Nacionales Sociedad

Los canarios y el mulataje dominicano

Mulatos
Escrito por Debate Plural

Jean Ghasmann Bissainthe (Hoy, 27-8-11)

 

La incorporación de los canarios al proceso de formación demográfica de la sociedad dominicana desde finales del siglo XVI representa un hecho histórico de gran trascendencia. Sin embargo, los que migraron en Santo Domingo no constituyeron una población homogénea desde el punto de vista étnico-racial porque eran grupos humanos dotados de valores propios y con perfiles físicos distintos.

Arribaron a Santo Domingo dos grupos de canarios: los de la élite tinerfeña en 1683 con interés de expansión comercial, junto con un grupo de agricultores pobres, y luego en el siglo XVIII, una gran oleada de campesinos y aventureros en búsqueda de oportunidades laborales. Por primera vez, se registra en Santo Domingo entre 1509 y 1538, la presencia de varios centenares de canarios sobre una población migrante de 13,388 individuos. En el año 1523, cien canarios recibieron la orden de la Corona Española para emigrar a Santo Domingo, los cuales se dedicaron como los colonos españoles a la producción ganadera y agrícola en pequeña escala.

El hacendado Melchor de Castro afirmó en 1546 que los negros eran unos 12,000 contra una población blanca que no superaba las 5,000 almas. La población negra iba creciendo en gran proporción por el contrabando, la fuga, la compra y la reproducción, mientras que la producción blanca disminuía día a día. Según un censo publicado el 26 de marzo de 1542 por las autoridades coloniales, había una población esclava de 30,000 negros africanos o más y 6,000 españoles (Moya Pons, 1986, pp. 31-32). Pero el censo publicado en 1606 por el gobernador Antonio de Osorio arroja una cantidad de 4,000 esclavos en el año 1590 y 1,127 vecinos o españoles.

La población negra se había reducido bastante a finales del siglo XVI debido a las enfermedades y la cimarronada. En el mismo período, la mayor población en las Islas Canarias era la tinerfeña, con unos 10,000 habitantes sobre un total de 35,000 en todo el archipiélago atlántico.

Estaba integrada por 2,500 a 3,000 individuos que eran indígenas guanches, bereberes y negros africanos. En menos de cincuenta años, los africanos y europeos controlaban el escenario tinerfeño y de sus relaciones nacieron mulatos, tercerones, cuarterones y quinterones.

Los primeros tinerfeños del siglo XVI son el producto directo de la mezcla tripartita entre la raza indígena, negra y la blanca. Para el inicio del siglo XVII, los indígenas guanches entraban en un proceso de extinción causado por las deportaciones, los asesinatos y las enfermedades. El historiador español Hernández González señala: «En Canarias había a finales del siglo XVII una cierta población esclava y los libertos y mestizos eran numerosos en algunas islas, como en Gran Canaria.

Esta emigración trajo consigo un notable crecimiento de la población blanca o mulata clara que pasó de ser una minoría a superar el 30%. Aunque la emigración financiada por la Corona se paralizó, la no regulada continuó, favorecida por la expansión económica y por los vínculos familiares con los ya arraigados» (Hernández González, M. «La Otra Emigración Canaria a América: negros, mulatos, libres y esclavos (1670-1820)», Revista de Historia Canaria, # 184. La Laguna, 2002, pp. 181-198).

A finales de la década de 1680, la población de Tenerife superaba las 50,000 almas mientras Gran Canaria arrojó una cifra de 22,000 personas, sobre un total de 105,075 individuos para las siete islas canarias. (Aznar Vallejo. Tesis doctoral en Historia: Incorporación de Canarias a Castilla, Universidad de Sevilla, 1982).

El mulataje registrado en Santo Domingo en los siglos XVIII y XIX es en gran medida el producto de Tenerife donde fueron instaladas grandes plantaciones azucareras en los siglos XVI y XVII. En Gran Canaria en particular, donde hubo menos presencia negra, la población era más homogénea.

La gran mayoría de los canarios que arribó a Santo Domingo proviene de Tenerife y una mínima parte de Gran Canaria, por lo que la conformación étnico-racial del pueblo dominicano debe ser estudiada y rastreada en esas dos islas canarias. A finales del siglo XVIII se hablaba en Santo Domingo de la decadencia e impureza de la élite local.

El prelado Sánchez Valverde responde diciendo: «No existe pureza racial en ninguna parte» y «en España hay sangre tan como en cualquier reino. Ninguno ha dejado de mezclar la suya con otros en las varias revoluciones que todas han parecido». Obviamente, los españoles nunca debaten temas raciales por la cantidad de invasiones que ha marcado su historia.

Sánchez Valverde sostiene que: «Es escaso encontrar un solo hombre en las colonias españolas que no tuviera mezcla, y en Santo Domingo existen mulatos que poseen dignidades de primer orden». (Hernández González, 2008, pp. 394-396).

En 1683 desembarcaron a Santo Domingo 108 familias, un total de 543 personas, para construir la villa de San Carlos de Tenerife, en las afueras de la ciudad. Llegaron en condiciones de comerciantes, agricultores, prestamistas y hacendados. (Moya Pons, 1986, p. 33; Hernández González, 2008, pp. 169-170).

Se cree que para el año 1687, otras 97 familias fueron destinadas a poblar a Baní. Desde entonces, la inmigración se paralizó hasta su reanudación en 1725 cuando 78 familias llegaron a Santo Domingo y 40 más en 1737 para repoblar a Puerto Plata.

Citando a Pedro Andrés Pérez Cabral y Domingo Pantaleón Álvarez Abreu quienes publicaron respectivamente «La comunidad mulata» y Compendios de Noticias de la Ysla de Santo Domingo, Moya Pons soslaya: «En un caso como el de la ciudad de Santiago, en 1723, la ciudad de Santiago contaba con 800 familias, en las cuales apenas diez, que no sean de mulatos y negros.

En Santo Domingo, en 1740 en donde los vecinos de ese pueblo son de 1,800, un mayor número de negros y mulatos libres, y esclavos supera los blancos; e igualmente acontecía en Azua cuyo vecindario se componía de 500 personas de ínfima calidad; y en El Seibo y en Higüey, ciudad esta última donde de las 318 personas que había en 1740, habrá entre ellas diez o doce personas blancas y el resto mulatos y negros» (Moya Pons. 1986, p. 103; Hernández González, 2008, p. 340).

El gobernador Francisco Rubio y Peñaranda promovió a partir de los años 1750 la migración canaria en Santo Domingo. En 1751, llegaron 200 familias que fueron enviadas a Puerto Plata y Monte Cristi. En 1756, otro grupo de 60 familias fueron destinadas a Samaná.

En 1761, unas 26 familias fueron colocadas a Azua mientras que en 1763 se esperaba unas 292 familias para ser repartidas en distintos lugares. El nuevo incumbente Manuel de Azlor y Urries solicitó al Rey la paralización de la inmigración canaria en 1764 y autorizó la reubicación de 61familias a Higüey. (Hernández González, 2003, pp. 64-66). Las 781 familias arribadas legalmente a Santo Domingo entre 1683 y 1764 arrojaron la cifra de 3,955 individuos.

Debido a la alta tasa de natalidad y fecundidad de los canarios, la población total alcanzó en 1769 los 70,629 individuos, entre los cuales 8,900 esclavos. (Moya Pons, 1986, p. 48). La élite canaria estaba involucrada en la ganadería, la producción agrícola, el contrabando y se interesó por el prestigio que daba los uniformes y las insignias militares. Logró monopolizar el comercio de mercancías y de alimentos y ocupar funciones de oficiales superiores dentro de la milicia española.

No se identificó como blanca sino canaria porque tenía plena conciencia racial y étnica para luego emprender la guerra en contra de los negros y pardos de las clases inferiores.

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