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Los mitos acerca de Mon Cáceres

Mon Caceres
Escrito por Debate Plural

Diógenes Céspedes (Hoy, 7-1-12)

El historiador dominicano radicado en Nueva York, José C.Novas, ha publicado un interesante libro cuya densidad documental desmitifica la mayoría de las creencias que los libros de la historia familiar dominicana nos han transmitido acerca del progreso, el orden y la paz alcanzados por nuestro país durante el gobierno de Ramón Cáceres Vásquez, mejor conocido como Mon (1906-1911).

Asimismo, el libro de Novas desmitifica la creencia falsa, tenida por verdad, de que la caída de los gobiernos de Woss y Gil, Juan Isidro Jimenes y Morales Languasco se debió a la lucha de los caudillos por el poder y a la ambición de dinero para mantener su respectiva clientela.

El historiador se ha basado, para sostener su tesis, en una serie de documentos extraídos por él de los archivos norteamericanos del Departamento de Estado, del Senado norteamericano y de la correspondencia de la Legación norteamericana en Santo Domingo, así como de las obras de Cyrus Veeser, “A World Safe for Capitalism. Dollar Diplomacy and America’s Rise to Global Powe r” publicado por la Universidad de Columbia en 2002; los libros del ex Secretario de Estado Elihu Root que contienen la colección de documentos norteamericanos de 1895 a 1908 y su discurso sobre América Latina y los Estados Unidos; el libro de Lester D. Langley, “The Banana Wars. United States Intervention in the Caribbean, 1898-1934”, publicado por la Universidad de Kentucky en 2002; el libro de Dwight C. Minor, “The Fight for the Panamá Route, the Story of the Spooner Act and the Hay-Herran Treaty”, publicado por Columbia University en 1940; el libro de Thomas Cleland Dawson, “Sa n t o Domingo Correspondence by the United States Legation. U. S. Department of State Confidential Archives”, publicado por Princeton University en 1905: el libro de Jacob H. Hollander, “Debt of Santo Domingo. Special Reports Submitted to President of United States Theodore Roosevelt by Jacob H. Hollander, Special Commissioner”, publicado por la Imprenta del Gobierno en Washington en 1905; el libro de Frederic M. Halsey, “Railway Expansion in Latin America. Statistics in the Office of Jas H. Oliphant & Co., New York Stock Exchange”, Nueva York 1916.

Colección de tesis de la Universidad de Michigan; el libro clave de Richard D. Challener, “Admirals, Generals, and American Foreign Policy 1898-1914”, publicado por la Universidad de Princeton en 1973; así como los “Informes Anuales del Departamento de la Marina Americana de los años 1902 a 1906 y

1911 y la correspondencia relacionada con el Protocolo de Acuerdo entre los Estados Unidos y la República Dominicana relativa al control de las aduanas, de 1905, publicado por la Imprenta del Gobierno Norteamericano.

Esa copiosa documentación le ha servido a Novas para examinar un espacio histórico tan breve como el que va de los motivos de la caída de Lilís hasta las de Woss y Gil, la de Morales Languasco y, finalmente, la ascensión de Mon Cáceres luego del fracaso de la unión de jimenistas y horacistas manipulados por los Estados Unidos con la finalidad de imponer un gobierno que diera marcha atrás a la anulación por Woss y Gil del “Modus Vivendi” y su sustitución por la Convención de 1907, cuya firma le valdrá un préstamo de 20 millones de dólares a Cáceres, y con ese dinero se tallará la leyenda de la historia familiar dominicana de que en su gobierno prosperaron el progreso, el orden y la paz, cuando en realidad la Guardia Rural, luego convertida en Guardia Republicana, fue el brazo armado inventado por los norteamericanos con el cual el gobernantemocano bañó en sangre al país, y arrasó con gente, ganado y propiedades en la Línea Noroeste. En el modelo de aquella Guardia Rural se inspirarán los norteamericanos para dejarle a Trujillo la herencia de su intervención en el país.

En efecto, en la obra “El presidente Cáceres. Fábula del progreso, el orden y la paz” con un arsenal de documentos fidedignos, extraídos de los archivos norteamericanos de la época que abarca hasta el período de gobierno de Cáceres, Novas estudia con detenimiento y profundidad lo ocurrido y nos revela que a partir del asesinato de Lilís todos los gobiernos fueron muy breves y obedecieron a la lucha de los caudillos por apoderarse del poder y controlar las aduanas para repartirlas a su clientela, pues era la única forma de vida. Con la instalación del Ferrocarril Central, Lilís arruinó el modo de supervivencia económica de Mon Cáceres y su primo Horacio Vásquez, que se dedicaban al negocio de las recuas, las cuales trasportaban los productos agrícolas desde su provincia hasta Santiago y Puerto Plata.

Pero con la caída del gobierno de Woss y Gil, esta lucha de los caudillos por el control de las aduanas va a cambiar drásticamente, ya que los Estados Unidos se empeñaron en utilizar la fuerza militar para hacer valer su derecho imperial de controlar el Caribe y América Latina a fin de que ninguna potencia europea impidiera la expansión de sus negocios a través del proyectado canal de Panamá. Para lograr esto, los norteamericanos apelaron una vez más a la Doctrina Monroe, al Corolario de Roosevelt y a la política trazada por el Consejo de los Generales para lograr el control total de la región del Caribe y América Latina. Derribaron los gobiernos latinoamericanos que osaron protestar contra la política del garrote y la diplomacia del dólar.

En esa vorágine de dominación imperial norteamericana es que se verán envueltos no solamente los gobiernos dominicanos desde Woss y Gil hasta el fin de la guerra fría, sino también los demás gobiernos latinoamericanos que osaran oponerse a los designios de dominación norteamericana en la región. Se puede decir que estos designios terminaron con la entrega del Canal de Panamá a ese país mediante el Tratado Torrijos- Carter en 1977, pero a partir de ahí regirá otra política de dominación que se entroncará con un relativo apoyo a las elecciones libres y las democracias tuteladas por los norteamericanos para, finalmente, diluirse en 1989 con la caída del muro de Berlín y la libre circulación de mercancías de los países más industrializados hacia los consumidores de los países en vías de desarrollo y el paso franco a los Estados Unidos como potencia unipolar en el mundo entero hasta el estallido de la gran crisis de acumulación que se produjo en el mandato de George Bush en 2008 y que hoy se abate sobre el planeta.

En la próxima entrega veremos cómo Novas dibuja los artimañas norteamericanas en el país y cómo los caudillos Vásquez, Jimenes y Cáceres son manejados como marionetas y cómo, con tal de conservar sus intereses, se amoldan a la política trazada por el Departamento de Estado y la Junta de Generales para controlar nuestro país, pero al mismo tiempo estos caudillos, a través de sus discursos y manifiestos al país, les hicieron creer a los dominicanos la mentira de que luchaban por el progreso, el orden y la paz y que eran ellos quienes derribaban gobiernos, y no los Estados Unidos.

Los historiadores familiares reprodujeron en sus obras esas fábulas. De ahí el culto a las familias Vásquez, Cáceres, Henríquez, Tejera, Cabral y Báez, Galván, Eliseo Grullón, Manuel Lamarche García, Pedro A. Bobea, Joaquín Salazar, Juan B. Alfonseca, Pancho Henríquez, Federico Velásquez, Juan Francisco Sánchez, Emilio Joubert, Cayetano Armando Rodríguez y otros de menos viso que redactaron y apoyaron la Convención de 1907. Dice Novas, y se comprueba con la sola mención de los apellidos, que hubo en esa lista de firmantes de la infamante Convención de 1907, prominentes normalistas, es decir, hostosianos. Pero se convirtieron, quizá con una excepción posterior, en intelectuales ancilares del imperio norteamericano. Hasta el día de hoy esos apellidos sirven a la oligarquía dominicana y a su potencia protectora.

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