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De las ferias de la diáspora al sancocho cultural del amor fraterno. La muerte del paraíso (I)

Juan Bosch
Tomás Modesto Galán

Esta solemne dedicatoria es propiedad exclusiva de la esposa del Profesor Juan Bosch, sus hijos, nietos, sobrinos, primos y del amplio árbol genealógico e ideológico que él hubiera echado del templo con una escopeta de doble cañón o un tira piedras nuclear. Ustedes no tienen la culpa de que nuestro Insigne Maestro hoy sea una mercancía despachada por las manos sangrientas de muchos de sus antiguos seguidores. También lo ha sido El Che. Chávez, Fidel y Lenin ya tienen sus camisetas. Esta metamorfosis va de la realidad al mito, a la moneda infiel que flota. Es el objeto de un trueque cotidiano.

En hora buena, os invita La fundación Juan Bosch. Nos acompaña el logos morado que una vez fue blanco y rojo y que hoy es una pintura abstracta, digna de un Picasso desolador. Así es el partido que nos libera de la falsa democracia cada 4 año, el Club JB, el Comité de difuntos apáticos que resucitan de la nada para morir otra vez. No hay un emblema ni un color que abra el camino hacia la universalización verdadera del guía inocente de tantos fracasos políticos ignorados. Bajo un aplauso atronador que asusta los recuerdos de Mandela y Lumumba, arriban los teóricos felices del ventorrillo internacional. De pie, por favor. Humíllense frente su propio cadáver.

No se excluye La Gran Marcha Verde, consagrada para salvar el casabe. Hay un homenaje al vacío. La ofrenda desflorada desmiente la grandeza de Dios. Me honro en presentarles la calle sin asfalto, un millón de elefantes blancos sobre valuados por las uñas de los arquitectos del arte de pintar un parque sin corsarios, el boulevard en ruina, la torre que no puede afrancesarnos ni hatianizar el perfume de la hispanofilia.

Los arqueólogos proclaman el triángulo de un exilio que genera más vagancia bien pagada, y la gorra del chapeo inteligente Un minuto de silencio para la estrella sin luz propia, la carnicería oscura donde brilla el amor, la barbería sin cabezas, el partido sin ley, los partidos sin futuro de este paraíso sin purgatorio, la asociación disociadora del buen humor negro, el Simposio marino de la fundación global del chicharrón del pudor, el taller propicio para la poesía de un planeta que no se ha descubierto, la boca mercenaria y risueña, el sancocho cultural en Trompilandia, el matadero electoral doméstico.

Triunfo la tesis de la dictadura con apoyo comercial. Triunfó el pentagonismo pero el imperialismo sustituto es camaleónico. No deja de morderse la cola. Tampoco de nutrirse de genocidios indiferentes. El fraude sublimar ha sido descubierto. El juego de la honestidad es limpio. Hay que releer los cuentos escritos para un nuevo exilio. A falta de una foto, La Mañosa del Profesor no se despierta nunca. Adyacente al de Trujillo, está el puente humillante, una línea solitaria en un discurso vacío, una bandera sin sentido, un pódium desgraciado, un desfile de sordos. Aunque Dios no se cuestione, todo lleva su nombre, Profesor.

El no tiene la culpa de ser inmune a gloria. El Gran maestro ya no es Juan Pablo D, ni Juan B, ni José FB, y mucho menos Gregorio L. El panteón decadente vende su memoria por una mirada ambigua. Los nuevos caudillos maman estas tetas con la envidia de los geniales fantasmas. Entre ellos posa abrazando con delirio la banda presidencial, el pastor de la agricultura educacional, el hermoso DM, posando en el banco cibernético el genio LFR afila sus colmillos sangrantes, desesperados por 4 años más de amor a la patria. Hay una universidad en la lista de los cuerpos desaparecidos sin tirar una bala perdida frente al cementerio académico de la estación Amín Abel Hasbún.

Todavía no desaparecen las siglas de una suma de cloacas partidarias. Casi todos eructan siglas caprichosas para el reparto humanitario. El arco iris desmiente la autenticidad de sus colores. El poder arrastra un pueblo mendigo hacia un paraíso de putrefacción encantador. El amado gigante hostosiano, marxista no leninista, no puede celebrar su propia muerte en paz. Es el Genio cautivo de quienes defienden el derecho a matar, el derecho a ser feliz a costa de los símbolos vacíos.

La sucesión vive del pasado y crea cárceles para celebrar la cultura que no se rompe en pedacitos luminosos. No se puede disentir del rezo erótico. La democracia vende radios que no gritan. El periodismo está en las tinieblas de la obediencia civil. Padece de amnesia digital. El río está en peligro de extinción. También las habichuelas, los sostenes poéticos, el perfume JB, o la escuela JF o las quinielas premiadas, a nombre de los difuntos desaparecidos.

Ahí está la feria seductora de alcobas, el festival del silencio, la cinta cortada, los pantys morados, la pluma de papagayo que nunca fue fuente, el cuento de la mujer de Don Pio. ¿Dónde están estos personajes milagrosos? ¿Quien le otorgó el poder del miedo, la excusa barata para taparse los oídos, para maquillar el andén, el coronel que huye sin un lápiz robado, el juez que nunca libera a los vencidos, la correa sádica, el cigarrillo apagado entre los dedos de un pensador, la gran pose de la oposición de la tercera edad, los hijos de la cuarta, el prostíbulo del color sagrado que más te gusta?

El gran legado es que nadie desafía el silencio. A nadie se le ocurre vomitar sobre las toallas de un orgasmo vendido para iluminar la alfombra roja del crepúsculo interior de los sabios de sobaco. Nadie desafía el derecho a un minuto de pobreza. La cámara de cuenta rompe el ritmo de la lectura anti poética, el piano redentor gime y la hermosa voz infantil siempre le canta al Gran Maestro que se oculta detrás de las tizas mundana, mientras los embajadores invitados pintan una religión para el opio de los tontos y los cónsules inventados por el paraíso juegan monopolio en el exterior del poema.

¿Dónde está el poeta perdido, René del Risco? ¿Dónde está La Joven poesía que se alimentó de Roque Dalton, de Bob Dylan y del gran André Bretón, del Cesar Vallejo que no conoció la cultura pragmática ni el fascismo popular silenciado por la inteligencia que ahora convierte en mercancía el olvido? Falta la calle Pedro Peix y el maquillaje del Maestro Antonio Fernández Spencer; La Sorprendente poesía amurallada en el surrealismo de Altazor, los independientes desaparecidos del Regueton de la libertad.

¿Dónde está la diáspora silente y humillada? Como victoria pírrica, queda la memoria invertebrada de este ilustre despotismo. Las garras del lobo caen airosas en cualquier mesa del billar cultural. Cualquier calle es falsa. Soy un ingrato, un apátrida sin sentido común. Antes de que me den otra pastilla para mi deliciosa invisibilidad, ya tome las precauciones del jaraquiri del poema. Cada vez que regreso quemo una nave de papel higiénico. Cuando abro los ojos, la comedia devora su piel prometeica. No creo en el patriotismo del deber. ¿Para que antologar las mentiras? ¿Se puede soñar en un lugar donde la utopía está en coma? Yo creo que sí. Por favor, para romper la monotonía triunfalista, capen el aburrimiento, poniéndole este espejo tonto a la democracia. Aguardo una jugada infantil para que el verano tenga otra gracia. No me tomen en serio.

Acerca del autor

Tomás Modesto Galán

Tomás Modesto Galán

Escritor dominicano que reside en Nueva York desde 1986. Fue profesor en la UASD antes del 86. Enseña en York College (recinto de Cuny, desde mediados de los 90). Gano el premio de poesía Letras de Ultramar 2014 con su obra poética: Amor en bicicleta y otros poemas.También obtuvo el premio Poeta del año 2015, otorgado por el América 's Poetry Festival de Nueva York. Es el autor de la novela Los Cuentos de Mount Hope, publicada en el 1995.

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