Cultura Libros

Mujeres atormentadas. Mercedes Mota: Correspondencia con Pedro Henríquez Ureña (IV)

Mercedes Mota
Escrito por Debate Plural

Diogenes Cespedes (Hoy, 16-4-16)

Los historiadores literarios dominicanos tienen por delante la tarea de establecer los datos biográficos exactos de Mercedes Mota y deberán enfrentarse con los siguientes enigmas: su fecha de nacimiento, la identidad de su padre, por qué llevan ella y su hermana el apellido Mota, en vez de De la Mota, por qué se fue en 1919 a Nueva York con un sobrino y dos sobrinas luego de la muerte de su hermana Antera en 1916, y cómo obtuvo la visa de residente y de cuáles medios disponía para el mantenimiento de boca de cuatro personas, ella incluida, y su famoso viaje a Europa del cual habla tan favorablemente en sus “reminiscencias”.

Vimos en las entregas anteriores, basados en afirmaciones de Sergio Riva, hijo de Gregorio Riva, de Eugenio Cruz Almánzar, de J. Agustín Concepción, de Orlando Inoa y de la propia Mercedes Mota, que su padre y el de Antera fue un asiático, un chino culí traído mediante contrato desde Cuba para trabajar en las obras emprendidas por Gregorio Riva en la cuenca del Yuna, en Moca y La Vega en casas de mampostería y un cementerio.

Pero pese a todas esas afirmaciones, no disponemos todavía de un documento oficial o privado (Inmigración, Aduanas) de la entrada al país tanto de José Socorro, el supuesto padre de las hermanas Mota, como del resto de los chinos que vinieron juntos desde Cuba después de la Restauración de la República, no obstante la contundencia con que Cruz Almánzar, en su libro San Francisco de Macorís íntimo, aporta los nombres y descendencia familiar de los demás chinos que se aposentaron en aquella provincia y sus demarcaciones.

Un dato no recogido por los historiadores familiares dominicanos, provinciales puertoplateños o cibaeños es el de Rufo Reyes, esposo de Antera, quien en los Documentos del gobierno de Carlos F. Morales Languasco. 1903-1906 (SDArchivo General de la Nación, 2015), recopilados por A. R. Hernández Figueroa, figura como general de la montonera, miembro activo del círculo íntimo del líder de los horacistas y jimenistas que se unieron para dar al traste con el gobierno de Alejandro Woss y Gil, último remanente del liliismo.

El general Reyes fue nombrado encargado interino del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, en espera de la llegada del ciudadano Enrique Jimenes, hermano de Juan Isidro, titular de dicha cartera.

Es decir, que el cuñado de Mercedes Mota era un personaje de vara alta en Puerto Plata, encargado de un ministerio por el presidente Morales Languasco (1868-1914), pero hasta ahora le teníamos únicamente como agricultor o propietario, pues con lal profesión figura en las actas de matrimonio y defunción de su esposa Antera Mota de Reyes. Del presidente Morales, su compueblano Rufino Martínez traza un amplio perfil en su Diccionario histórico-biográfico dominicano (SD: De Colores, 1997).

Esta conexión con personaje tan importante quizá explique el viaje de Mercedes Mota a París y el resto de las naciones que visitó mientras Morales Languasco ejerció como Encargado de la Legación dominicana en París, ciudad donde le sorprendió la muerte en 1914, y razón por la que la escritora decidió regresar al país, pues sin los medios económicos de su protector no podía mantenerse en una ciudad tan costosa.

Quizá la influencia del general Reyes explique el visado de Mercedes Mota y su sobrino y dos ssobrinas a los Estados Unidos. Pero estas suposiciones necesitan una documentación escrita para ser creíbles. Véanse las cartas que el mandatario le dirige al general Reyes y el decreto de Morales designándolo en el cargo interino en el libro mencionado (pp. 42-43, 142, 296 y 319).

Valedores tampoco le faltaron a Mercedes Mota mientras vivió, pues Américo Lugo revela, por ejemplo, en su artículo “Emilio Prud’homme” cómo ayudó a que se nombrara como maestras a las dos hermanas Mota: «Persuadí a Don Washington Lithgow a que como presidente del Ilustre Ayuntamiento hiciese nombrar a la señorita Antera Mota y su hermana menor, la señorita Mercedes, directora y subdirectora, respectivamente, del Colegio de Niñas.» (En Obras escogidas, t. 2. SD: Corripio, 1993, p. 424).

Y el puertoplateño que conoció todos los recovecos de su ciudad, Sebastián Rodríguez Lora, concluyó en que la vida de Mercedes Mota fue un misterio: «Mercedes Mota es historia y es leyenda. La historia que recuerdo de ella termina cuando uno empieza a contarla. La cubre mucho aluvión de tiempo y de olvido. Parece escrita con tinta de niebla.» (En Estampas de mi pueblo. SD: Alfa & Omega, 3ª ed. 1992, p. 349. 1ª ed. 1983, 2ª ed.1988).

Pero más misterio es todavía el nombre del padre de las Mota: «La leyenda es la de su padre, el chinito Francisco Sam, que no sabemos de dónde vino y cómo se llamaba en verdad, del cual no sabemos nada, salvo que existía sin mirar y trabajaba incansablemente allá por el Callejón del Tapado, en mi pueblo. ¿Qué haría el chinito Sam para ganarse la vida?» (Ibíd., p. 350).

El autor no ofrece la fuente de dónde sacó el nombre del supuesto padre de las Mota. Es el mismo nombre que suministra Bernardo Vega, sin prueba. Cuando se escribe historia, o cualquier otra disciplina, cada afirmación debe tener su prueba oral o escrita irrefutable o, si no, varias pruebas cruzadas. De Cruz Almánzar no fue. De Sergio Riva tampoco.

Las Mota fueron veneradas y respetadas en Puerto Plata, pero un historiador de quien no se sospecha prejuicio o resentimiento contra nadie como es Rufino Martínez, según consta en su autobiografía, no tuvo opinión favorable de Mercedes Mota: «A una profesora que se permitía en la selección de alumnas para su escuela, una perjudicial discriminación, no atreviéndose padres o guardianes a protestar o a denunciar ese hecho, en razón de tratarse de una persona poderosa, amparada por las superiores autoridades provinciales, le hice una censura, sin señalar su nombre, en un artículo titulado: Nobleza de mala ley. La causa fue que habiéndole recomendado personalmente una niña medio emparentada conmigo [, DC] cuando ella se le presentó, le escudriñó el linaje y también tomó en cuenta el color de la piel, y terminó por expresarle: ‘Dígale al señor Martínez que ya se completó la inscripción, y no hay puesto para usted’.» (Páginas de mi vida. SD: Cultural Dominicana, 1975, p. 50).

Y continúa el autor, cuya firmeza de carácter es bien conocida, narrando su caso: «Resultó que puse el dedo en la llaga, y el número incontable de familias perjudicadas halló la oportunidad de revelar y comentar públicamente su caso. El poderío de la profesora no dejó de afectarme en forma de sanción como adscrito al servicio de instrucción pública. El Inspector de Instrucción Pública, un zorro envejecido en el oficio de abogado, casi tronó como un Júpiter tonante, convocó al Consejo Provincial de Educación, y el cuerpo decidió, sin citarme ni oírme en mi defensa, suspenderme por quince días y recibir medio sueldo. Se comentó públicamente esa arbitrariedad o injusticia, y por iniciativa del miembro del Consejo Pepito Puig, se decidió citarme y oírme en sesión. Comparecí y dije todo lo ocurrido, y como decisión final me comunicaron luego por escrito, que la pena consistía en una reprensión. Ya la pena arbitraria había surtido todo su efecto.» (Ibíd.).

Pero a juzgar por el destino de la profesora Mercedes Mota, aludida por Rufino sin citar su nombre en sus memorias, la reprensión, menos que el artículo de prensa, causó en ella un efecto devastador: «El mal del discrimen en la principal escuela de hembras desapareció, y la profesora, en señal de protesta o de soberbia, pidió su jubilación, se retiró del magisterio, donde ya tenía ganada una extensa hoja de servicio, y luego de vender su buena morada, se retiró definitivamente del país, jurando odio eterno a mi humanidad. Falta consignar que su cuna era humildísima, y su raza clasificada entre las de color.» (Ibíd., pp. 50-51).

Solo le faltó a Rufino decir el nombre de su adversaria y a Nueva York, Estados Unidos, la ciudad donde se retiró definitivamente sin volver a pisar suelo dominicano, aunque Bernardo Vega me informó en conversación personal que Mercedes Mota vino por única vez al país después de la muerte de Trujillo. Queda esto por investigar y probar.

¿Fue esta pequeña batalla perdida o la vergüenza que le causó el artículo de Rufino Martínez publicado en un periódico lo que la llevó a abandonar el suelo patrio?

Acerca del autor

Debate Plural

Un medio independiente, libre, plural, sin ataduras con empresas o gobiernos; buscando el desarrollo de una conciencia critica, y la verdad que subyace en el correr de la vida nacional e internacional para el empoderamiento del pueblo dominicano en relación con las luchas y reivindicaciones económicas y sociales fundamentales

Dejar un comentario