Cultura Educacion

“Mi querido señor Hostos”

Eugenio Maria de Hostos
Eugenio Maria de Hostos
Escrito por Debate Plural
Yvelisse Prats Ramírez (Listin, 9-1-16)

Puede parecer un disparate, una fanfarronada, una superchería. Pero es verdad, Hostos me quiere.

Creo que me hubiera querido, en la época de su Escuela Normal la que seguramente hubiera yo visitado, para insistentemente solicitar ser la primera mujer a la que se le abrieran las puertas de esa institución que cambió nuestra historia educativa.

Me siento así querida, aun parezca presunción por una cadena de hechos que no pueden ser casuales.

Estudié bachillerato en el Instituto Salomé Ureña de 1945 a 1949. En mi último año, tuve el privilegio de estudiar dos asignaturas que luego fueron excluidas y satanizadas en la reforma antihostosiana que durante su gestión como ministro de Educación hizo el Dr. Balaguer.

La Moral Social y la Sociología, estudiadas en los textos originales del Sr. Hostos e impartidas magistralmente por el Prof. Dr. Antonio Ballester, fueron y han sido para siempre, brújulas en mis dos profesiones: la de maestra y la de política.

Fueron, además, una incitante carta de presentación del maestro Hostos, que me llevó a seguir estudiándolo, a escribir y hablar sobre él, y a esforzarme por contextualizar sus principios en la agenda de hoy, distinta en mucho, pero con similitudes en lo profundo y germinal a sus temas. Si Hostos no me quisiera, con la paciencia y el desvelo con que amó a sus discípulos, yo no hubiera tenido el valor y la perseverancia para enfrentar prejuicios hoy ya superados, con mi iniciativa que asumió con igual fervor el presidente Salvador Jorge Blanco de llevar sus restos mortales al Panteón Nacional en 1985. Allí están, para recibir el homenaje que merecen.

Ese amor del maestro me amparó cuando se me acusó de atea, como lo hicieran con él, porque defendí la laicidad en la escuela de la Constitución del 63. El laicismo de Hostos, que yo defendí siendo como soy, católica, es respeto y defensa de la libertad de pensamiento en el aula, velar por la ausencia de confrontaciones en el espacio en que maestros-alumnos buscan las verdades juntos.

Perdí mi trabajo por eso, cancelada 2 días después del derrocamiento de don Juan. Más tarde, el Movimiento Renovador de la UASD, de inquebrantable aliento hostosiano, me permitió ser profesora de nuevo, ya sin miedo, basándome en las ideas de Hostos y en la de Freire, ese gran socio moral y educativo del Maestro.

Todavía enseño y aprendo en el Instituto José Fco. Peña Gómez, 50 años después, ¡Prueba de amor que me regala Hostos, alentándome a formar ciudadanos y políticos con la Moral Social como lema!

Siempre me he sentido protegida por Hostos, cuando lo consulto, leyendo sus obras, o las que profundizan en sus ideas raigales para actualizarlas en las nuevas modalidades que exige el Neoliberalismo que representa hoy el viejo imperialismo que combatió el Maestro.

Pienso que me quiere, porque proclamo ser “hostosiana” en medio de la gran debacle producida por el escepticismo y la anomia moral que sustituyen al imperativo categórico Kantiano que Hostos superó para hacer de la moral individual un compromiso colectivo.

Como lo amo, él me ama. Sencillo: ¿No pasó lo mismo con Salomé, dilecta discípula, con don Pancho y don Federico Henríquez, con aquellos otros discípulos que formó a quienes guió desde el “más allá” en su papel como generación brillante e influyente en la historia dominicana?

Hace pocos días recibí una prueba más de amor del Sr. Hostos, una carta en que se me convoca como invitada de honor a los actos que se celebrarán en Mayagüez para conmemorar el 11 de este mes el 177 aniversario de su nacimiento.

Convaleciente de la neumonía, mis deseos de acudir a la cita no pudieron triunfar sobre la prohibición de mi médico. Iré en otra ocasión a Mayagüez donde Hostos esta vivo, no en el pasadismo de los homenajes rituales sino en la permanencia de su estudio, para la actualización y difusión de sus principios.

Mientras llegue la hora de esa romería, envío mis gracias al alcalde de Mayagüez, a quien conocí en enero del pasado año en los actos organizados por la Académica de Ciencias y la Liga Hostosiana en honor al maestro. Gracias también a Ponciano Rondón, presidente de la Liga Hostosiana Dominicana a través del cual recibí la invitación honrosa.

El amor no se agradece, sino se reciproca, al señor Hostos no le digo “gracias”. Le reafirmo en el título y al final de este En Plural, lo que siento por él: “Mi querido señor Hostos”.

Acerca del autor

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