Nacionales Sociedad

Ciudadanía, memoria e identidad

Fachada Fortaleza Ozama
Escrito por Debate Plural

Amparo Chantada (Hoy, 19-4-11) 

 

A propósito del puerto de Santo Domingo y la Muralla Trujillo, en esta ciudad, se sufre más que en otras: aquí no somos ciudadanos, no se  informa, no se discute. Una minoría intenta  imponer un modelo de  ciudad  y asi su modelo de sociedad, cueste lo que cueste.

Antecedentes.  En 1989, graduamos  un grupo de arquitectos en la Universidad Autónoma  (UASD)que sustentaron una tesis muy vanguardista  porque en esos años, no se hablaba de “planificación para la zona colonial (ovandina)”. La tesis convertía  la ciudad ovandina  en una autentica zona cultural rescatando con vida y espíritu  todas sus edificaciones para un uso democrático.

Patrimonio Nacional. La ciudad de Santo Domingo  es Primada en todas sus obras civiles, militares y religiosas que son sus atractivos actuales. En ella se “leen” casi todos los episodios de su corta historia: desde la ocupación haitiana, la vida Republicana, la ocupación norteamericana del 16 hasta la era llamada de Trujillo (1930-1961). Una presencia inequívoca: el puerto.

El puerto de Santo Domingo sufrió como el resto de la ciudad altibajos  durante toda su historia, puerto principal de la ciudad ovandina fue objeto de saqueos, despoblación y  perdió supremacía en el siglo XIX. La primera intervención USA en el país  revirtió  esa situación, cuando a partir de un sistema vial de tres ejes que   concentró todos los poderes en la ciudad capital, en particular con la administración de las Aduanas.  En esos años  el puerto estaba formado por un antiquísimo pequeño muelle dentro del estuario, a continuación del fuerte de San Diego, de las Atarazanas y del mercado de  Santa Bárbara (cerca del antiguo mercado de esclavos).

Horacio Vásquez  trató de construir un nuevo puerto; se consultó al gobierno francés, que encargó al ingeniero Etienne Morrell de los estudios, pero éste concluyó que era imposible. El mandatario insistió y contrató una compañía americana para que arreglara el puerto existente. La supervisión y el estudio fueron confiados a la firma C. E. Young Co.  establecida en New York y adjudicados en pública subasta a los señores González y Ferrer. Finalmente fue al ingeniero  Félix Benítez Rexach, de Puerto Rico, a quien se le ofreció hacer el puerto nuevo. Inicio las obras con su dinero propio y se dice que el caudillo logró que se rebajaran ocho millones de pesos al costo de la obra. (Según memoria oral del Contralmirante de Windt recogidas en una entrevista).

Podemos afirmar con seguridad que la reconstrucción y modernización del puerto en la era de Trujillo,  con las construcciones anexas,  constituyen la  obra  mas imponente de nuestra memoria histórica y de la ingeniería civil del país. No se puede perder de vista que  la reconstrucción de Ciudad Trujillo representó una hazaña única en la historia del pueblo dominicano, por la magnitud del fenómeno atmosférico llamado Ciclon San Zenón que dejó un saldo de veinte mil heridos, cuatro mil quinientos muertos y veinticinco millones de pesos en pérdidas materiales  en tan solo,  una  hora y media de azote del ciclón. Se procede entonces a la  reconstrucción de la ciudad y del puerto  el 9 de mayo de 1935.

Trujillo pensó reconstruir un puerto a su imagen que le permitiera transformar Santo Domingo en un importante punto comercial en el Caribe,  mar y ruta que se abría al comercio internacional con la inauguración reciente del Canal de Panamá y el relanzamiento de la economía de Estados Unidos después la gran depresión. Trujillo no escatimo esfuerzos ni recursos para la modernización de todas las infraestructuras civiles y la adecuación de la desembocadura del río Ozama para la entrada de barcos y barcazas de gran calado. No solo mando  a realizar  el dragado del puerto, sino también la construcción  de  dos rompeolas, de un  edificio de  aduanas y del lado oriental, la construcción de un club que representaron para ese momento  una costosísima inversión que soportó el pueblo dominicano, que, además, debía reconstruir  sus viviendas, sus calles y avenidas.

La construcción de la muralla tiene varias lecturas: proteger la vieja y colonial fortaleza  Ozama, prevenir derrumbes posibles, simbólicamente hacerla impugnable, un desafío frente a la historia trágica de la ciudad de Santo Domingo, también la muralla proyecta fuerza, grandeza, voluntad y solidez solo comparables con las cualidades que proyectaba Trujillo frente al espectáculo desolador de las ruinas de la ciudad.  No se puede descartar tampoco que  Benítez Rexach   recordara aquel tsunami que hundió el acorazado Memphis frente al Placer de los Estudios, en 1916. La muralla entonces  protegería la ciudad ovandina y su farallón  de los embates de un mar enfurecido.

Las Obras del Puerto de Ciudad Trujillo.  Trujillo  encomendó a Benitez Rexah la construcción de dos rompeolas, de un muelle, de nuevas aduanas, del dragado del puerto (ya que el San Zenón había rellenado el puerto),  de un club en Sans Souci para oficiales y  la construcción de una avenida en todo el borde del mar, (que mediría 3,572 pies de largo y 20 pies de ancho), que era el inicio del Malecón, además de dos depósitos de acero y hormigón. Los dos rompeolas se convirtieron en un trabajo titánico debido a las dificultades. La Inauguración de las obras  tendría lugar el 15 de agosto de ese año. Pocos días después, la ciudad de Santo Domingo cambiaba de nombre para llamarse Ciudad Trujillo.

¿Por qué demoler la muralla?  La muralla es “invisible”, la ciudadanía no la conoce, nada se hace en ella, no fomenta  proceso alguno de ciudadanización, los carros la circunvalan indiferentes. ¿Por qué destruirla si se sabe que cuesta mucho hacerlo, que puede ser incorporada a un recorrido histórico, sabiendo que protege el farallón? Existe en el país, una batalla por ganar,que consiste en demostrar que todas las obras en el espacio cumplen  funciones, simbólicas y no, participan de la construcción de la identidad, la formación de una memoria individual y colectiva,  y la consolidación de la ciudadanía. Destruir edificios es destruir memorias e identidades, es hacer perder hitos de la infancia, que nunca permitirán a las personas reconstruir su pasado,  reinventarse, re- imaginar situaciones porque perder hitos es perder el hilo que se construye con la identidad, la memoria y la imaginación.

¿Porque destruir espacios? Todos tienen su importancia en el tiempo, en el espacio, en la construcción de la idea de Nación.

¿A quien molesta esas murallas? A quienes tienen un proyecto de ciudad diferente en sus escritorios como era la fabricación de un nuevo sky line, con una isla artificial frente a las murallas centenarias.

Costos de la demolición. Según, una experta en restauración de monumentos,  los costos de demolición serían altísimos y arriesgados por las explosiones de dinamita y  las sacudidas a las antiguas y preciadas obras de Ovando.

¿Qué proponía la tesis  de los arquitectos  Elizabeth Chia, Socorro Rodríguez, Memphis Díaz y Marco Olmos?  Proponía transformar  la parte ovandina en espacios de cultura, diferenciados, con espacios de esparcimiento, de congregación de la familia, de áreas educativas y culturales como teatro y el fomento de todas las artes. Reconstituciones  históricas  en el Alcazar de Colón con un entorno acondicionado en anfiteatro ;  en el Museo de las Casas Reales:  un Museo  de la ciudad ovandina y en la Fortaleza Ozama: un Museo de la Marina recuperando el paseo de vigilia que se transformaba en paseo por su vista al mar y al río Ozama, con la parte interior  transformada en anfiteatro con reconstitución histórica y  por fin  revivir las Atarazanas, reconstruyendo episodios de su vida útil.

Todas esas obras con la  peatonizacion de toda la zona para mas silencio y menos contaminación ambiental.

A modo de conclusión  La ciudad es espíritu, vida, recuerdos, el ayer y el hoy, es subjetividad, es materialidad sobre todo, es construcción colectiva, todos hacemos la ciudad, entre todos, sin conocernos, a distancia y sin comunicarnos. El resultado es de nosotros, calles, callejones, escalinatas, puentes, murallas y fuertes, son partes de nosotros, con ellos hemos crecido y con ellos nos gustaría poder contar partes de nuestras vidas. La ciudad es un espacio memoria colectiva, del Conde a la Fortaleza Ozama, desde la cabeza del Puente a Ciudad Nueva, al cementerio.

La identidad es memoria, la memoria visual, espacial, social que siempre es histórica.  ¿Por qué ese empecinamiento por des-construir la ciudad,  quitarnos pedazos de nuestra memoria? Borrar espacios es borrar vidas a esa pobre ciudadanía a quien se le amputa su ciudad.

La recuperación de la memoria contenida en los centros históricos pasa por un proceso de formación de ciudadanía por ser el sujeto de esa apropiación. Tumbar la muralla Trujillo es secuestrar la memoria del pueblo, amputarla. La muralla encierra cuidadosamente a su gente, es vida todavía y debemos a toda costa, hacerla querer: detrás de esa Muralla, late el corazón de la dominicanidad, por descubrir.

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