Cultura Sociedad

478 aniversario: Por una UASD nacional y autónoma

Escrito por Debate Plural

Jesús de la Rosa (El Universitario, 0ctubre 2016)

 

Mediante la Bula In Apostolatus Culmine expedida en Roma el 28 de octubre de 1538, Su Santidad el Papa Pablo III elevó a la categoría de Universidad el Estudio General Santo Tomás de Aquino que regenteaban los religiosos dominicos del Real Convento de La Española, bautizándola con el nombre de Universidad de Santo Domingo (Universitas Santo Dominici). Se trataba del primer establecimiento de educación superior fundado en el Nuevo Mundo. Le siguieron las Universidades de San Marcos de Lima y México, fundadas ambas en 1551, la primera por Real Cédula del Emperador Carlos V, confirmada por su Santidad Pío V por Breve Exposición Novis Niper, promulgado en Roma el 25 de julio de 1571. En tanto que la segunda lo fue por Cédula Real del Príncipe Felipe, fechada en Toro, España, el 21 de septiembre de 1551 y confirmada por Su Santidad el Papa Clemente VI por intercesión de la Bula Ex Supernae Dispositionis Arbitrio, del 7 de octubre de 1595. Esas fundaciones de universidades se llevaron a cabo cuando en Europa no había sino 16 universidades y ninguna en lo que hoy constituye el territorio de los Estados Unidos de América. Vale la pena apuntar que en la época en que fue fundada la célebre Universidad de Harvard, a principios del Siglo XVII, la América española ya contaba con 13 universidades que llegaron a 31 a principios de las guerras de independencia.

Como veremos a continuación, la Bula In Apostolatus Culmine, documento fundacional de la Universidad de Santo Domingo, ha sido muy discutida. Historiadores peruanos y mexicanos, interesados en reclamar en beneficio de su país de origen el mérito de haberse fundado la primera Universidad del Nuevo Mundo dentro de sus límites geográficos, en su oportunidad negaron la autenticidad y pusieron en tela de juicio el valor jurídico de dicho pliego. ¿Qué motivo tales negativas? Ocurrió que el original de la Bula fundacional de la Universidad de Santo Domingo se perdió cuando la tripulación de los buques del Corsario inglés Francis Drake incendió la biblioteca y los archivos del Real Convento de los Dominicos de La Española, sede de la Universidad Primada, destruyéndose en ese siniestro miles de valiosos documentos históricos. Cuando el emperador Napoleón Bonaparte ordenó el traslado de los tomos de las Bulas del Archivo Vaticano hacia Roma, se extraviaron varios tomos, entre ellos, el tomo en que se hallaba la copia directa y primigenia del documento fundacional de la Universidad Primada, la Bula In Apostolatus Culmine. Y no fue sino hasta principios del decenio de 1950 que llegó la solución, gracias a los trabajos de investigación llevados a cabo por el historiador dominico de la Universidad de Salamanca presbítero Vicente Beltrán de Heredia y por el historiador dominicano César Herrera.
El primero encontró en el Archivo Vaticano, en el Inventario de Bulas Perpetuas de Pablo III, la partida o registro correspondiente a la Bula In Apostolatus Culmine y la suplicatoria (solicitud) de los dominicos para obtener la Bula erectora que elevaba a la categoría de Universidad su Estudio General, prueba irrefutable de que la misma había sido aprobada y despachada por Su Santidad Pablo III. El segundo localizó en el Archivo General de Indias la copia legalizada más antigua de la referida Bula “con su sello de plomo pendiente de sus hilos de seda cadarzo y amarilla con ciertas firmas”. Esos hallazgos debieron poner punto final a la controversia entre las universidades de Santo Domingo, Lima y México por la primacía fundacional universitarias de América. Pero, no fue así.

Otros de los ataques lanzados contra la autenticidad y valor jurídico de la Bula fundacional de la Universidad de Santo Domingo fue el de su carencia de pase regio. O sea, dado el caso de que el citado documento hubiese existido, sus efectos jurídicos serían nulos. Al respecto, la historiadora española Sor Águeda María Rodríguez Cruz, en la página 10 y siguientes de su ensayo La Bula In Apostolatus Culmine Erectora de la Universidad de Santo Domingo Primada de América, expresa lo siguiente: “Hay que tener muy en cuenta que según Las Partidas del Rey Sabio, entonces vigente en todo el Imperio español, el Estudio General o Universidad lo podía establecer tanto el Papa como el Emperador y el Rey (Partida II, título 31 de la Ley de las Siete Partidas, edición de la Real Academia Española de la Historia) Así la Bula de fundación de la Universidad de Alcalá tampoco fue pasada por el Consejo y nadie por ello ha puesto en duda su legitimidad, y precisamente conforme a ella se fundó la de Santo Domingo. Lo mismo podemos decir con respecto a la Universidad de Osuma y otras. Con la llegada al trono de Felipe II empieza a cundir el espíritu centralista, que da lugar a una mayor intervención del Consejo de Indias en la vida universitaria; pero esto no había ocurrido en el reinado anterior y no hay por qué aplicar a Indias lo que todavía no se había establecido en España. Tampoco se puede pensar que los dominicos ocultaron la tramitación de la Bula. Si no solicitaron primeramente la licencia del emperador, aparte de ser tradicional en la Orden de recurrir primero a los superiores religiosos, luego a la Santa Sede y por último a la autoridad civil, tenían delante de los ojos la experiencia de los infructuosos intentos de Fuenleal y Gorjón, que hasta entonces no habían conseguido la facultad para erigir el Estudio que habían solicitado” Encontrada la solicitud y el registro de la aprobación y despacho de la Bula In Apostolatus Culmine, tenemos un antecedente y un consiguiente irrebatible acerca de la historicidad y autenticidad del documento fundacional de la Pontificia y Real Universidad Autónoma de Santo Domingo, mejor conocida por sus siglas UASD.
Al realizarse la ocupación francesa, mediante el Tratado de Basilea, por el cual España le cedió a Francia la parte española de la isla de Santo Domingo, se extingue la Real y Pontificia Universidad de Santo Domingo, volviendo a surgir en 1815 bajo el rectorado del doctor José Núñez de Cáceres. En 1823, nuevamente se cierra la Universidad Primada por obra de la ocupación haitiana. En junio de 1859, el presidente Pedro Santana promulga la ley que restablece la antigua Universidad de Santo Domingo. Pero, lamentablemente dicho edicto no llegó a materializarse. La Universidad Primada continuó cerrada. Finalizada la Guerra de la Restauración, en 1866 se establece en Santo Domingo el Instituto Profesional debido a las diligencias desplegadas por José Gabriel García y Emiliano Tejera. En 1914, por Decreto del Gobierno Provisional del doctor Ramón Báez y refrendado por el Ministro de Justicia y de Instrucción Pública, se declara al Instituto Profesional oficialmente transformado y constituido en Universidad de Santo Domingo. Hasta el día de hoy.
Con una población de más de 200 mil estudiantes, atendidos por 2,636 catedráticos y presente en 21 de las 31 provincias que tiene el país, la Universidad Autónoma de Santo Domingo dispone de una oferta curricular amplísima: 113 carreras de grado; 43 programas de especialidad; 62 de maestrías y 11 de doctorados. Y para orgullo nuestro, la UASD ocupa, según el ranking de la Web Matric, un lugar en el primer cuartil entre 20 mil universidades de todo el mundo, y el primer lugar entre las instituciones dominicanas de educación superior.

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