribuir al auge y difusión de la cultura humana median­te el fomento y enseñanza de los princi­pios y fundamentos esenciales de las dis­ciplinas del espíritu, en su grado más ele­vado, es decir, en lo teorético, en lo puro”.

Agregando a lo anterior lo siguiente: “El conocimiento teorético, el puro, es el primer paso indispensable y fundamen­tal, para la ulterior acción, si es que esta debe ser racional. Sin él no hay método ni técnica, ni ciencia ni inteligencia de la vida y de las cosas”.

Además, fueron consignadas como funciones de la Facultad de Filosofía otorgar los títulos de Licenciado y Doc­tor en Filosofía.

Los estudios de filosofía podían ser cur­sados por personas que no fuesen bachille­res, siempre y cuando fuesen mayores de 25 años, previo examen de admisión. Muchos diplomáticos extranjeros se matricularon en la Facultad de Filosofía, lo cual es una muestra de su crédito académico.

El enciclopedismo fue un elemento ca­racterístico en el cuadro de materias co­rrespondiente al periodo del año lectivo 1939-1940, que se ofreció durante va­rios años, aunque luego fue modificado.

La Ordenanza del Consejo Universita­rio Número 3-40 del 11 de enero de 1940 aprobó el Reglamento de trabajo docente de dicha Facultad y en ese mismo mes y año, el 23 de enero, inició sus labores aca­démicas. El edificio de la Facultad de Fi­losofía fue designado con el nombre del insigne humanista don Pedro Henríquez Ureña, por medio de la Ley Núm. 1186, de fecha 23 de mayo de 1946.

Mediante la Ley Núm. 4864, del 26 de febrero de 1958, se establecen los cursos preparatorios en todas las facultades de carácter profesional de la Universidad, y, el artículo 2 de la citada Ley la denomina “Facultad de Filosofía, Ciencias y Educa­ción”, aunque el 2 de octubre del mismo año la Ley 5006 la nombra “Facultad de Filosofía y Educación”, dándole autoridad legal para expedir títulos de grado de Li­cenciado y Doctor en Educación y en Fi­losofía en las distintas secciones que esta­blezca el Consejo Universitario.

La Ley de Organización Universitaria Núm. 5130, del 13 de mayo de 1959, le mantuvo el nombre de “Facultad de Filo­sofía y Educación”, con las siguientes es­cuelas adscritas a la misma: a) Escuela de Periodismo; b) Escuela de Idiomas; c) Es­cuela de Servicio Social; d) Escuela de Bi­bliotecarios Archivistas; consignando di­cha Ley que la Escuela de Filosofía podía otorgar los siguientes títulos: a) Licencia­do en Filosofía; b) Doctor en Filosofía; c) Licenciado en Ciencias de la Educación.

Mediante la Ordenanza Núm. 12\59 del 17 de julio de 1959 fue aprobado el regla­mento que regula el funcionamiento do­cente en la “Facultad de Filosofía y Edu­cación”, la cual disponía en su artículo 11 lo relativo al plan de estudios.

Por medio de la Ley Núm. 5130 que mo­dificó la Ley Núm. 5364 del 1ro. de junio de 1960 se dispuso establecer una prueba de nivel a los estudiantes de la Facultad.

Asimismo, la Ley 5415 del año 1960 modificó la estructura de la Facultad de Filosofía y Educación, en lo concernien­te a las escuelas, siendo eliminadas por inoperantes las Escuelas de Biblioteca­rios y Archivistas, y la de Servicio Social.

El Estatuto Orgánico de la Universi­dad de 1962 se mantuvo el nombre de “Facultad de Filosofía y Educación” con las siguientes Escuelas: a) Periodismo; b) Idiomas; c) Bibliotecarios y Archivistas.

En el mismo Estatuto se estipula que la “Facultad de Filosofía y Educación” otor­garía los siguientes títulos: 1) Licenciado en Filosofía, en las secciones establecidas por el Consejo Universitario; 2) Doctor en Filosofía; 3) Licenciado en Ciencias de la educación, en las secciones establecidas por el Consejo Universitario; 4) Doctor en Ciencias de la Educación.

El post-trujillismo y la autonomía universitaria. Tras la muerte de Truji­llo la Universidad logra la autonomía por medio de una ley de fecha 31 de diciem­bre de 1961, promulgada por Joaquín Ba­laguer, Presidente del Consejo de Estado, el 7 de enero de 1962.

Dada la apertura determinada por tal autonomía, comienza a manifestarse un considerable aumento de la demanda de los servicios educativos universitarios, por ejemplo: La matrícula universitaria cre­ció considerablemente, en 1960 habían 3,448 estudiantes matriculados, y en 1963 el número era de 5,055, y diez años des­pués, en 1974, contábamos con una ma­trícula de 31,684 estudiantes. En 1978 la UASD contaba con 46,000 estudian­tes, y en 1978 tenía matriculados unos 70,000 estudiantes.

Además, a nivel nacional se organizan nuevas academias dedicadas a la enseñan­za superior: La Universidad Católica Ma­dre y Maestra fue fundada en la ciudad de Santiago de los Caballeros por iniciativa de Monseñor Hugo Eduardo Polanco Brito, en 9 de septiembre de 1962; pos­teriormente se crea la Universidad Nacio­nal Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) en la ciudad de Santo Domingo.

Sobre la fundación de la UCMM Cas­sá opina que “su fundación en 1962 fue gestada por el mismo conglomerado em­presarial que creó una asociación empre­sarial, el primer banco comercial privado de la época postrujillista, un instituto para la formación de técnicos medios en el sec­tor agropecuario y una financiera de de­sarrollo. Estos sectores contaron con el estimulo y desarrollo de los Estados Uni­dos, en lo que incidió el diseño que for­mulaban para el papel conservador de la educación superior privada”.

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