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Las aventuras de Mark Twain

Mark Twain
Escrito por Debate Plural

José Rafael Lantigua, ex ministro de cultura República Dominicana (D. Libre, 12-9-15) 

 

No hay personaje cuya vida me apasione más que Mark Twain. Sus dos obras más célebres: “Las aventuras de Tom Sawyer” y “Las aventuras de Huckleberry Finn”, son piezas inolvidables de mis primeras lectorías. Acabo de caer en la cuenta de que en noviembre próximo se cumplen 180 años de su nacimiento y hoy he querido recordar con unos breves apuntes a quien es reconocido como una de las figuras fundadoras de la literatura norteamericana (el principal, según William Faulkner), junto a Herman Melville, Edgar Allan Poe, Nathaniel Hawthorne y Henry David Thoreau.

Inicio por donde debo. Samuel Langhorne Clemens, que era su nombre real, nació y vivió en Missouri que, para la época, era un estado esclavista. Uno de los doce que existían en la entonces Unión norteamericana. Samuel tiene contacto desde muy pequeño con la servidumbre a que estaban sometidos los negros esclavos. La esclavitud la conoció en su propia familia, pues uno de sus tíos era “dueño” de veinte hombres obligados al trabajo forzado y en muy precarias condiciones de vida. En un pasaje de su autobiografía Mark Twain anota: “Recuerdo vivamente haber visto una docena de hombres y mujeres negros encadenados uno a otro, tendidos formando un grupo sobre el pavimento, esperando a que les embarcaran al mercado de esclavos del sur. Eran las caras más tristes que jamás he visto”.

Luego de una vida inicial holgada, con la muerte de su padre comienza una etapa de pobreza y Samuel, con quince años de edad, se ve obligado a sobrevivir con distintos oficios, entre los cuales deben destacarse dos que lo han de ligar, junto a sus vivencias infantiles, con su posterior carrera literaria: tipógrafo en diarios de Nueva York, Filadelfia, St. Luis y Cincinnati, y articulista en el pequeño periódico de su pueblo. Su formación intelectual la adquiere de forma autodidacta, pasando todas las tardes que pudo en la biblioteca pública.

¿Cuándo desaparece Samuel Clemens y comienza Mark Twain? Cuando el primero tiene veintiocho años. Pero, antes de llevar el seudónimo más célebre de la literatura universal, utilizó otros de corte humorístico que iba abandonando una vez entendía que cumplían su objetivo de zaherir a las personalidades de quienes se burlaba, como cuando escribió una vez con el sobrenombre de Thomas Jefferson Snodgrass (que quiere decir patán analfabeto). El humor y su vida alrededor del río Misisipi serán elementos que marcarían la obra literaria de este gran escritor. “Mark Twain” significaba en la jerga de los marineros con quienes se vinculó por largo tiempo como piloto de barcos “Marca dos”, grito de los que sondaban el agua refiriéndose a las dos brazas de profundidad que se requerían para navegar sin dificultades. De modo que no solo en sus narraciones sino en la utilización de este seudónimo Twain manifestaba su vinculación con el río y la actividad que marcó su infancia.

Algún estudioso de la obra de Mark Twain afirma que al crear este seudónimo Samuel Clemens se libera de su historial como periodista y que aunque, como sabemos, sus libros más famosos están moldeados por sus recuerdos de infancia, también es cierto que se inventó muchos pasajes, nombres y situaciones, haciendo uso de la licencia narrativa que empleó con entera libertad y sin condicionamientos de ningún tipo. Por eso, a Twain se le recuerda como el creador de “la gran mitología de la niñez perdida de Estados Unidos”.

Establecido en Nevada (escribió sus dos libros principales en Nueva York), Mark huye a California cuando a causa de una falsa acusación un compañero periodista lo reta a un duelo, que era cosa común en esa época. Ya se había escapado antes de la guerra civil, luego de vestir el uniforme de los estados confederados, de modo que esta es la segunda. “Desapruebo por completo los duelos. Los considero insensatos y sé que son peligrosos… Si un hombre me retara, me lo llevaría amable y conciliadoramente de la mano, lo conduciría a un lugar retirado y lo mataría”, escribió entonces.

Tiene treinta años cuando le llega el éxito literario con su primer libro, un cuentecito fantástico donde desgrana el humor que luego caracterizaría toda su obra: “La célebre rana saltarina del Condado de Calaveras”. Apenas dos años después de que surgiera Mark Twain como nombre literario y ya comienza a convertirse en una celebridad en todo Estados Unidos. Inicia entonces su amplia tournée como conferencista, que es una tradición muy británica y norteamericana: la de que una personalidad famosa se planta frente a un auditorio para hablar de lo que más le convenga y la gente paga por ello. Vive entonces de este oficio que es una consecuencia de la reputación que le ha otorgado su literatura. Chesterton y Oscar Wilde hicieron también mucho dinero dictando conferencias. Hizo giras como charlista por Londres, Alemania, Austria, Australia, India, Sudáfrica y, por supuesto, por todos los estados de Norteamérica. “Por lo que nos transmiten los testimonios, Twain se metía fácilmente en el bolsillo a los auditorios con su inteligentísimo sentido del humor, complementado con una incongruente cara de póquer, impertérrita”, dice uno de sus biógrafos.

Políticamente, Twain mantuvo líneas de pensamiento muy coherentes contra la esclavitud, el racismo, la crueldad con los animales y el afán expansionista de Estados Unidos, a un nivel de que llegó a ser vicepresidente de la Liga Antiimperialista Norteamericana (sin mucho éxito, como habremos de comprobar hoy). Favorecía el sufragio femenino y era medularmente antireligioso. A pesar de las famas de sus dos libros más emblemáticos, el de mayor venta mientras vivió fue “Inocentes en el extranjero”, uno de los libros de viajes más leídos en la historia de la literatura. La inmortalidad le llega por las aventuras de Tom Sawyer y las de Huckleberry Finn, y aunque el primero es un libro básico en la lectura de la obra de Twain, la crítica siempre ha estimado que el segundo es mucho mejor. Tom es “un himno a la vida, una afirmación de alegría por el hecho de existir y respirar y ser libre a pesar de todas las coacciones sociales”, según Joan Solé. Huckleberry acentúa la vitalidad de la novela primera y Twain utiliza aquí un registro diferente en su cursor narrativo. Anoto algo que muchos desconocen: Huckleberry Finn ha sufrido censura en Estados Unidos, incluso en nuestros tiempos, porque se ha considerado que Twain plantea con mucha crudeza el racismo y la esclavitud y que en la obra escribe más de doscientas veces la palabra nigger, que es “negro” en tono despectivo e insultante. Pero, algunos críticos han señalado que esa censura es un acto de hipocresía, pues lo que ha hecho Twain es dar a conocer las lacras sociales de su tiempo y defender a las personas que vivían en la marginalidad. Habría que recordar a Ernest Hemingway quien afirmaba que toda la literatura estadounidense proviene de Huckleberry Finn: “La escritura norteamericana viene de aquí. No hay nada antes. No ha habido nada tan bueno después”. T. S. Elliot celebró también esta novela, colocando a Huck como una figura de la ficción que debe estar junto a Ulises, Fausto, Don Quijote, Don Juan y Hamlet.

Twain escribió una autobiografía que vino a publicarse en 2010, porque él dejó dispuesto testamentariamente que no se diese a conocer hasta cien años después de su muerte, ocurrida en 1910. De manera que, por esta razón, Twain es el único escritor en la historia universal que ha tenido superventas con sus libros en tres siglos distintos. Tuvo dos muertes: una ficticia y otra real. La primera la anunció equivocadamente un periódico y él le envió al diario un telegrama que decía: “La noticia sobre mi muerte se ha exagerado mucho”. La segunda, la vaticinó él mismo. Nació cuando hacía dos semanas que el cometa Halley se había dejado ver en el firmamento. En 1909 hizo publicar esta declaración: “Llegué con el cometa Halley en 1835. Va a volver el año que viene, y creo que me voy a ir con él. Será la decepción más grande de mi vida si no me voy con el cometa Halley. El Todopoderoso ha dicho, sin duda: He aquí a estos dos bichos raros inexplicables; llegaron juntos y deben irse juntos”. En efecto, Mark Twain murió el día siguiente del paso del cometa Halley, el 21 de abril de 1910. Tenía setenta y cuatro años.

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