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Juan Montalvo y Francisco Caamaño

Caamaño
Escrito por Debate Plural

Hamlet Hermann (Hoy, 16-1-11)

 

Pocas actividades intelectuales ofrecen tantas oportunidades de asombro como la investigación histórica. Reconstruir hechos pasados manteniendo la objetividad es una búsqueda incansable que genera un constante flujo de sorpresas como nunca imaginamos al comenzar.

Desde muchos meses atrás, he tratado de reconstruir las vivencias de Francisco Caamaño Deñó durante su exilio forzado en Europa entre enero de 1966 y octubre de 1967. La bibliografía es escasa y los recuerdos de quienes vivieron esa época en torno a Caamaño se han empañado. El rompecabezas es complicado y la difícil búsqueda de datos y documentos tiene que ser minuciosamente ampliada.

Desempolvando gavetas, apareció de la manera más casual una carta enviada por el padre Juan Montalvo Arzeno, S.J., a su amigo y colega José Luis Alemán, el 21 de abril de 1966. En esta, Montalvo narraba la entrevista que sostuviera en Londres con el coronel Caamaño durante cinco horas, cuatro de ellas completamente a solas. Pocas veces descubre uno aspectos tan interesantes como los que nos ofrece este jesuita sobre la personalidad del líder constitucionalista.

En uno de los párrafos dice: “Caamaño es ciertísimamente un hombre valiente y hasta un cierto punto bastante sincero; no creo que sea fundamentalmente un hombre de mala voluntad. Es naturalmente inteligente, aunque no ha cultivado para nada el campo de los principios. Y la prueba de esto es que captaba con rapidez todo lo que se le decía.

El hecho de haber jugado y estar jugando actualmente un papel político importante durante su “Presidencia” le hizo madurar mucho. Actualmente está estudiando y leyendo bastante: lee mucho The Economist, por ejemplo (me lo dijo él y me lo dijeron por otro lado). Parece que la estadía aquí le está haciendo un gran bien; me dijo que ahora era por primera vez cuando él realmente había caído en la cuenta de qué era lo que estaba pasando y de qué era todo lo que podía pasar. Parece que políticamente está muy bien dirigido”.

Una de las sorpresas de Montalvo tiene que ver con la visión de Caamaño en torno a la religión. Dice el jesuita: “Respecto a la Iglesia, él está muy conforme con el Nuncio (Clarizio); han terminado muy amigos, sobre todo a partir de la postura revolucionaria que te decía antes ha tomado el Nuncio en los últimos meses. Me alabó mucho la labor que hicieron los tres S.J. (jesuitas) que estuvieron en la zona; yo sé que él los admira de verdad. Incluso me contó un par de incidentes en que él se reía y me daba a entender que una que otra vez se pasaron de la raya. En cambio, esto me enteré por otro lado, su juicio del clero dominicano es más bien pobre; aunque él dice que todo se comprende”.

Completaba el criterio sobre Caamaño y el clero al contar la anécdota con monseñor Emmanuelle Clarizio durante la crisis dominicana de 1965. Decía Montalvo: “Me dijo que en una ocasión el Nuncio quiso presionarlo a que firmara la paz; al ver que no podía le dijo violentamente que si no firmaba lo iba a excomulgar. Caamaño respondió furioso: “Mire, piense bien antes de dar ese paso; pues si usted me excomulga a mí me hará un daño irremediable y no sólo a mí, sino a todos estos hombres que están luchando aquí dentro conmigo. Dice que al otro día el Nuncio vino y le pidió perdón. La cosa es que lo que valía y lo que fundamentalmente vale para él es lo que él juzga recto; el criterio de la Iglesia es válido sólo hasta cierto punto, aunque él se considera católico. Fue cierto que se confesó a las 11:30 de la noche y comulgó a continuación con el padre Gómez la noche antes de dar el golpe de Estado. También es cierto que hizo los cursillos de cristiandad y que debido a ello se casó por la Iglesia con la mujer con quien vivía”.

Evidentemente, el exilio forzado de Caamaño en Europa es, todavía, una caja de sorpresas que sólo una búsqueda incesante e incansable puede ayudarnos a entenderlo para poder recrear objetivamente la personalidad del héroe nacional.

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