Nacionales Sociedad

¡Caamaño llamó a El Caribe…!

Francisco Alberto Caamaño
Francisco Alberto Caamaño
Escrito por Debate Plural
Tony Raful (Listin, 23-4-13)

Las toneladas de mentiras y distorsiones enviadas por el embajador Tappley Bennet sobre las “atrocidades” cometidas por los constitucionalistas, así como el supuesto control de los comunistas a partir de la batalla del puente Duarte la tarde del 27 de abril de 1965, enviadas al Presidente Johnson, pidiendo la intervención militar norteamericana,( fusilamientos de connotadas figuras públicas que en realidad gozaban de buena salud, violaciones de monjas, asaltos a la propiedad privada, desembarco del Che Guevara en un submarino con cientos de soldados cubanos, etc.) llevaron al mandatario estadounidense a ordenar una acción de la cual se arrepentiría posteriormente, al conocerse la falsedad de las informaciones, pretendiendo buscar una solución negociada con Bosch (la fórmula Guzmán). El embajador William Tappley Bennet, arruinó su carrera diplomática y fue objeto de burla por sus exageradas  versiones de parte de  la prensa y medios de los Estados Unidos.

El primero de mayo de 1965, Fidel Castro, en un discurso pronunciado con motivo del día de los trabajadores, se refirió a la crisis dominicana, haciendo hincapié en la falsedad de la acusación de comunista que se le había endilgado al movimiento constitucionalista, señalando que no podía ser comunista un movimiento cuya demanda principal era el retorno de Juan Bosch al poder en Santo Domingo, ya que Bosch no era, no había sido nunca y no sería jamás comunista, aunque, añadió Castro, que con lo que, le acababa de pasar, uno no sabía si podía llegar a cambiar. Castro destacó que no podía ser comunista la revolución constitucionalista ya que la principal figura militar lo era el general Miguel Ángel Ramírez Alcántara, reconocido anticomunista. Fidel confundió el nombre del coronel Miguel Ángel Hernando Ramírez, principal vocero militar del movimiento en ausencia del coronel Fernández Dominguez, con el nombre  del general Miguel Ángel Ramírez Alcántara, gran luchador anti trujillista, quien vivió en Cuba, a quien Trujillo intentó matar varias veces, y por quien, entre otras razones, se disgustó con su aliado el presidente Castillo Armas, al pedirle que se lo entregara y éste no acceder a su petición.  Ramírez vivía en Guatemala y fue sorprendido por los acontecimientos que en 1954 depusieron  al presidente Arbenz (Trujillo conjuntamente con la CIA había logrado instalar en el poder a Carlos Castillo Armas).

Ninguno de los oficiales constitucionalistas era comunista ni tenía la menor simpatía por el comunismo, y ninguno de los militares que lograron derrotar a las tropas del general Wessin, habría permitido compartir la dirección del mando militar con los comunistas, incluido Caamaño  en esa coyuntura histórica. La revolución de abril  estimuló los valores patrióticos de la nacionalidad dominicana, y la necesidad de rectificar históricamente la asonada golpista, que destrozó nuestra joven democracia el 25 de septiembre de 1963.

El periódico “El Caribe”, en su última edición durante el conflicto, de fecha 28 de abril de 1965, en horas tempranas de la mañana, en un recuadro en ‘’negrita’’, en la portada, señalaba que un oficial que se identificó como el coronel Francisco Caamaño Deñó, se había comunicado en la noche del 27 de abril, con la redacción del diario para asegurar, que los constitucionalistas tenían el control completo de la ciudad de Santo Domingo y el apoyo de los cuarteles militares del interior, luego de haber derrotado a las tropas de San Isidro, en la batalla del puente Duarte. La teoría del caos incoada por el embajador Bennett, hubo de quedar anulada por la declaración ofrecida por el coronel Caamaño. Había desde la noche del 27 de abril de 1965 una autoridad militar responsable que anunció garantías, orden y control democrático de la revolución para reponer a Bosch y la Constitución del 63. Pero  al embajador Tappley Bennet no le interesó reportar ni conocer la declaración de Caamaño, siguió repitiendo sus   fábulas  y ficciones perjudicando a su país, colocándolo en la picota del desprestigio de su política internacional. No digo que en los combates de la tarde del 27 de abril de 1965, no hubo comunistas, pero aseguro rotundamente, que ninguno de ellos participó del mando militar de la batalla, que ninguno de ellos controló ni dirigió esa pelea de militares, endosada por el pueblo humilde y anónimo, en su casi totalidad, de inequívoco origen, simpatía y adhesión a Bosch y al PRD.

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