Nacionales Sociedad

Haciendo memoria sobre la izquierda en República Dominicana (III)

Fidelio Despradel
Escrito por Debate Plural

Fidelio Despradel, historia de una vida

 

Angela Peña (Hoy, 26-5-12)

 

El ahijado predilecto de Trujillo, quien lo bautizó junto a la primera dama María Martínez y le regaló la única bicicleta de su vida, pudo haber llevado una privilegiada existencia social y económica pero prefirió enfrentar muy joven el régimen de su padrino y transitar, después, el camino de la izquierda que no ha abandonado pese a la crisis del marxismo-leninismo y el derrumbe de la ideología socialista. Porque además, Fidelio Arturo Despradel Roque era el hijo de Arturo Despradel, uno de los más importantes funcionarios de “la Era” y este vástago apuesto, inteligente, versátil, asistía a fiestas infantiles de Angelita y Ramfis y compartía con los hijos de la oligarquía económica, como los Cabral, Bermúdez, Vitienes, Armenteros, Troncoso, Cáceres, Bonetti.

Pero mientras el ambiente le favorecía por el lado paterno en esa niñez que no eligió, por el materno percibía movimientos extraños que su mente no descubría hasta que murió la abuela “Nenita” y el tío Ricardo Roque, que llevaba cuatro años oculto y perseguido porque los Roque Martínez eran todos opositores a Trujillo, le contó la verdad del trujillato opresivo, asesino. Fidelio contaba 13 años y recibió su primer choque de lo que no se daba cuenta en la cotidianidad de su infancia feliz, maroteando en las polvorientas calles de Gazcue, cazando lagartos en las cuevas de Santa Ana, montando patines, formando pandillas. Jugaba basquetbol, tenis, pingpong, practicaba pesca submarina y en todas esas disciplinas fue campeón, miembro de la selección nacional.

“No repudiaba a la oligarquía, me desenvuelvo bien con ellos, contrario a algunos izquierdistas que adquieren una radicalidad que yo nunca he tenido”, confiesa.

No obstante, rechazaba por instinto el Santo Domingo Country Club y se refugiaba en “El Golfito”, de jóvenes de clase media. Asimismo, desechó el colegio De La Salle y fue a hacer estudios secundarios en el “Luis Muñoz Rivera”, los que concluyó en “La Normal Presidente Trujillo”, a la que acudía -sin necesidad- en una guagua de dos pisos.

“Desde niño tengo una inclinación de tipo social”, manifiesta, sin poder explicar por qué en ese tiempo supo hacer valoraciones de esos centros de enseñanza que formaron su carácter inquieto, sensible, insurrecto.

Estudiando primaria en el colegio “Santa Teresita”, de sus tías Lourdes y Minetta Roque, soñaba con “aventuras justicieras” y en octavo formó una unidad con Carlos Obregón, George Percival, Wilfredo Nadal, para defender causas dignas.

Cuando concluyó el bachillerato en ciencias físicas y matemáticas, ya sus mejores amigos eran antitrujillistas: Tony Barreiro, Pichi Mella, Asdrúbal Domínguez, Pilón Pacheco, Gustavo (Papi) Tolentino, “Avivato”. “Hablábamos mal de Trujillo, comentábamos lo que pasaba fuera, oíamos Radio Rebelde”.

Eran fidelistas, ateos y gozaban con los fracasos de los norteamericanos. Por descuido de los centinelas de un hospital vieron expedicionarios de 1959 masacrados, amarrados a las camas, revividos para volver a matarlos, y este cuadro unido a la muerte de Abelardo, el secretario del tío Ricardo al que sumergieron en un tanque de agua hasta que murió en el “Padre Billini”, le marcaron para siempre y despertaron su rebeldía.

De entonces, pocos conocen la vida personal de “Ye yo”, “El Fiebrú” o “El Camello”, como le llamaban por su característico caminar que tantas dificultades le creó con los organismos de seguridad del Estado. Cuando regresó del exilio después de deportado por su participación en las guerrillas de Manolo Tavárez Justo, vino como un profesor holandés de 38 años –teniendo 23-, con bombín y espejuelos de aumento, paraguas y un inmenso abrigo que debía ocultar sus largas piernas.

Protagonista central. Nació en “Ciudad Trujillo” el tres de julio de 1937, hijo de Fidelio Arturo Despradel Pennelel y María Cristina Roque Martínez. Es el segundo de los hermanos Carmen Elisa Despradel Imbert, Carlos Roberto, Carmen Cristina (Kanki), Martha Amalia y Luis Enrique Despradel Roque.

El padre se casó dos veces antes de conocer a la hermosa madre de Fidelio, tan bella que Trujillo la pretendía en su soltería.

Fidelio, que agregaba a su atractivo físico y temperamento afable un carro “Fiat” de cuatro puertas que adquirió con sus trabajos en “Sal y Yeso Dominicano” como ayudante de contable; vendedor de motocicletas y vehículos en “Técnica, C. por A”, de los D’Alessandro y siendo subcontratista de Luis Bonet en alcantarillas y acueductos, vivió relaciones amorosas intensas hasta los 21 años, pero nunca salió con dos mujeres a la vez, asegura, lo que incomodaba a muchos “disolutos” izquierdistas que no lo concebían.

El 18 de mayo de 1962 se casó en New York con Olga García, madre de sus hijos Fidelio Arturo, Manuel Aurelio (Manolo) y Mónika. Divorciado después de 27 años de matrimonio, se casó con Scherezade Vicioso (Chiqui) con quien lleva unido 26.

En 1959 cayó preso y quedaron truncos en el quinto año sus estudios de arquitectura. Luego de masacrado y golpeado, atado desnudo a un árbol, fue puesto en libertad y ahí inició un antitrujillismo militante en el 14 de Junio. Planificó asilos, preparó atentados para matar a Trujillo y toda su escolta, conspiró con valor y persistencia hasta que salió del país.

Entre exilios, cárcel, clandestinidad, entrenamientos, formación de partidos socialistas, este instructor teórico y práctico de generaciones ha sido protagonista central en todas las acciones que ha planificado.

Posee gran capacidad conspirativa y de formación de cuadros, fue diligente en delicadas misiones que asignaron líderes como Manolo y Francisco Caamaño, con quien acordó la resistencia armada de su desembarco. Es experto conciliador y certero manejador de armas, como lo demostró en la Guerra de Abril de 1965.

De excelente memoria, es un cautivante expositor de fluida comunicación que conoce interioridades de la guerrilla de Caracoles, la llegada de Toribio Peña Jaquez al que ocultó y preparó la rueda de prensa que anunció su presencia en Santo Domingo.

Fue Gerardo, Arturo, Fernando, cuando se retiró a Villalobos como obrero agrícola para reflexionar en torno a su accionar tras la impactante muerte del Che Guevara.

La caída de muchos estremece a este archivo humano que ha sido candidato a senador y a la vicepresidencia de la República y hoy considera la primera “un error político grave”. Pocos secretos, estrategias, “comunistas” del patio escapan al conocimiento de este editor y pirata de libros para la causa, acusado y calumniado por compañeros y escritores. Recuperado de una delicada cirugía, ha vuelto a la política, el campo, la campaña electoral en “Alianza País”. No se rinde. Y cuenta el discurrir de esa izquierda en la que ha visto a tantos camaradas abandonar la lucha para servir sus propios intereses.

Él es firme. Y tiene una virtud poco común en la izquierda criolla: no habla mal de ninguno. Al definir una situación de crisis manifiesta: “Teníamos que luchar para aunar a los socialistas de la República Dominicana, pero casi todos se separaron de nosotros. Desertaron, eran socialistas de palabra, pero los que quedamos seguimos con ímpetu. Nuestras posiciones crecieron, pero la Unión Soviética entraba en declinación, la revolución nicaragüense comenzó a involucionar, los cubanos ya no tenían la fuerza suficiente, vino el colapso del socialismo y nos enfrentó un grupo trotskista que nos quitó los mejores hombres, que son hoy día mis hermanos”.

Acerca del autor

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