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Las Matas, junio de 1930: ¡Crimen espantoso!

Crimen espantoso
Escrito por Debate Plural

José A. Núñez (Hoy, 17-12-10) 

 

Los crímenes del pasado, crímenes espantosos y ya olvidados; hay que recordarlos para que no se olviden. Virgilio Martínez Reina era un líder político, de profundos arraigos en el Cibao. Él había ocupado un ministerio, en el gobierno de puesto de Horacio Vásquez. Gubernamental caída, donde el principal culpable se cobijaba bajo el techo de la mansión presidencial. En puridad de rea1idad, con todo lo del “Movimiento Cívico” y con todo lo del “cuentazo” del Manifiesto de Hoyo de Lima, detrás de todo estaba el astuto simulador que era el brigadier de San Cristóbal.

Los golpistas de Santiago marcharon sobre la Capital y la hubieran pasado mal, porque en la carretera Duarte, al frente de un contingente de soldados, estaba el coronel José Alfonseca que los iba a recibir a tiros. Pero el golpista principal, el brigadier Trujillo fue advertido. Y rápidamente reemplazó a Alfonseca por el coronel Simón Díaz, que dejó pasar sin novedad la Caravana de Camiones cargados de hombres armados, que encabezaban el abogado Rafael Estrella Ureña y su tío José Estre1la, el terrible cojo de La Herradura.

Por su parte el general Desiderio Arias con su “Partido Liberal”, pactó con la “Pantera parda del Kumahón”, que se agazapaba en la Fortaleza Ozama. Decía José Martí, que: “El que muestra rodillas flacas, ya está en la tierra”.

Desiderio pactó con el crimen, y en el 1931 en un vulgar macuto metieron su cercenada cabeza. Horacio Vásquez fue depuesto, resultando tumbado por los golpistas que desde las sombras del terror acaudillaba el brigadier Trujillo.

El pobre don Horacio con doña Trina a su lado, para tomar el sendero turbio del destierro, al barco fueron llevados por dos oficiales de su Cuerpo de Ayudantes que le resultaron fieles. Esos dos oficiales leales fueron Silvio del Prado y Ludovino Fernández Malagón.

“Le coup d’ estat”, el golpe de Estado, resultó una dura y sangrienta realidad. El ex-ministro horacista Virgilio Martínez Reina, en Santiago mantenía incólume su prestigio de líder. Por ese razón corría peligro, mucho peligro. Porque calcularon las mentes cavernarias, que ese honesto hombre podría servir de punto de apoyo, para mover la palanca propulsora de un contra-golpe. Por eso a ese peligroso hombre había que eliminarlo. Así las cosas el primer aviso se lo dieron una noche, unos guardias encabezados por el troglodita cadete Silién. Esa noche lo persiguieron con letales intenciones. Teniendo Martínez Reina que guarecerse en la residencia del ex-general Alfredo María Victoria, que todavía lo tenían como “guapo de verdad”.

Martínez Reina quebrantado de salud decidió irse a residir a San José de Las Matas, y con él a su lado su hermosa esposa Altagracia A1mánzar Fernández.

La señora se encontraba en estado de embarazo y éste que era un viaje de salud, fatalmente se convertiría en un viaje de muerte para los dos. Lo fatal ocurrió la noche del primero de junio de 1930, que era domingo. Apenas tres meses habían transcurrido del “Manifiesto de Hoyo de Lima”, padre funesto del tétrico “Movimiento Cívico”. De noche llegaron a la apacible comunidad de San José de Las Matas dos Carros ocupados por profesionales del crimen. Era una jauría de matones donde sobresaltan los famosos sayones Onofre, Pichilín y Zarzuela. El hogar de los esposos Martínez Reina-Almánzar Fernández fue convertido en una antesala del infierno.

A Martínez Reina lo masacraron a machetazos y a puñaladas. A la brava esposa que como escudo se colocó de1ante de su marido y de frente a los asesinos, la perforaron a balazos. La llevaron a una clínica de Santiago…más todo resultó inútil. Y tal parece que Belcebú quiso que de 1930 a 1961 la nación dominicana se convirtiera en “Trujillolandia”.

Caímos en algo así como el peor de “los círculos” del infierno dantesco de “La Divina Comedia”. Pero honorablemente cuando el Rey Pueblo se sacude: Donde pone la mano rompe un yugo, donde pone la planta hunde un imperio.

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