Cultura Nacionales

El merengue existía antes de nacer Haití

Escrito por Debate Plural

Fernando Casado (Hoy, 31-12-11)

 

La Intelligencia dominicana, inexplicablemente, no estuvo nunca enterada de tan importante referencia histórica. Un acontecimiento medular, claramente identificable y específico, debidamente atestiguado y registrado en voz autorizada del proceso historiográfico antillano. Su presencia definida y notoria integración territorial, denuncian el grado de coherencia y madurez socio-estructural, que apenas a dos siglos del descubrimiento, vertebraban ya el nervio de la criollez depurada, la fortaleza de su ser telúrico, su voz diferenciada y creadora, y el rostro fértil de nuestros perfiles definitorios hacia el futuro.

El hecho de que la publicación de Labat (1722), fuese editada en francés, y tardías traducciones de algunos tomos al inglés, condicionaron la posibilidad de acceso al conocimiento enterado de los dominicanos. Las barreras del idioma y su distancia de siglos, ocultaron, entre nubarrones de alusiones borrosas, la elocuencia cronológica de nuestro Merengue. Luce perceptible un silencio enfermizo de olvido interesado, frente al derecho histórico dominicano.

Fradique Lizardo es quien luce haber estado más cerca del nudo, sin embargo, el haber afincado sus referencias en las cuestionables fuentes haitianas, descalifica la seriedad de las argumentaciones y le hace vulnerable. De hecho, las contaminadas informaciones se vuelven en favor de la historia, a pesar de la candidez de Fradique y sus condicionantes prejuicios de descriollización del Merengue. Estas contradicciones fueron resaltadas por Papito Rivera. Obviamente Fradique desconocía a Labat. Referencias de primera mano, que parecieron deformarse en la trastienda haitiana.

En “El Merengue y la Realidad Existencial del Hombre Dominicano”, Luis Manuel Brito recoge:

“El mismo Lizardo dice que para fines del siglo XVIII llegaron al país miembros de la tribu Bara, de Madagascar, que tienen un baile llamado “m e re n g u e”, el cual se diseminó por Curazao y todo el Caribe. Llegaron a nuestro país miembros de tribus procedentes de lo que hoy es Dahomey, que tiene ritmo muy parecido al nuestro”

“Dice que un investigador serio de nuestro país (que no identifica), logró establecer contactos con gente de Dahomey, quienes intercambiaron sus bailes con la música de nuestro merengue, y después de muchas encuestas le aseguraron que este baile era de ellos y que el movimiento de nuestro pie arrastrado, era debido a la presión de las cadenas en los pies de los esclavos”

“En agosto de 1978 (periódico “Listín Diario”) en una cronología del Merengue, Fradique afirma que durante el período 1631-1700 tuvo origen, según historiadores haitianos, la coreografía del merengue en una danza ejecutada para alegrar a los piratas en la isla La Tortuga, llamada la danza de la pata de palo, por sus movimientos”.

Ninguna de estas informaciones ha sido avalada por referencia alguna de credibilidad responsable. ¿En qué colección roída agonizan estas viscosidades? ¿De cuál relator de mitos? Tendríamos que asumir la respetada palabra de un Fradique permeado, validando comentarios ajenos. Muy a nuestro pesar, no es suficiente. Como verdades históricas, no existen. “MERENGUE” es término del idioma Español. Sería irracional que aquellos que ”a mediados del siglo XVIII llegaron al país… miembros de las tribus Bara”, “tuvieran” un “b a i l e” denominado con un nombre EN ESPAÑOL y no con un término de su propio lenguaraje Bara.

La expansión capitalista y contradicciones entre Catolicismo y Protestantismo desbordaron rivalidades y competencias económicas y de poder en la rapacidad europea. La industria azucarera, impuesta salvajemente, manchó la Historia con la herida espantosa de la esclavitud. La Española no alcanzó nunca la dimensión monstruosa que sembró la trata en Haití, Cuba, Puerto Rico, Jamaica, etc., fraguando el destino que hoy hace diferente a la República Dominicana. Los factores que degradaran la humanidad, disfrazando sus argumentos ideológicos, no se enraizaron en la sociedad dominicana.

Nuestro coloniaje y criolléz asumieron ingredientes más nobles. Es mezquindad estúpida perder de vista la histórica creatividad del ser criollo, parte de nuestra naturaleza, desde el instante en que Colón pisara éste Mundo.

¿Con cuales instrumentos tocaban los Bara o los dahomeyanos? ¿Güiro, tambora, cuatro? El origen descarta el “güiro”. “Tambora y Cuatro”, son del español. Habrá que profundizar en el ignorado “TAMBORIL TENERIFEÑO”, exactamente igual a nuestra “tambora”, de ejecución similar con un solo palito y la incisiva introducción canaria en nuestra Española.

A diferencia de las primeras guitarras que recibimos con la Conquista, conformadas de tres cuerdas dobles y una prima, existía entre los negros, una primitiva “efpece de guitarre” de cuatro cuerdas (¿Banza?), que junto a la “YAG UA N A” aborigen’ ’, evolucionarían hacia el “Tres”. El dato ha sido manejado por doña Flérida de Nolásco. Labat escribe:

Les Negres Mines danfent en tournant en rond, le vifage hors du cercle qu`ils décrivent…. Ils joüent prefque tous d`une efpece de guitarre, qui eft faite d`une de callebaffe couverte d`un cuir raclé en forme de parchemin, avec un manche affez long. Ils n`y mettent que quatre cordes de foye ou de pitte, ou de boyaux d`oifeaux fechez, & enfuite préparez avec de l`huile de Palama Chrifti. Ces cordes font élevees d`un bon pouce au-deffus de la peau qui couvre la callebaffe, par le moyen d`un chevalet. Ils en joüent en pincant, & leurs accords peu fuivis. Il y a cepedant des gens qui aftiment cette harmonie autant que celle des païfans Efpagnols & Italient qui ont tous des guitarres, & en jouent tres-mal. Je ne fcai s`ils ont raifon. (Vol. II, p. 53)

Los negros Mina, iniciaron su fuga hacia el lado nuestro desde 1677. Primero escaparon 12. No fueron devueltos. Un año después eran 50. Fueron agrupados cerca de la Capital, perpetuando su nombre tribal, e integrando los entusiasmos de su cultura. Tulio M. Cestero, en “La Sangre”, recoge:

“Por las que remedan a los negros Mina, que en las Pascuas del Espíritu Santo venían desde su aldea fluminense de San Lorenzo a bailar sus Tangos Africanos al Son de los cañutos, compuesta de parejas distinguidas que sobre tallos de caña brava bailaban con elegancia”

Que bailaran sus alegrías, bien, pero… ¿“Bailaban” su apocalipsis aquellos esclavos engrillados? ¿Con qué música? ¿En qué permisivo calabozo? ¿Fantasmas por parejas? ¿Quién fue testigo de ello? ¿Y en aquella borrachera asexual de prostíbulo vagabundero del bandidaje tortuguero, la pretendida “coreografía del Merengue”, también usaba el término, EN ESPAÑOL, “según historiadores h a i t i a n o s”? ¿Cuáles “histor iadores”? ¿Porqué no “meringue”, sino MERENGUE? En 1631 Louis XIII no había autorizado la importación de esclavos a Saint Domingue. Imposible concreción cultural alguna en aquel siglo siguiente (XVIII), desbordado de bestialidad, crueldades y resentimientos animálicos primitivos, incubadores de la hecatombe francesa y la tragedia alucinada del aborto haitiano. La frase de Labat, es un callejón sin salida que pesa como sentencia inevitable. No hay como desmontar la palabra “MERENGUE” de la Historia, que no sea…el silencio.

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Comentario

  • Buenos días, no se si sus escritos obedecen la realidad, mucho menos los pongo por duda, pero me parecen muy interesante y si cierto son, me arrojan luz; agradezco tu tan gentil y enconada investigación.

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