Cultura Sociedad

El estado negro del maniel de Ocoa

Escrito por Debate Plural

Jean Chasmann Bissainthe (Hoy, 6-8-11)

Por largos tiempos algunos investigadores han indigenizado muchos topónimos de origen africano para ocultar el aporte de los negros en la cultura dominicana. Por ejemplo, las palabras Azua, Ba, Baní, Bayo, Bana, Chenchén, Chinguela, Chacá, Nizao, Maniel y Ocoa, que algunos linguistas creen que son voces taínas, son de origen banmana (bámbara). Uno se pregunta: si los taínos desaparecieron por completo a mediados del siglo XVI, según fray Bartolomé de las Casas y otros cronistas contemporáneos, ¿cómo es posible que se guarden tantos recuerdos de ellos? En lengua bámbara, ba significa padre y serpiente; bana = muerto; bani = muerte; chenchén = dieta alimenticia a base de maíz; chinguela = recipiente en el cual se echa el agua para regar los conucos; chacá = dieta alimenticia a base de maíz; nizao = río de mi preferencia; pokoa = la nueva tinaja o manantial para beber. La tinaja es un utensilio indispensable para esa etnia, así como las máscaras con cuernos. Los animistas bámbara utilizan la tinaja para guardar sus amuletos y venerarlos cada vez que salen y entran en sus chozas.

Abandonaron la región de Tichitt, del actual Sahara, en la parte sureña de Mauritania alrededor de 1,500 años antes de Cristo para establecerse en Malí. Fueron perseguidos por otros grupos de la familia mandé en el siglo XV y luego por las autoridades de los imperios Songhai y Toucouleur. En el siglo XVII, lograron construir en Malí dos reinos rivales: el de Segú en la confluencia de los ríos Níger-Bani y el de Kaarta en el Alto Níger hasta la región de Djenné en Malí.

En diferentes períodos históricos, se reubicaron en Toron, país Ouassoulou de la Costa de Marfil y al sur de Malí, logrando asentarse en las proximidades de los ríos Ní- ger y Bani, donde muchos de ellos fueron devorados por animales anfibios tales como cocodrilos e hipopótamos. Gran parte de los bambara se asentó en los valles del Alto Níger y de Bani y cerca del lago Sahel donde se convirtieron en buenos agricultores y criadores de chivos que les vale aún el apodo «ladrones de chivos y corderos» (C. Montreuil. Les Bambara du Ségou et de Kaarta, Larouse, París, 1924, pp.39-55). La palabra: ban = rechazo o renuncia; mâ = dueño; na = a, por, significa « los que rehúsan obedecer a sus dueños »; mali o mani designa el hipopótamo en lengua bámbara y se refiere mejor al grupo mani (maninka) que a un espacio geográfico. El vocablo «banmana» en sí es de origen peul y significa: «la etnia que reagrupa a los mandinga en el imperio de Malí » .

Los mandinga maninka o manieleros islamizados desde el Continente africano a través de sus vínculos comerciales con los árabes, se establecieron en las lomas de Ocoa desde el siglo XVI. Sin embargo, la construcción de un verdadero Estado negro en ese lugar debió iniciarse a principio del siglo XVII después de la destitución del gobernador Antonio de Osorio en 1610. Ese Estado duró hasta el año 1667 cuando el capitán Juan Villalobos y sus tropas penetraron en la zona para capturar a sus habitantes y acaparar de sus bienes, bajo el pretexto de que los rebeldes tenían relaciones clandestinas con piratas franceses e ingleses en las costas de Azua. Hoy en día, la loma Mahoma y el río Mahomita son gentilicios que hablan de la presencia de los mandinga malinké y banmana en Ocoa.

Sin embargo, los manieleros resistieron la cruzada española y los nuevos habitantes de Ocoa y sus proximidades mantienen aún esa tradición de rebeldía arraigada desde tiempos coloniales. Los descendientes de canarios, árabes e italianos prolongan esa herencia con el tiempo al hacerlo parte de su inconsciente colectivo. Se espera que algún día, en el pueblo de Ocoa, se levantará un busto en honor al cimarrón desconocido.

La palabra ocoa se escribe pokoa en lengua bámbara y se pronuncia «okoa» porque la «p» es prácticamente silente ante la «o», lo mismo sucede en español con la «p» antes la «s» en psicología, psique, psiquiatría, entre otras. El intelectual Ahassan Sissoko, muy versado en bámbara antigua, asegura que ésta evoluciona bastante, por lo que la juventud de su país desconoce hoy la existencia de muchas palabras añejas. Por su lado, el historiador Arturo Peña Battle señala en su ensayo: «Orígenes del Estado Haitiano» sobre la presencia predominante de los mandingo y bantúes en Santo Domingo sin aportar ninguna precisión de origen y de período. (Peña Batlle. Orígenes del Estado Haitiano, Ediciones Librería La Trinitaria, 2004, p. 61). Toda la región sureña adentro, desde Azua, cruzando por Neiba y llegando a Jimaní los dominicanos tienen en su dieta alimenticia la comida preferida de los bámbara que son el chacá y el chenchén. El chenchén era antiguamente llamado chèchè o achèchè. Otro dato interesante es que Sabana Buey, el último pueblo ubicado al suroeste de Baní, viene de Sa Bana Bâ en lengua banbara (bámbara). La «sa» puede ser utilizada como un adjetivo demostrativo o un artículo, según su posición en la frase y el contexto. La «Bâ» se pronuncia como «Bè» y significa cabras en bámbara.

Eso hace creer que Sabana Buey, que hasta ahora ningún investigador ha podido determinar su verdadera procedencia, es una deformación de «Sa Bana Bâ» que significa «matadero de chivos». El apelativo Bana por sí solo quiere decir muerto o cadáver en lengua bámbara. Antiguamente la palabra «matadero» era también «sa kayor» que es hoy «bagan fâyoro».

Todavía los habitantes de Sabana Buey se dedican a la crianza caprina a gran escala. Todos los malíes o maníes (manieleros) hablan bámbara porque es una lengua comercial desde la Edad Moderna y también oficial, conjuntamente con el francés desde el siglo XIX. Inconforme con la vida cimarrona de los manieleros, el arzobispo de Santo Domingo, Domingo Francisco de la Cueva Maldonado, propuso al gobernador Bernardino de Meneses Bracamonte y Zapata el envío de una carta a los líderes manieleros para que instruyeran a sus habitantes que abandonaran la vida cimarrona y que integraran los pueblos cercanos donde se pondrían sacerdotes para evangelizarlos y autoridades para impartir justicia. Los manieleros rechazaron esas propuestas. Al agotar su paciencia, la Real Audiencia de Santo Domingo decidió utilizar un método macabro para desalojarlos, solicitando el concurso del capitán Juan de Villalobos y de sus tropas especializadas en artillería, secuestros y espionaje desde Veracruz, México.

Un informe dirigido al Rey por el arzobispo de Santo Domingo Francisco de la Cueva Maldonado en 1662 soslaya: «Las Sierras del Maniel eran el abrigo de todos los esclavos fugitivos, donde hacían vida libre, cuatro pueblos formados con seiscientas familias y pasando de mil personas en totalidad. Gobernaban la comunidad negros ladinos. Como armas usaban flechas y espadas anchas cortas que hacían con hierro y acero que compraban a los negros de la ciudad de Santo Domingo.

Cultivaban la tierra; poseían carnes y frutas en abundancia; recogían tomines de oro en los ríos con lo que compraban ropa para vestir, bebida y otras cosas necesarias. Si alguno cometía delito grave lo desempeñaban y si se les huía no estaban tranquilos hasta que los encontraban y mataban. Algunos de esos negros eran católicos, ponían cruces en sus casas, rezaban el padrenuestro y el avemaría, pero cometían errores de idolatría». (Larrazábal Blanco, 1998, p. 147).

Los piratas españoles utizaban armas sofisticadas para atacar las comunidades negras de Ocoa. La destrucción del Estado Maniel en 1667 se hizo con varios propósitos: vengarse de sus líderes, capturar la máxima cantidad de habitantes posibles y apropiarse de sus bienes (oro, armas, cultivos y ganado). Los manieleros habían acumulado grandes cantidades de oro, y después de un siglo de su derrota, se hablaba todavía de criadores de oro en las lomas ocoeñas «mucho y muy granado», al decir de don Juan Nieto Valcarcel en 1774. (Ortiz Read, 1986, p. 40).

La expedición de De Villalobos, compuesta de mercenarios adiestrados, duró dos largos años (1666-1667) para poder desarticular el Estado del Maniel, el que tenía una compleja forma de organización económica, política y social.

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