Cultura Nacionales

El Caribe, entorno cultural de Santo Domingo

Escrito por Debate Plural

Marcio Veloz Maggiolo (Listin, 13-1-17) 

 

Como un espacio que no sólo abarca las Antillas, sino también toda la costa centroamericana desde las Guayanas hasta Belice, el Caribe es quizás una de las zonas de mayor mestizaje en el mundo. Sus características geográficas promovieron, desde un principio, gracias a las cercanías de las islas, un poblamiento prehistórico temprano, ya que desde el 7000 antes de Cristo, hubo habitantes en la isla de Trinidad y a partir del 4000 antes de Cristo, los hubo en las Antillas Mayores.

La isla de Santo Domingo no escapa, desde su más antiguo pasado, de las influencias de un mestizaje que pude analizarse como elemento migratorio casi permanente. Mucho antes de la llegada del europeo culturas tempranas, procedentes de lugares posiblemente centroamericanos y de la desembocadura del rio Orinoco., terminaron mezclándose, para generar los primeros pasos de una hibridación que continuaría hasta la llegada de los primeros agricultores antillanos. Esas mezclas están dadas por las evidencias de los sitios arqueológicos estudiados.

Estas primeras ocupaciones isleñas, y muy especialmente en Cuba y Santo Domingo se ubican desde el años cuatro mil antes de nuestra era el actual Haití, (3700 antes de Cristo, y en la costa suroeste de la lo que es hoy la República Dominicana (2600 antes de Cristo). Los modelos de ocupación, debido al intercambio de artefactos y las sugerencias de las formas de artefactos usados revelan acuerdos ya tempranos hacia el año 1500 antes de Cristo. Estamos hablando de un primer y tempranero mestizaje que enriquece a estas culturas recolectoras. Hacia el año 500 antes de Cristo, agricultores de varias etnias arahuacas comienzan a invadir las Antillas desde el arco sur de las islas menores, y penetran hibridándose parte con los viejos habitantes iniciales y luego con nuevos agricultores que fluyen hasta quizás el siglo X, cuando culturas como las llamadas “saladoides”, “ostionoides”, meillacoides y otras, se mezclan, hasta generar formas de alfarería que se revelan finalmente en la llamada cultura “taína”. Los taínos son en verdad una bien equilibrada mezcla de culturas agrícolas anteriores, de las cuales heredan experiencias y modelos o modos de vida. Vale entonces repetir siempre que así como las islas del Caribe fueron en su historia más reciente un laboratorio de orden cultural, donde el mestizaje es una característica fundamental, lo fue, según la arqueología, en su largo trayecto prehistórico. Vale decir que el Caribe moderno, iniciado por los europeos cuando por vez primera las naves de Colón llegan a las islas Lacayas, todavía no alcanza la edad y el tiempo que se revelan desde el 4000 al 500 antes de Cristo, lo que implica que durante 3500 años hubo un laboratorio de experiencias isleñas más dilatado en edad y en quehaceres humanos, que el que va de 1492 al presente. La visión de un Caribe salvaje, arcaico y atrasado, no se compadece con las formas culturales que supervivieron a su modo y se mestizaron manteniendo vigentes los procesos culturales que los europeos encuentran aun en ebullición en las grandes y pequeñas islas, y en las costas de parte de Venezuela, las Guayanas y el norte de Colombia y Centroamérica, espacio que los antropólogos han llamado “Caribe ribereño”.

Es la llegada del europeo la que genera un proceso de cambio social que conforma el nuevo perfi l mestizo del Caribe. En el momento de la llegada de los españoles, los isleños habían mezclado sus culturas al punto de que sobre la matriz arahuaca, mantenían relaciones con procesos de navegación amplios, que nos hablan de contactos y migraciones relacionables con sociedades en desarrollo. Los taínos, (siglo X al XVI) infl uyeron notablemente en islas cercanas, y vale recordar que los remanentes de las primeras sociedades llegadas durante el 4000 antes de Cristo a las grandes islas, fueron absorbidos y asimilados, muy posiblemente por las culturas agricultoras que secuencialmente fueron ocupando, con otro modo de vida, como lo es al aldeano, los lugares más productivos de cara al manejo de los ecosistemas isleños mismos.

Durante su prehistoria, el Caribe fue más homogéneo que durante la presencia fragmentadora de Europa.

La cultura española primero, desde el fi nal del siglo XV hasta el XIX, y luego las culturas europeas que durante el siglo XVII iniciaron una colonización basada en la esclavitud, sustentaron la base de un Caribe que se hizo mestizo por razones del capitalismo en cierne y que gracias a la presencia de esclavos de muy diversas etnias, modifi caría su composición racial en principio referida a blanco, indio y negro para generar nuevas integraciones en las cuales las culturas europeas, indígenas y africanas, coincidieron incorporando nuevos valores culturales en mezcla orientada por las formas de subsistencia y trabajo, diferentes de las formas y los valores originales traídos por el africano, el propio europeo y los aportados por las culturas aborígenes.

Se ha dicho que el Caribe es a la vez que unitario, plural. Se trata de que el sistema esclavista europeo conformaría un área de explotación industrial que hizo del europeo un propietario con una visión capitalista explotadora de los recursos humanos forzados basándose en lo que se ha llamado sistema de plantación.

II

En lo cultural, los elementos musicales del negro africano cambiaron el panorama, los juegos y las diversiones. Mientras los colonizadores mantenían vigentes las festividades calendáricas, católicas o ligadas a las metrópolis, en las cuales los instrumentos eran de origen europeo, los esclavos usaron sus instrumentos percusivos como tambores, claves, cajas sonoras, hierros o cencerros, produciendo ritmos que pronto fueron adoptados por la población pobre, y por los trabajadores, compartiendo un mestizaje que ya en el siglo XVIII había incorporado parte del instrumental europeo a la música sincopada de los esclavos y sus descendientes. En tal sentido la pandereta española, la guitarra, la bandola, la gu¨ira africana, los diversos tipos de tambores o palos, conformaron la base musical popular del Caribe, elemento que sin dudas es el de mayor relieve en cuanto a la identificación de lo caribeño. La llamada gayumba, instrumento monocorde de origen congo, se cita como presente en algunos grupos africanos tempranos. Estas festividades, a partir del siglo XVIII fueron llamadas fandangos, y en los cronistas franceses como Moreau de Saint Mery y Lemmonier de Delafosse, se describen las características híbridas, criollas, la presencia de blancos, mulatos y negros en el baile, y las evidencias del uso de estos instrumentos citados en la parte española de la isla de Santo Domingo. La sociedad llamada criolla se constituye en torno a valores propios, mestizos o mezclados, surgidos de las necesidades de la vida cotidiana.

En el fondo de los modos de vida del Caribe rural persiste la presencia africana y el mestizaje musical prevalece como una modalidad de la cultura. En el caso dominicano, como apuntara Hugo Tolentino ( ) la pobreza, la falta de desarrollo rural y urbano al final del siglo XVI y durante todo el siglo XVII y la primera parte del XVIII, obligaría a los habitantes ya muy mestizados, a resolver su cultura mediante creaciones propias, ligadas a una dieta de orden local, al uso de ideas nuevas producto de los modos de trabajo y la concepción religiosa adaptada desde los viejos moldes de las cofradías.

Un elemento que caracteriza al Caribe es el colorido de sus expresiones culturales. Este colorido es producto de la hibridación y del desarrollo de las festividades, tanto católicas y cristianas como las de origen africano.

En la cultura popular son fundamentales los mitos incorporados a la religiosidad popular y se concreta en las mascaradas y creaciones de este tipo, que aunque provenientes originalmente de los países europeos, cambiaron sus fi sonomías y formas carnavalescas incorporando la visión de lo criollo, la creatividad como forma de expresión diferente, producto de esa mezcla de valores que incluyen modos de supervivencia, alimentación, formas de vivienda y modelos de rebeldía y momentos bélicos.

Montado sobre la tradición bélica colonial, rodeado de fortines, conventos, iglesias e historias palaciegas, el Caribe se expresa actualmente en migraciones casi permanentes y en emigraciones que hacen que más del 20 por ciento de su población actual se ubique en EEUU y otros puntos del universo.

( ) Tardíamente, y durante el siglo XIX, proyectos como el del canal de Panamá trajeron a las costas del Caribe a otras poblaciones negras portadoras de una gran tradición musical, ya vigente en Jamaica y las islas inglesas de donde procedieron muchos de estos obreros asalariados de las compañías constructoras.

Pasó lo mismo en la costa del Pacífi co costarricense, en donde sociedades negras obreras, pero de origen caribeño, se abrieron paso.

En Cuba yucatecos y chinos, contratados a fi nales del siglo XIX para el trabajo del azúcar, conformaron, lo mismo que los haitianos que huyeron de las plantaciones francesas conjuntamente con sus amos a principios del XIX, una importante contribución a la cultura cotidiana en las Antillas. El obrerismo de la plantación ha engrosado, en el caso de la cultura dominicana, las expresiones culturales que a través de los bateyes de los ingenios de azúcar se expresa con infl uencia haitiana como parte de rituales que incluyen el gagá, mientras que el vudú se puede ubicar en puntos importantes de la nación con características haitiano-dominicanas. La rumba cubana por ejemplo, utiliza todavía la llamada trompeta china, mestizaje que incorpora a la música un elemento milenario de orden oriental, con su sonido agudo, común en los carnavales de Santiago de Cuba. En las Guayanas, a las poblaciones negras se unen, lo mismo que en Trinidad y Tobago, poblaciones hindúes. La transformación de Trinidad, en un importante puerto con refi nería petrolera, y muelles de transporte, atrajo grandes comunidades hindúes en el momento en que la India era gobernada por los ingleses, produciéndose migraciones importantes desde los inicios del siglo XX. La música popular, sostenida por el uso de tanques de acero y contenedores de petróleo, trabajados para sacarles sonidos especiales, aporta un nuevo instrumental local, industrial, al ritmo del Caribe con las diversas formas de steel band. Permanentemente el Caribe produce formas de diversa musicalidad. Lo español está vigente en mucha de la música cubana, o venezolana; en parte de la música dominicana, en la de Puerto Rico, donde ritmos como el de la bomba, destacan la permanencia de lo africano. Ahí están las fulías margariteñas, o en el caso cubano las guajiras y la décimas, y en el dominicano la criolla y la media tuna, esta última desconocida fuera del ámbito dominicano, como el sarambo y el carabiné.

Acerca del autor

Debate Plural

Un medio independiente, libre, plural, sin ataduras con empresas o gobiernos; buscando el desarrollo de una conciencia critica, y la verdad que subyace en el correr de la vida nacional e internacional para el empoderamiento del pueblo dominicano en relación con las luchas y reivindicaciones económicas y sociales fundamentales

Dejar un comentario