Cultura Nacionales

Spengler Aurobindo y Weininger, tres sombras escondidas

Oswald Spengler
Escrito por Debate Plural

Marcio Veloz Maggiolo (Listin, 8-9-17)

Hay numerosos pensadores que, restringida su lectura y aprecio por un público desconocedor de su importancia, o por el momento político en el   que viven, son ignorados. Su conocimiento se queda a veces varado en las fichas de los conocedores, en los cuadernos de notas y en las bibliotecas que otros sabios, como ellos, visitan para consultarlos. El pensador sigue viviendo en sus libros mientras que sus pensamientos esperan que otro los complete, los despierte y recupere.  Las propias modas culturales se han encargado de obscurecer miles de pensamientos. Ahora muchos editores “descubren” textos que nos llegan como tesoros perdidos. Valores viejos  descubiertos por considerarse novedosos,  funcionales. Algunos son leídos con cierto miedo a sus ideas apreciadas como atrevidas cuando no concuerdan con las de nosotros, o alocadas, rezagadas, cuando no las entendemos. Otros lo son con la desconfianza que produce la incapacidad de entender. Ain cultura, en el aspecto que la concebimos, no hay entendidos.  Sin embargo, son y fueron escritores, pensadores, con una fuerza tal que abonaron el camino hacia un entendimiento nuevo de sus áreas, roturando ignorados surcos para el conocimiento, o bien propiciando nuevas maneras de ver el mundo.  Intelectuales que trabajaron para un mejor entendimiento de lo real y de Ölo irreal.       Pedro Delgado Malagón toca en  artículos recientes la discutida figura de Oswald Spengler, quien considerara  el fracaso de lo que podríamos denominar “cultura pura”, hasta convertirse en civilización, propiciando la idea de  su divergente concepción de cultura y civilización. Spengler, tocó temas que luego, interesado,  utilizó y modificó  el nacional socialismo, temas que el mismo encontró en su camino sin proponerlos como forma política y que estaban larvados en el pensamiento alemán de su tiempo, representado en Schopenhauer y Nietzsche, y más tarde en  Otto Weininger, entre otros.

Políticos nazis vieron en la llamada “raza aria”, (un primer nicho de las presencias hinduistas nada políticas en su rtiempo), en vez de un concepto religioso, una raíz política paralela al universo de un racismo e inteligencia superiores .

Spengler y su obra fueron malinterpretados y  las presiones de tipo ideológico de ayer reventaron con criticas malsanas frente a su libro principalísimo, genial titulado  La Decadencia de Occidente, donde se perciben los hálitos pesimistas del fortísimo idealismo y romanticismo alemán decadente en alguna época brillante del pensamiento germánico. Siendo una obra refulgente, La Decadencia de Occidente fue considerada por muchos como melancólica. De la misma manera había sido considerada la de Otto Weininger, quien a sus 23 años de edad se suicida dejando una sorprendente huella del saber marcada  un libro que fue lo que hoy llamamos “best seller”.  La obra de este pensador, casi esquizofrénico, pero genial, titulada Sexo y Carácter comportaba el análisis de una sociedad vienesa intrínsecamente desconcertada en aquel momento. Golpeada, según Spengler y decadente. Obras ambas de un pesimismo que luego se extendería incluso hasta tocar la intelectualidad de lengua española. Vale recordar a los pensadores españoles herederos de una parte de esas corrienes como lo serán  mas tarde Pedro Caba y Carlos Castilla del Pino.   En la actualidad Weininger se revalora y su pensamiento vuelve a  ser estudiado.        Pensamos en la Grecia clásica a nuestro acomodo, pero nunca ya entenderemos plenamente sus valores. Desde este punto de vista muchas de las previsiones de Spengler han entrado en la llamada “modernidad” y germinan.        El análisis de Delgado Malagón me pone al día.  Al quebrantar el sistema valorativo “occidental”de algún modo,  Spengler rompía muchas valoraciones que ahora percibíamos como erráticas.  Me impresionó su visión, por ejemplo, de cómo los juegos olímpicos, parte de la educación griega, importante método pedagógico que se basaba en la educación visual, al convertirse en “deportes”, perdía su esencia formativa y pedagógica para competir como bandera donde priman las políticas estatales y el dinero. El teatro se transforma en cinematografía, un sustituto lejano a la vida  del pueblo como educador,  y en cada alcance de la actual modernidad, se ausenta  la base cultural originaria modificada por el sistema de la economía política de cada momento esgrimida por cada clase social.  De este modo cultura y civilización son contrarios. Incapaces de ser complementarios.  Ello representaba la decadencia lúdica de la cultura entrando en la etapa de la “civilización”, donde un concepto de lo lúdico vendría a cimentarse de otro modo.

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