Economia Nacionales

Suave que me estás matando

Andrés L. Mateo (Hoy, 17-4-13)

 

Cómo leer la práctica del poder con la que Danilo Medina se ha desplegado en los últimos ocho meses en el país? ¿Si miramos la sociedad como un sistema de fuerzas y poderes, valdría la pena preguntarse para quién ha gobernado este hombre taciturno y sereno? Y si la percepción es el dato sobre el que se va a sostener el lenguaje, ¿cómo podríamos definir con palabras este gobierno? ¿No es lo  más digno de dudas su renuncia a la audacia, la muerte dulce de la rutina, el camino fácil de los impuestos y los préstamos, golpeando como un puño invisible a la desvalijada pequeña burguesía dominicana, y a las clases  más desposeídas de la fortuna?

Lo del “Puño invisible” no es una metáfora. Danilo Medina anda saltando charquitos y cruzando alambradas, y es en verdad, su imagen todos los fines de semana, una preciosa noción del alma;  pero en los supermercados, y los colmados de los barrios,  los precios se han duplicado, en algunos casos casi triplicados; las farmacias son  escenarios que te abollan la razón porque el costo de las medicinas te retumba en los tímpanos, y uno sabe si pagar lo que cuesta la receta o dejarse morir, porque la opción de ir a  los hospitales públicos es como arrojarse a uno de los anillos mitológicos del Infierno de Dante. Soy hipertenso, la medicina que compraba costaba ochocientos doce  pesos, después del paquetazo de Danilo pago  mil treinta y tres, dos veces por mes.

La leche en polvo que consumía costaba doscientos sesenta y nueve pesos, su valor ahora es de cuatrocientos sesenta y tres pesos, cuatro veces al mes. Y esto toca a todos los productos de consumo masivo, a los nueve incrementos de la gasolina, y a todo lo  que entra en el circuito de la circulación del mercado. He consultado a seis economistas preguntándoles qué cantidad de dinero adicional hay que sumar al presupuesto familiar después de la Reforma, y dependiendo de lo que perciba el núcleo familiar, el monto se eleva de cuatro a seis mil pesos por familia. Ese “puño invisible” es concreto, y desmonta el precario estado de bienestar que la pequeña burguesía había levantado, y arroja sobre el  asistencialismo a los sectores más empobrecidos.

Lo cierto es que, después que Danilo Medina tomó el poder,  somos más pobres. Y todo tenemos que vivirlo  en clave épica. Por ejemplo, la colocación de mil millones de dólares en bonos en el mercado financiero se ha anunciado como un éxito del país, cuando es una derrota y un compromiso que ata a una deuda cuyo origen es obsceno, a generaciones de dominicanos que no han nacido todavía.

Y si no separáramos el pensar del sentir, pudiéramos afirmar que todo ese sacrificio del paquetazo, los empréstitos que empeñan el futuro de los dominicanos, y la incertidumbre existencial en la que nos hundimos; son más dolorosos porque en rigor se han impuesto para escapar a la realidad del desfalco y la corrupción más burda de toda la historia dominicana, perpetrados por el gobierno anterior de su propio partido.

Es indiscutible que el ejercicio de gobierno de Danilo Medina ha demostrado que el poder real escapa a las reglas del derecho, y que el sistema mismo es una manera de ejercer la violencia, de demostrar las asimetrías de la injusticia de una dominación. De lo contrario, ahora tuviéramos juzgando a los culpables del déficit fiscal, a los corruptos, a los canallas que todavía están con rango de ministros; y observaríamos a las normas jurídicas absorber a las normas morales.

Danilo Medina gobierna sin pretensiones de mirar más atrás (recuérdese: “no tirar piedras hacia atrás”), ni más adentro ni más allá. Su gobierno es una negación de la audacia, ama el glamour del poder, pero rehúye el sueño de una sociedad perfectible. E incluso niega en la práctica de la permisibilidad a la corrupción, el postulado de que el poder debe, por esencia, e idealmente, ejercerse con arreglo a un derecho fundamental (De Carlos Marx a Georges Canguilem, pasando por Habermas, Foucault, Deleuze, Chomsky, y muchos otros, este juicio es un lugar común). Este gobierno es el limbo, mientras golpea.

La pequeña burguesía se ahoga, el pueblo llano se abisma en el asistencialismo; tanto, que se le podría cantar al presidente aquel tierno bolero que decía: “Suave que me estás matando…”.

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Debate Plural

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