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Mujica, hombre sencillo que trabajó para su pueblo y los pueblos de América Latina

Jose Mujica
Escrito por Debate Plural
Tony Raful (Listin, 11-10-16)
 

Ya lo conocíamos, desde aquella leyenda guerrillera urbana, de la cual el profesor Juan Bosch, llegó a decir, que si alguna posibilidad había, aunque remota de conquistar el poder a través del método revolucionario de las armas, en aquel continente que sería devastado por la “Operación Cóndor” y el asalto golpista de los gorilas sudamericanos, era posiblemente los “Tupamaros”. Uruguay, casi la imagen de una Suiza  americana, durante cierto período de tiempo, con una población mayoritariamente urbana, estalló en una resuelta resistencia de los trabajadores cañeros dirigidos por el gran Raúl Sendic, que rápidamente fue apuntalada por la pequeña burguesía citadina uruguaya. Las acciones del “Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros”, fueron ingeniosas, asombraban por su originalidad y además porque durante un tiempo prolongado, se cuidaron de que esas  operaciones armadas degeneraran en sangre. Se decía que los “tupamaros” no asesinaban, no cometían delitos de sangre. Parecían arquitectos de una revolución original, impresionante. Pero luego las cosas cambiaron, empezaron los secuestros, la toma de pequeñas ciudades, que culminaron en pérdidas de vidas y las ejecuciones de los secuestrados. El 31 de julio de 1970, los tupamaros secuestraron a Dan Anthony Mitrione, funcionario norteamericano, que estuvo en Santo Domingo, y a quien se le atribuyó asesoramiento a los cuerpos represivos dominicanos, después de la Revolución de Abril de 1965. La ejecución del señor Mitrione, cambió las reglas de juego (si cabe hablar así) del proceso armado en Uruguay, incrementándose los secuestros y las eliminaciones de los secuestrados, desatándose como contrapartida, una masiva represión que inhabilitó el desarrollo, hasta entonces de la lucha armada política, dirigida a acciones sociales, repartición de bienes, alimentos y  golpes políticos al Estado.

La represión fue brutal, y allí, como segundo hombre de aquel torbellino revolucionario, estuvo José Mujica, quince  años en una mazmorra, resistiendo, hablando con insectos, habilitando el diálogo con otras criaturas marginales, a las que Pepe les dio la palabra del imaginario cautivo. Fidel Castro, a su regreso de la visita al Chile de Allende en  noviembre de 1971, en su paso por Montevideo, días antes de las elecciones presidenciales en Uruguay dijo, que si fuera uruguayo votaría por el Frente Amplio y su candidato presidencial, el general Líber Seregni, quien encabezó una coalición de fuerzas progresistas, que intentaban frenar el despotismo gobernante y participar en elecciones. Era el aparente cambio dramático que se iniciaba en la consecución y lucha por la democracia, y además,  luego del doloroso destino de las proezas históricas del Che Guevara y la apertura, en esos momentos de la “vía pacífica al socialismo”, de Chile. Lo que sobrevendría era inimaginable, el autogolpe del presidente Juan María Bordaberry el 27 de junio de 1973, con los militares,  disolvió las instancias institucionales, las garantías y derechos humanos, pasando Uruguay a ser el eje coordinador de la alianza fascista con Argentina y Paraguay, de las fuerzas represivas y genocidas del continente. Nadie se pudo imaginar que algunas décadas después, este hombre, José Mujica, saldría de la cárcel al Poder; del escarnio, del doloroso suplicio, de las posiciones ideológicas radicales, al solio presidencial de Uruguay, asimilando todas las experiencias políticas y sociales de las luchas democráticas, para ejercer el poder político, con las prendas morales más altas que un gobernante puede exhibir, con la moral y ética, más impresionantes de la vida presidencial en América Latina. Gobernó  el período presidencial 2010-15, con una pulcritud, humildad y consagración de valores, que lo catapultan al más alto sitial de la conciencia americana. Desprecia los honores, la suntuosidad, el lujo, el oro corruptor. Es como si viniera de otro planeta, pero no, viene de las entrañas mismas del pueblo humilde, laborioso, viene de una nación que marcha hacia la construcción de una sociedad de hombres y mujeres libres. Mujica es un ser único en cuanto, su renuncia del pasado como método, no implica el abandono de las utopías, sigue sosteniendo sus ideales, pero dentro de un proceso de madurez política y social, que le ha permitido forjar gestiones y tomar decisiones a favor del pueblo uruguayo, reinterpretando el contexto político, económico y social de la globalización, de las fuerzas desalmadas del mercado, de la lucha por la paz, por las libertades democráticas, para  accionar críticamente y sostener un modelo posible de convivencia, haciendo retroceder las fuerzas de la violencia ciega, del extremismo fascistoide, del saqueo, la explotación y las injusticias sociales.

Un querido amigo, letrado y comunicador eficiente, en aquellos años del protagonismo de los “Tupamaros”, en los cuales se destacaba su eficacia y sus métodos distintos a los otros grupos guerrilleros urbanos, el profesor Apolinar Núñez, que no era ni es político, entonces profesor de la prestigiosa, Universidad Católica Madre y Maestra, publicó su libro de versos irreverentes llamado: “Poemas decididamente fuñones”, y escribió un poema brevísimo que lo decía todo, era su tributo criptográfico desde Santiago de los Caballeros, a Raúl Sendic, a Pepe Mujica o a cualquier hijo de vecino, decía así: “Elogio: Tú eres tupamaro/ tú eres tupamaro…”.

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