Cultura Nacionales

La narrativa interiorista

Escrito por Debate Plural

Ofelia Berrido (Hoy, 31-12-11)

 

La obra narrativa escrita desde las profundidades del ser es trascendente en cuanto muestra la historia de la humanidad y expone al ser humano en todos sus aspectos y circunstancias penetrando su vida emocional y espiritual en busca de entender la existencia y su lugar en ella.

Como representación es una literatura plena de sentido que presenta al hombre y la mujer en los extremos de la vida, mostrando sus derrotas y victorias; las pasiones y los deseos más destructivos; la decadencia de épocas terribles donde el tiempo se esfumó en un vivir sin sentido; la angustia del ser atado a una existencia dolorosa cargada de sufrimiento; la miseria material y la podredumbre del hombre sin valores; las frustraciones y el horror más desgastante; y por otro lado, el desapego liberador, la felicidad, la paz de la realización y el goce de la plenitud. Las vivencias más brutales y las más sublimes son la materia originaria de estas obras, en las cuales se muestra al hombre y a la mujer cambiando y evolucionando a medida que recorren el camino de la existencia: se trata de la transformación de lo humano. Este tipo de narración también afirma y resalta el poder que tienen el hombre y la mujer para dar un sentido a esa miseria, a ese horror, a ese malestar encontrando una salida, superando la desesperanza con el canto de afirmación de la capacidad que tienen para despertar.

La narrativa interiorista busca en las profundidades del ser y devela todos aquellos secretos ocultos en su interior. Es el resultado de la manifestación plena del escritor en estado creativo, su conciencia y su fragilidad frente a la realidad que le tocó vivir. El quehacer de este tipo de narrativa no es exponer, por muy eficazmente que lo logre, la condición humana sino trascenderla.

En el pasado existieron escritores que abordaron este tipo de literatura; y como ejemplo cito a tres de los más grandes creadores con que ha contado la humanidad: Miguel de Cervantes, San Juan de la Cruz y William Shakespeare; todos representantes del más puro interiorismo aun antes de existir el término lingüístico que creara hace veinte años el forjador del Movimiento Interiorista.

Pero es Bruno Rosario Candelier quien le da sentido a la literatura interior; quien la nombra, quien la describe, define y promueve como una literatura transcendente y con ello describe la imagen propia del interiorismo, su tono, su técnica… en fin, su estética.

Al decir “Narrativa interiorista” por supuesto, hablo del género literario de ficción en prosa, fundamentalmente constituido por la novela y el cuento, pero que incluye la dramaturgia. Sin embargo, es útil recordar que en materia de arte y sobre todo en literatura la teorización es incapaz de describir en toda su magnitud lo que la obra provoca en quien la experimenta; plasmar una obra en palabras que lo envuelvan todo es imposible porque la experiencia sensible, la sorpresa, el goce, la identificación que siente un individuo al leer la obra es privativa e intransferible. Dicho esto, procederé a realizar un desglose del tema.

La “revelación” de una obra de arte sucede de forma casi mágica cuando el escritor percibe el influjo de una fuerza espiritual que lo invade y lo enriquece. Este proceso ocurre en dos vertientes: la obra se abre a quien la escribe durante el proceso de ideación y realización; y a quien la lee en el acto de leer, reflexionar, juzgar y discernir sobre el contenido de la misma y esto incluye el aceptarlo, rechazarlo o hacerlo suyo. La revelación surge del modo como impacta nuestros sentidos y nuestra conciencia. Si la obra tiene calidad, si fue escrita desde lo más profundo del ser, sin miedo a penetrar los recovecos de la mente y el alma: esa será, sin dudas, una obra Interiorista y por tanto ajena a la trivialidad y a lo estéril.

La filosofía de una obra escrita desde el interior del ser se apoya en la metafísica que le permite ver más allá de la forma; en la mística que tiene raíces en la experiencia de unirse al Todo en un estado unitivo; y finalmente, se auxilia del mito que carga en su seno los símbolos, metáforas, imágenes poéticas, símiles y alegorías que contienen todo el conocimiento sagrado de la humanidad.

He de hacer notar, como diría Fritjof Capra que <nos vemos  obligados a usar el lenguaje para comunicar una experiencia intima, cuya propia naturaleza trasciende con mucho el camino de la linguistica>.

La lógica y el razonamiento se ha usado tradicionalmente en la filosofía, pero en el misticismo la realidad experimentada trasciende al lenguaje ordinario; la mística esta fuera del pensamiento lógico y solo aquel que acepte los conceptos que se utilizan para describirla o que la experimente será capaz de entender.

Para el escritor interiorista la obra que escribe está animada por una intención que resulta de una fuerte experiencia íntima que se canaliza como una necesidad imperiosa. Su pluma se manifiesta en el objeto creado guiada por un sentimiento colmado de energía: receptáculo de la abarcadora y misteriosa fuerza que es la belleza.

El narrador percibe los objetos que captan su atención, atesora su valor e impacto inicial, es decir, la emoción y sensación inmediata que le provocan y luego los convierte en forma; en el colorido de las descripciones; en el sonido del ritmo del logos; en ese yo distinto de su yo; el objeto convertido en sujeto en foco de sentimientos y de imágenes con los cuales acoge el llamado de concebirse y concebir el universo.

La función estética inducida por fuerzas ignotas es sin duda la acción fundamental del escritor; ella mora en el acto de la creación y de la recreación.

La obra narrativa interiorista es el resultado de la contemplación sublime de la existencia convertida en historias, en alegorías de lo observado y lo vivido; es imaginar nuevos mundos y recrear el conocido; es darle forma al pensamiento y convertirlo en vientre que albergue en su seno la belleza de la existencia: de la vida y de la muerte, de la tristeza y de la alegría, del cielo y del infierno, en fin, de los opuestos que conforman el Todo…

El autor penetra en la esencia de la vida; descubre la belleza; conoce una realidad diferente de la cotidiana; y se produce un despertar a un nivel de conciencia superior y una descarga de placer, sutil, pero intenso lo penetra y entonces se trasmuta en un goce indescriptible proveniente del contacto con la verdad oculta en la manifestación de la vida.

Veamos lo que dice Teófilo acerca del placer estético en su conversación con Jenócrates en la obra “Jenócrates (o en desagravio de la Estética)” del escritor León David: “….dicho placer no obedece a nuestra voluntad, sino que lo experimentamos cuando nos asalta aquello que lo produce, ya que somos incapaces de imponerle riendas a nuestra manera de sentir.”

La obra interiorista permite al escritor y al lector a partir de su mundo interior precisar el lindero de lo estético y adentrarse en él para conocerse, porque el lenguaje de la estética es el lenguaje universal que permite entender el logos originario de la Gran Creación…

Acerca del autor

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