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Desdicha llega a los Román Fernández

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Escrito por Debate Plural

Angela Peña (Hoy, 18-6-11) 

La desdicha se trasladó a los hogares de los Román Fernández con el suicidio de Ramón H. y el Consejo de Guerra y la condena de todo el gabinete a su hermano, José René, al que despojaron  de sus condecoraciones y compararon con Judas. “No era posible imaginar  que entre aquellos comensales (que compartían con “el insigne Jefe”) hubiese alguno movido a repetir el caso bíblico de la última cena”, escribieron los funcionarios.

En medio del dolor de estas familias, la OEA conversaba  en la penitenciaría La Victoria con otros 14 implicados en el ajusticiamiento y 32 condenados “por complotar para derrocar al gobierno” en 1960, entre los que se encontraban Manuel  Tavárez Justo, Pedro Antonio González Cruz y Leandro Guzmán, esposos de Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, respectivamente.

Por el “esclarecido” difunto no cesaban misas, horas santas, novenarios, condolencias, poemas y artículos de autores que como Manfredo A. Moore Ramírez no se recuperaban del impacto de la “pérdida”: “Absortos estamos todavía ante la triste realidad. Se anuda la voz en la garganta en este duro trance de amargo desconsuelo”. Salvador Emilio Suazo arrullaba: “Duerme, Jefe querido, / que mientras tu figura de coloso / permanece en reposo; / mientras descansas donde estás, dormido, / por ti velan despiertas, / con las pupilas en un mar de llanto, / pero firmes y alertas, / las multitudes que te amaron tanto…”.

La prensa, al servicio de los residuos del liquidado sátrapa, conmemoraba en reportajes las expediciones de Constanza, Maimón, Estero Hondo y Luperón pero en vez de reconocer a los valientes revolucionarios felicitaban al generalísimo y sus ejércitos que exterminaron a los que  calificaban como  “banda de aventureros y mercenarios”.

A Rafael Batlle Viñas, involucrado en el tiranicidio, Balaguer le canceló los nombramientos de profesor titular y adscrito de la facultad de agronomía y veterinaria de la Universidad, el 15 de junio, la misma fecha en que envió un mensaje a Juan Bosch para que viajara al país  a participar en política.

Al día siguiente se marchó la comisión de la OEA dejando  esperanzas de libertad en Juan Alberto Rincón Jáquez, Salvador y César Augusto Estrella Sahdalá, Manuel Durán, Manuel Tavares, Amado Hermógenes García Pereyra, Marcelino Vélez Santana, Roberto Pastoriza, Rafael Batlle Viñas, Luis Manuel Cáceres Michel, Luis Pedro Taveras Liz, Venancio Alzaga Santidrián, Aníbal Reyes Rodríguez e Hilaria Balbuena, implicados en el trujillicidio.

Entre los prisioneros de 1960 se encontraban Rafael Leónidas Martínez, Rafael Armando Rodríguez Méndez, Rubén Darío Mesa Beltré, Andrés Antonio Acosta Julián, Enrique Curiel Almonte, Rubén Díaz Moreno, Carlos Rafael Ventura Jiminián, Juan Leopoldo Moliné Pichardo, José Enrique Valenzuela Herrera, Marino Enrique Sánchez Córdova, Federico Enrique Michel Carrasco, Jorge César Heyaime de los Santos, Carlos Páez Cid, César Batista Valdez, Abelardo Marchena, Luis René Sánchez Córdova, Luis José Germán Olivier, Alfredo Parra Beato, José Constanza Santana, Bienvenido Antonio Aquino, Miguel Ángel Lama Mitre, Juan José Vargas Evangelista, Mario Emilio Sánchez Córdova, Oscar Arístides Juliao González.

Hugo Leonor Herrera, Ramón Imbert Rainieri (Moncho), Gustavo Adolfo Estévez Cabrera, Julio Raúl Estévez, Hugo Adolfo Rafael Estévez Cabrera, Raúl Cabrera Fernández y Guillermo Valerio Fernández.

Los hermanos Román Fernández. El 13 de junio la Jefatura de Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas declaró que José René Román Fernández  sería sometido ante los tribunales militares acusado “del grave delito de traición”.  El 14 Balaguer canceló sus condecoraciones y el 17 mostraron  indignación “por la infame actitud” del ex secretario de las Fuerzas Armadas, Mélido Marte, Paíno Pichardo, Benjamín Uribe Macías, Porfirio Herrera Báez, José Quezada, Miguel Ángel Jiménez, Armando García Jiménez, Marcial Martínez Larré, Eduardo Read Barreras, Luis Suero, José Antonio Caro Álvarez, Francisco Augusto Lora, José  Sobá, Virgilio Álvarez Pina, Virgilio Álvarez Sánchez, Pedro Pablo Cabral Bermúdez, Manuel Alsina Puello, Silvestre Alba de Moya, Cristiana Peynado de Aybar, Horacio Ortiz Álvarez, Lydia Pichardo Lapeyretta, José Patxot y una docena más de funcionarios.

José René, casado con Mirella García, sobrina de Trujillo, fue juzgado. Había nacido el 21 de mayo de 1911. Se dice que su muerte ocurrió el 12 de octubre de 1961 después  que le introdujeron en la celda caballos salvajes endrogados y hormigas gigantes.

Se afirma que Ramfis le disparó atado a un pino, en Hainamosa. Su cadáver mutilado fue lanzado desde un helicóptero, envuelto en un saco.

Se le acusa de haber ordenado las muertes de Segundo Imbert y Rafael Augusto Sánchez, a quienes sorprendió el ajusticiamiento en prisión, para que no delataran su vinculación. Sus hijos han desmentido el hecho alegando que “Pupo” no tenía “motivo ni poder” para hacerlo y que posiblemente fue una especie que puso a circular Ramfis para enlodar más su imagen.

De Ramón H. Román Fernández,  “Bibín”, apenas se publicaron breves notas del suicidio y del funeral. Había sido detenido el cinco de junio y puesto en libertad el seis. Es obvio que no se dijera que lo tiraron deshecho frente a la casa que compartía con su esposa Martha Piñeiro y su hijo José Ramón, con múltiples heridas, por las torturas. “Se le veían los huecos de las descargas eléctricas”, revela el hijo.

 Los médicos se negaron a auxiliarlo, sólo el doctor Delgado Billini curó sus heridas.

 Nacido el 12 de octubre de 1912, hijo del reputado médico José Miguel Román Soto y de Mercedes Fernández Billini, “Bibín” había trabajado en el Banco de Reservas y en Monte de Piedad de donde renunció y  fue a trabajar con Antonio Najri en “J. M. González”, como gerente de ventas. Ahí estaba el 30 de mayo. Pronto se descubrió su participación en la conjura a la que se unió por vía de su hermano, de Juan Tomás Díaz y de Luis Amiama Tió.

Después del interrogatorio comentó a su hijo: “Esto duele mucho, lo que me hicieron fue desastroso, no lo soportaría otra vez”.

Dijo a Najri que si lo buscaban de nuevo se mataría. El 15 de junio, cuando agentes del SIM se presentaron a su residencia de la Arzobispo Nouel, se disparó en la sien con una pistola calibre 32. El hijo, de 17 años, acababa de asomarse a la habitación para ayudarlo a levantarse cuando éste se quitó la vida. “Tomé el arma, le cargué cinco tiros y salí a enfrentarme con los del SIM” pero un oficial le aconsejó que no lo hiciera, pues ellos eran muchos.

Los Román Piñeiro quedaron con apenas 28 pesos. La casa fue saqueada. “Perdimos todo, no sabíamos si nos levantábamos vivos”, expresa José Ramón. El suicidio de su padre dejó en él una carga tan grande de resentimiento que enfermó. Sanó cuando conoció el valor de perdonar. Su testimonio lo publicó en el libro: “La vida que nace del perdón”.

En La Nación y El Caribe, entretanto, seguían lamentos inspirados hacia “el Jefe”, como el Réquiem  por Trujillo, de Manuel Luna Vásquez pidiendo al Señor: “Haz que suenen las célicas trompetas y se abran los divinos portales, para que entre a las mansiones celestiales, el  Inmortal Padre de la Patria Nueva…”.

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