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Epistolario íntimo…La mirada al punto de horizonte (51)

Escrito por Odalís G. Pérez

El  21 de mayo de 1923, siete días después de la carta enviada por Pedro a Alfonso, este último le responde con alegría satisfecho por el contenido de la carta anterior:

“Tu alentadora carta en que me hablas de que ha llegado el momento de que escriba yo con la seguridad de encontrar la aceptación suficiente en el público, me llegó como “cuelga” de día de cumpleaños, el día 17 (tengo 34 años, y comprendo ahora bien que Jesucristo prefirió morir un años antes, para no enredarse con María de Magdala).” (Ver Carta de Alfonso Reyes enviada a Pedro Henríquez Ureña desde Madrid, el 21 de mayo de 1923, p. 237)

A seguidas, AR le pide a PHU, con todo el entusiasmo, consejos sobre publicaciones en Nosotros y en Repertorio Americano:

“He visto a Nosotros mi “Cavia”, que entiendo tú diste a esta revista: gracias. Ya te envío diez erratas de HUELLAS, ¿Si García Monge reprodujera en su CONVIVIO lo único que debe salvarse de ese tomo, con una nota preliminar tuya? He visto en REPERTORIO algo de Salomón de la Selva: la cajita de Olinalá: ¿Si Sal y yo tendremos que salvar la lírica española?  ¡Lástima que a veces, él se contenta pronto, y que yo esté tan enmohecido!” (Vid. pp. 237-238)

La línea cardinal de Reyes en el Epistolario íntimo… sigue el trayecto que da cuenta de sus libros, colaboraciones y consejos.  Su avidez de conocimiento e información lo obliga a estar enterado de aquello que ocurre en el ámbito de las publicaciones conocidas e incidentes en el mundo editorial hispanoamericano:

“He visto en EL UNIVERSAL un art. tuyo sobre Orientaciones Americanas;  lo he recordado, y aún no lo leo, aunque ya sé de qué se trata: muy oportuno: hay que irse con cuidado: ¡no hagamos el “americano” en el mal sentido! Ahora recuerdo, de pronto, que eres tú quien me ha dejado de contestar grandes cartas mías, algunas en que casi reclamaba  consuelo sentimental contra ciertas injurias que me hizo el malhechor desconocido. Nunca me contestaste oh Pedro.  (Ibídem.)

La panorámica visión de conjunto como figura retórica, aparece a seguidas en la descriptio y la narratio de AR:

“Anoche, en la cena del conde de San Esteban de Cañongo (Ritz: Condes de Aguilar de Hinestrillas, Condesita de Prado Ameno, Verhagen matrimonial: agredados comerciales de Bélgica, Jonker Melvill Von Carbee, ministro holandés, etc.), tuve el agrado de encontrarme situado entre la Condesa de Llovera (militara agregada, regreso del japonismo, marido el aire, muy serio como joven, ella tipo ganchudo moreno algo snobita descocada), y la Duquesa de Durcal (ex-niña lavandera casada aristócrata canalla, emputecida dignamente en manos (de) Duque de Alba, a cuya duquesita joven y linda domina, gobierna y enseña), ambas discípulas del curso bisemanal que en el Palacio de Liria (Duc d’Albe) da Ortega y Gasset sobre filosofía, a damas aristrocaticocachondas.” (Ibídem.)

El tono y la prosa de novela cortesana adoptados por AR en esta carta revela un empleo exquisito de la rica y proverbial clase de corte y diplomacia francesa, donde se cuece la farándula, etiqueta y protocolo diplomáticos respetables y que AR describe en detalle y contexto:

“Toda la noche la pasé discutiendo las relaciones del platonismo con la filosofía indostánica con la rubia y madura duquesa de Durcal, que encontraba siempre el medio de hacer unas insinuaciones tout-l’orient pourvies, mientras la morena de la derecha, la de Llovera, les llamaba a las cosas por su nombre, y se reía de lejos de la seriedad de su marido, que parecía darse cuenta de los horrores que me estaba diciendo.  Yo le hablé a la Durcal, de Vasconcelos: ¡Es lástima que Vasconcelos no sea bastante snob para enviarme un Vol. Dedicado a ella de sus Estudios indostánicos!  Es una de las estrellas de esta lupanar corte.” (Ibídem. pp. 238-239)

El diplomático vive de sus protocolos y de lo que genera el ambiente  de las cortes, y más si son cortes “parisienses” o parisinas que con danza, música y banquetes crean sus vidas también desperdiciadas y destrozadas por el rumor público. Escenas escandalosas bosques frondosos,  adulterios, comercio implícito de cuerpos, vestimentas y prendas brillosas pertenecientes a un nivel de clase o alcance aparecen en este contexto. El  al que se refiere AR paga sus impuestos y tiene sus clientes, sus valores agregados desde Lupanar el siglo XV hasta nuestros días en Francia.

Lo ironía que destila esta carta informativa y novelesca de AR se hace visible, y más si de lo que se trata es de retratar el medio artificial donde él se desenvuelve.  El medio diplomático europeo y latinoamericano tiene sus claves y protocolos; ambos dialogan a un sistema de señales, signos y condicionantes forzosamente políticos. La Obra Diplomática de AR da cuenta de toda una historia que incide por sus cardinales sociopolíticas y culturales, pues el embajador, el cónsul, el ministro, y todo el que ocupa lugar representativo en la plantilla oficial y oficiosa de las relaciones exteriores, defiende y justifica su puesto de manera específica en su protocolo y clave de trabajo. 

De ahí que la movilidad de AR en Europa debe entenderse como un catalizador de acciones y estrategias de usos, formas y poderes.  Reyes se queja de los afanes y del tiempo que todo esto le roba a la escritura. Sus reproches y respuestas, algunas veces airadas, a su amigo Pedro se deben a la permanente ocupación que obstaculiza a Reyes y que le quita tiempo para su espacio de escritura. La concepción  de un campo de trabajo como el de PHU y la línea que programáticamente asume AR en su trabajo, da lugar a un reordenamiento de la vida privada en sus eventos y condicionantes reales.

Es por eso que, en ambos casos, la vida adquiere su propio color y sentido, debido a que los escenarios de acción real imponen un comportamiento sujeto a líneas de expresión y fuerzas justificadas en sus propios valores, esperanzas, techos sociales y razones. Las “normas objetivas” de las que hablan AR y PHU dependen mucho de sus respectivos espacios culturales y sociales.

Cabe preguntarse en estas circunstancias, ¿de qué manera nuestros dos actores intelectuales administran su tiempo en condiciones de trabajo, responsabilidades, descanso, tácticas de producción de textos, salud, escritura, asistencia a eventos y otros puntos de la agenda llamada moderna?

Desde luego, cabe también interrogarse en torno al tiempo dedicado a la familia en condiciones de tantos compromisos y puntos de agenda.  PHU se queja ante AR porque él no puede escribir todos los libros que quisiera, ni dedicarse a la literatura como desea, debido a la subsistencia para salir a flote en el diario vivir y en su medio intelectual.  Sin embargo, es allí donde se complica el trayecto existencial y vital con sus fases, tonos, pulsos, movimientos estratégicos y productivos.

La necesidad de establecer un rutario intelectual, más las entradas económicas para decidir un nivel de vida de clase media acomodada, tanto en México, así como en Argentina, implica un cálculo estratégico de vida, sociedad y trabajo.  La ganancia por colaboración en periódicos de New York, Cuba, México, Argentina, Costa Rica o España, funciona de manera complementaria; pero en el caso de PHU no existe un respaldo económico de protección.  El trabajo en universidades o escuelas de altos estudios o institutos  especializados con pago estatal, gratifica hasta un punto pero sin suficiente nivel de estabilidad.

Acerca del autor

Odalís G. Pérez

Profesor Investigador de la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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